Refugiados en la frontera entre Hungría y Serbia - reuters

Los húngaros se vuelcan con los refugiados sirios

Las muestras de solidaridad contrastan con las amenazas de los neonazis de Hungría, el temible «Ejército de los Forajidos»

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El número de personas que trataban de cruzar ayer se había reducido significativamente respecto a los días anteriores, según constató ABC. El punto de reunión en el que la Policía agrupa a los inmigrantes interceptados era ayer poco más que un descampado repleto de basura, en el que apenas una docena de personas se guarecía del sol bajo una tienda. La presencia policial también era visiblemente menor.

En la carretera, todavía podía verse a algunas columnas de refugiados, familias sirias en su mayoría, caminando hacia las poblaciones de más tamaño, desde donde pueden tomar un transporte a Budapest o a los diversos campos de régimen abierto en otros lugares de Hungría. Rostros serios, cansados, agrietados por el sol, sabedores de que el viaje todavía no ha terminado. Incluso los niños marchan en silencio de la mano de sus padres, y solo en las pausas, niños al fin, comienzan a perseguirse y a jugar con lo que encuentran.

La relajación de la tensión se percibe en el hecho de que estas personas son cada vez más visibles a la entrada de los pueblos del sur de Hungría, donde mucha gente les ayuda y les proporciona comida y agua. Sin embargo, en los ojos de algunos de ellos es posible percibir aún ciertos rastros de desconfianza.

No sin motivo: se han difundido rumores de que grupos de extremistas y neonazis del movimiento Betyársereg («Ejército de los Forajidos») están acudiendo a estos pueblos a «ayudar» en la protección fronteriza. Laszlo Toroczkai, el alcalde ultraderechista de la población de Assothalom, admitió esta semana en una entrevista con el medio alemán «Deutsche Welle» que miembros de este grupo habían «visitado» la localidad, aunque asegura que no están desplegados en la frontera. La oleada migratoria de estos días, parece, no ha contribuido a mitigar la xenofobia. Más bien todo lo contrario.

La auténtica valla

Hungría ha terminado ya la primera fase de la alambrada para proteger su frontera con Serbia contra la avalancha de refugiados, según anunció ayer el ministro de Defensa húngaro, Csaba Hende. «Dos días antes de la fecha límite del 31 de agosto, la primera sección del cierre de la frontera ha sido completada», dijo Hende el sábado por la tarde.

Esta sección consiste en tres líneas superpuestas de concertinas a lo largo de más de 170 kilómetros, a la que se añadirá la valla de cuatro metros que el ejército húngaro trabaja para construir a un metro de distancia. Las concertinas no son eficaces al cien por cien: en los últimos días, muchos inmigrantes han logrado superarlas utilizando mantas, cortando un tramo o excavando por debajo. Unos diez mil migrantes han sido interceptados por las patrullas fronterizas tan solo durante la última semana.