Un inmigrante lleva a hombros a un niño mientras camina hacia Presevo, en Serbia
Un inmigrante lleva a hombros a un niño mientras camina hacia Presevo, en Serbia - reuters

Los refugiados tratan de llegar a Hungría antes de que se cierre la valla

Solo este martes dos mil inmigrantes entraron en territorio húngaro procedentes de Serbia

daniel iriarte
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La carrera a Europa se acelera para los miles de emigrantes y refugiados que estos días cruzan los Balcanes con poco más que lo puesto. A pocas jornadas de que Hungría complete la valla fronteriza que, según espera el Gobierno de Budapest, ayude a mantener la oleada migratoria fuera de sus fronteras, unas dos mil personas consiguieron cruzar este martes desde Serbia, alcanzando un sueño acariciado durante largo tiempo: la Unión Europea.

La mayoría de ellos son originarios de Siria, Irak y Afganistán. Son la avanzadilla de los aproximadamente siete mil migrantes que, ante las cámaras de todo el mundo, han venido viajando desde Grecia en las últimas semanas, tratando de llegar a la espacio Schengen antes de que el ejército húngaro consiga terminar la valla de 174 kilómetros de longitud que está edificando a contrarreloj. La medida ha sido criticada por la ONU y por varias instituciones de derechos humanos, que consideran que «refuerza la xenofobia en la sociedad húngara».

Unas 140.000 personas han entrado este año en la UE a través de Hungría, el triple que el año anterior, y el flujo se ha multiplicado desde el anuncio de la construcción del muro fronterizo. Una situación que disgusta enormemente al ejecutivo de Víctor Orban, cuyos representantes aseguran que los 8 millones de euros de la Comisión Europea destinados a la protección fronteriza están lejos de ser suficientes.

«La Unión Europea distribuye los fondos para la protección de la frontera de forma humillante. Los viejos estados miembros se han apropiado del dinero de los nuevos miembros», afirmó ayer el jefe de gabinete de Orban, Janos Lazar. «Si no adoptamos medidas significativas, nos vamos a convertir en un barco de rescate que naufraga ante el peso de los que se encaraman a él», declaró Lazar al diario «Magyar Hirlap».

En Macedonia, la presión parece haberse relajado desde que las autoridades del país revocasen este fin de semana las medidas de emergencia adoptadas pocos días antes, que provocaron dramáticas escenas en la frontera con Grecia, donde la policía macedonia cargó con contundencia contra los inmigrantes. Desde entonces, a estos se les está permitiendo cruzar el país sin apenas restricciones.

Ahora, los que pueden embarcan en trenes desde la ciudad fronteriza de Gevgelia y viajan hasta Presevo, en Serbia. Todo un avance respecto a la primavera, cuando muchos de ellos se embarcaban en un peligroso viaje a pie, siguiendo esas mismas vías de ferrocarril, en las que se produjeron numerosos accidentes. En abril, la prensa internacional reportó la muerte de 14 inmigrantes, atropellados por un tren en Veles, en Macedonia central.

«Seguramente hay muchos más casos, sobre los que no se ha informado», dice Marija, una habitante de Skopje que participa en un movimiento ciudadano para intentar ayudar a estas personas. «Hemos intentado hacer carteles de advertencia, pero la mayoría de ellos no los entiende porque están en lenguas que no hablan», se lamenta.

Serbia pide ayuda

Ahora mismo es la vecina Serbia la que está soportando la presión: más de 90.000 inmigrantes han entrado en el país de forma más o menos clandestina, 23.000 en las últimas dos semanas. Algunas fuentes duplican estas cifras. Y la situación no lleva visos de mejorar.

«Actualmente, estimamos que las llegadas continuarán en los próximos días a un ritmo de 3.000 personas cada día», asegura la portavoz de ACNUR, Melissa Fleming, una situación que, según este organismo, durará entre seis y ocho semanas. En el mismo sentido se expresa el Comisario para Refugiados y Migraciones de Serbia, Vladimir Cucic. «No se trata de un número que nosotros no podamos enfrentar», aseguró Cucic en una entrevista televisada, pero Serbia «no puede permitir que tenga que enfrentarse sola a ese peso».