El Gobierno de Japón temió el «fin de Tokio» por la radiación de Fukushima
Un hombre observa la zona devastada tras el tsunami. Archivo - reuters

El Gobierno de Japón temió el «fin de Tokio» por la radiación de Fukushima

Tepco, la eléctrica que gestiona la central, quiso retirar a los trabajadores, pero el primer ministro lo impidió y evitó una catástrofe mayor

CORRESPONSAL EN PEKÍN Actualizado:

Un año después del devastador tsunami que arrasó la costa noreste de Japón y causó el accidente en la central nuclear de Fukushima 1, el más grave desde Chernóbil en 1986, empieza a aflorar la verdad de lo que ocurrió aquellos agónicos días.

El Gobierno nipón incluso llegó a temer el «fin de Tokio» por la radiactividad procedente de la siniestrada planta atómica, según desveló el martes un informe elaborado por una comisión independiente de seis expertos que han interrogado a más de 300 personas durante los últimos seis meses.

A la vista de las revelaciones, las conclusiones son espeluznantes. Mientras el portavoz del Ejecutivo, Yukio Edano, comparecía cada día ante la Prensa para calmar a la opinión pública y criticar a quienes hablaban de un Apocalipsis nuclear, en su fuero interno pensaba algo muy distinto. «En mi cabeza, tenía este demoníaco escenario en que si los reactores se fundían en cadena, sería el fin de Tokio», reconoció a los investigadores.

De hecho, el Gobierno encargó un plan secreto que, en el peor de los casos posibles, preveía la evacuación obligatoria de 170 kilómetros alrededor de la central de Fukushima y voluntaria en torno a los 250 kilómetros. Eso habría incluido a Tokio, una megalópolis de 30 millones de habitantes y a otras populosas ciudades como Sendai, con un millón de personas, y Fukushima, con 300.000. Como este caótico escenario, más propio de una película de catástrofes, habría desatado el pánico en Japón, el Ejecutivo optó por no hacerlo público y sólo recientemente ha visto la luz gracias a las filtraciones periodísticas.

A pesar de las críticas a este ocultismo oficial y a algunas decisiones erróneas, el entonces primer ministro, Naoto Kan, no sale mal parado porque fue él quien evitó que Fukushima fuera una catástrofe aún mayor. La situación era tan desesperada que Tepco, la eléctrica que gestiona la central, incluso se planteó retirar a sus trabajadores al considerar que no iban a ser capaces de controlar las fusiones de los reactores y sus consiguientes fugas radiactivas. Pero Naoto Kan le impidió al presidente de Tepco, Masataka Shimizu, dar dicha orden amenazándole con desmembrar la compañía.

«La mayor contribución de Kan es que los 50 de Fukushima –como se denominó a los “héroes” que arriesgaron sus vidas para controlar la planta– se quedaron en sus puestos», explicó el presidente del comité, Koichi Kitazawa.

Con el propósito de aprender al máximo de la catástrofe para evitar que ocurra algo parecido en el futuro, la Fundación Iniciativa para Reconstruir Japón ha recabado la opinión de destacados expertos, ingenieros, periodistas y políticos, al tiempo que ha tenido acceso a los documentos y datos que se manejaron en los días posteriores al fatídico 11 de marzo del año pasado. Sólo la eléctrica Tepco se ha negado a participar en el estudio, que consta de 400 páginas y pone de relieve los errores cometidos para que no se vuelvan a repetir.

A punto de cumplirse el primer aniversario de la tragedia, los 80.000 evacuados que vivían en los 20 kilómetros cerrados en torno a la central de Fukushima empiezan a asumir que jamás volverán a sus hogares por la radiactividad.