Expresidente de ColombiaÁlvaro Uribe: «Los españoles nunca habrían dado a ETA esta impunidad que Santos da a las FARC»

Su país está a un paso de sellar la paz, pero afirma que no le habría gustado ser el presidente que admita la participación

del «mayor cartel de cocaína del mundo» en la vida política colombiana

MadridActualizado:

Álvaro Uribe Vélez, presidente de Colombia entre 2002 y 2010, asegura los suyos «llevan tantos dolores como miles de familias colombianas»: hace 33 años que a su padre lo asesinaron guerrilleros de las FARC. Aunque, «para disipar cualquier duda», subraya que «a pesar de eso participé después como presidente de la comisión de paz de Belisario Betancur en Antioquia (su departamento natal)». Uribe es un feroz detractor del proceso de paz entre el Gobierno Santos y las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), teme que abra las puertas de la impunidad a los delitos de sangre. Cuando ya había terminado la entrevista, quiso recalcar que «los españoles nunca le habrían dado esta impunidad a ETA y hoy avanzan en un país que empieza a gozar de más paz, donde se impuso la autoridad democrática, no la impunidad al terrorismo».

–El próximo 20 de julio previsiblemente el Gobierno de Juan Manuel Santos y las FARC firmarán el acuerdo de paz. ¿Le hubiera gustado ser el presidente que rubricó la paz?

No sé si lo van a firmar ese día, es muy posible. Lo que no me habría gustado es ser el presidente que les dé total impunidad y elegibilidad política a los narcoterroristas, responsables de delitos de lesa humanidad, el mayor cartel de cocaína del mundo, responsable de miles de secuestros, asesinatos, cochesbomba. No irán un día a la cárcel. Imagínense que eso hubiera pasado en España, no lo habrían permitido. Es el peligroso camino de entregarle el país a un grupo narcoterrorista que dice querer aplicar las fracasadas políticas de Chávez en Venezuela.

–Más del 60% de los colombianos aseguran que están hartos de la guerra y votarán «sí» en el referéndum previsto para refrendar el acuerdo de paz. ¿Por qué insiste en el «no», que podría ser una vuelta a las armas?

–Pero además el 70% de los colombianos dicen que no están de acuerdo en que los cabecillas del terrorismo se queden sin cárcel y que les den elegibilidad política. El Gobierno ha abusado de la palabra paz y ha afirmado que los colombianos van a ratificar los acuerdos. Primero propuso un referéndum, que exigía tener tantas preguntas como temas y un umbral electoral alto. Ahora van por un plebiscito. La ley exigía un 50% de umbral electoral, lo bajaron al 13%. Eso es tramposo. Además solo tendrá una pregunta. Todos los colombianos quieren la paz, pero muchos no quieren esa impunidad al terrorismo. El presidente ha dicho que quienes voten «no» o se abstengan es porque quieren la guerra. No, todo lo contrario, si el Gobierno llegara a perder ese plebiscito es porque quieren que se reoriente el proceso. Las FARC son el tercer grupo narcoterrorista más rico del mundo. El Gobierno ha aceptado que no entreguen un centavo para reparar a las víctimas. Además con esos dinerales quedarán en una posición muy cómoda para comprar arsenales de armas. Ahora el Gobierno los va a llevar a 32 zonas. Y ya hay un vídeo en el que las FARC dicen que serán enclaves socialistas dentro del Estado democrático. Es decir, de la tiranía castrochavista.

–¿Por qué cree que su figura sigue generando polémica? Ha pedido a la Universidad Internacional Menéndez Pelayo que le revoque una criticada medalla de honor, tras aplazarse la entrega. En una carta usted alude a «presiones del izquierdismo totalitario».

–En la carta está todo dicho. El tema sustancial hoy es este: Santos fue elegido en 2010 para darle continuidad a las tareas que traía nuestro gobierno. Con errores, Colombia iba muy bien, avanzando en seguridad, inversiones y en políticas sociales. Santos ha hecho todo lo contrario. Cuando empezó el Plan Colombia, los cultivos de droga estaban en 170.000 hectáreas, al terminar mi gobierno en 60.000. En diciembre Estados Unidos reportó 159.000. Todo este esfuerzo se ha perdido por la impunidad ofrecida por Santos. Naciones Unidas dice que en el último año la producción de coca en Colombia ha crecido un 36%. El mayor cartel son las FARC, han vuelto a crecer. En Colombia no hemos tenido una insurgencia civil contra una dictadura militar, sino un narcoterrorismo contra una democracia respetable. Y lo que uno no puede admitir es que en el caso de las FARC Santos haya aceptado que para ellos el narcotráfico es delito político, por ende, no van a la cárcel. Lo que nunca aceptó mi gobierno. Cómo pretenden que admita esto, lo que nunca los españoles aceptarían con ETA.

–En una reciente entrevista a ABC, Santos dijo que «nada más añoraría yo que Uribe se sumara al proceso», que tenía «evidencias» de que lo que su Gobierno está haciendo «es exactamente lo que quería hacer. Inclusive él fue más allá, hizo ofertas que no hemos hecho». ¿Es eso cierto?

No es cierto, al presidente Santos no le luce estar mintiendo. Siempre estuvimos abiertos al diálogo. Pero había unas condiciones inamovibles. En el caso de los 35.000 paramilitares y 18.000 guerrilleros que se desmovilizaron en nuestro gobierno, la base no fueron a prisión, pero los cabecillas tuvieron que ir a la cárcel entre 5 y 8 años. No se les dio elegibilidad política, con ellos no se negoció la agenda nacional. Santos negocia con las FARC derechos de oposición, cuando Colombia tiene oposición democrática. El terrorismo no es oposición. El país iba bien, con un gran optimismo en 2010, el que permitió elegir a Santos, que era nuestro candidato. Y hoy hay enormes preocupaciones en todos los campos. En el de la seguridad, el económico, el social y en el del futuro, muchos piensan que Santos está abriendo para Colombia el camino del castrochavismo.

–¿Cómo explica que, coincidiendo con el proceso de paz, se han reducido los homicidios en su país?

–Perdón, fue mucho más intensa la reducción de homicidios y de secuestros entre 2002 y 2010 que lo que ha habido en los últimos años. Cuando llegamos a la presidencia había 28.000 homicidios, cuando salimos un poco menos de 15.000. Hoy hay 14.000.

–¿Cómo era la relación con su ministro de Defensa, el actual presidente, cuando combatían a las FARC?

–Tuve cinco ministros de Defensa, él fue ministro un tiempo, y siempre estuve atento a orientar la política de seguridad directamente como presidente. Tomé las decisiones y asumí las responsabilidades en casos tan delicados como el bombardeo contra las FARC en un campamento en Ecuador, que se hizo a pesar del ministro. O el rescate de Ingrid Betancourt, que se hizo a pesar del ministro.

–Muchas personas, entre ellas Santos, dicen que el postconflicto será más difícil que llegar a la paz. ¿Su familia estaría dispuesta a contratar a exguerrilleros y exparamilitares?

–Mi gobierno dio posibilidades de reinserción generosa, pero sin impunidad. No entiendo que 14 cabecillas del paramilitarismo fueron extraditados, miles fueron a la cárcel, no les dimos elegibilidad política, y qué diferencia hay entre las masacres de los paramilitares y las de las FARC para que los cabecillas de la guerrilla no vayan a la cárcel. No acepto esto porque esa impunidad mirando al futuro del país, la falta de disuasión del crimen genera más crimen.