Decenas de personas se manifiestan el pasado domingo en la Pequeña Habana de Miami,
Decenas de personas se manifiestan el pasado domingo en la Pequeña Habana de Miami, - Efe

La comunidad cubana en Miami ve la elección de Díaz-Canel entre la «farsa» y la «oportunidad»

Distintas generaciones de exiliados aún confían en que la dictadura «se desestabilice»

Corresponsal en WashingtonActualizado:

«Otro capítulo de una desilusión sin fin». Así define Fabiola Santiago, periodista del «Miami Herald» e hija de exiliados en Florida, la designación de Miguel Díaz-Canel como nuevo presidente de Cuba. La reportera interpreta el movimiento como «un cambio simbólico e ingenioso, porque hay percepción de cambio, cuando en realidad la familia Castro sigue instalada en el poder». Santiago cita en su descargo al activista Rafael Peñalver, presidente del Instituto San Carlos, en Cayo Hueso, quien no oculta su pesimismo con el inexistente cambio: «Este es un final muy lúgubre para el pueblo de Cuba, y para nosotros también».

No todos son tan pesimistas en su visión sobre una posible democratización en la isla. Ramón Saúl Sánchez, del Movimiento Democracia, una de las organizaciones moderadas en el exilio, no pierde la esperanza de que el nuevo escenario termine implicando cambios: «Aunque no haya voluntad alguna, el escenario actual puede poner en peligro la estabilidad dictatorial de la que ha disfrutado el castrismo durante seis décadas». Uno de los argumentos de Sánchez es que cada vez son más los gobiernos latinoamericanos que se desentienden de las «simpatías» que antes generaba el régimen cubano, al que, además, «hacen responsable del descalabro de Venezuela».

Ramón Saúl Sánchez
Ramón Saúl Sánchez - Efe

El periodista y analista político Carlos Alberto Montaner es mucho más escéptico. Considera que el momento es crítico para la supervivencia del régimen, pero augura, en declaraciones a Efe, que seguirá adelante «en la medida en que la sociedad cubana continúe muriendo lentamente, más o menos como las ciudades se deterioran día a día».

El empresario y presidente del Cuba Study Group, Carlos Saladrigas, se pronuncia con tanto optimismo como realismo sobre la posibilidad de cambios reales en la isla: «Lo importante es que empiecen los cambios, más que por dónde, porque a partir de ahí todo puede venir como una bola de nieve».

El entorno republicano que forma parte de la comunidad cubana no tiene duda alguna de que «no hay cambio alguno, simplemente los Castro siguen mandando. El nuevo presidente es una persona que está preparada para mantener la represión». Su petición a la comunidad internacional es que apliquen medidas de presión «igual que están haciendo con el Gobierno de Maduro».

Marco Rubio pide ampliar las sanciones a Cuba

Pero la Administración Trump, pese a que hace unos meses el propio presidente pareció frenar las medidas de deshielo decretadas por Obama, se muestra más contundente con Caracas. El senador por Florida Marco Rubio confía en que las sanciones económicas que aprobó el secretario de Estado, Rex Tillerson, contra entidades vinculadas al ejército cubano puedan ampliarse en breve: «La lista aprobada no fue suficiente. Tengo confianza en que el nuevo secretario de Estado, Mike Pompeo, incluya en la lista de sanciones a otras entidades controladas por los militares cubanos». Mientras tanto, el gobernador del estado, Rick Perry, se ha negado a reconocer al nuevo presidente de Cuba, señalado por los Castro.

Para los demócratas, como el excongresista demócrata Joe García, el relevo presidencial «invita a una oportunidad de cambio», pero asegura que «no debe ser cosmético, sino quirúrgico». El optimismo de García, defensor de la política de deshielo entre Estados Unidos y Cuba, emprendida por Obama, contrasta con las exigencias de organizaciones en el exilio, como Cuba Decide, que reclaman «un cambio de sistema, no un cambio de un tirano».