Un niño ondea la bandera de Grecia en la plaza Syntagma tras conocerse el resultado del referéndum
Un niño ondea la bandera de Grecia en la plaza Syntagma tras conocerse el resultado del referéndum - EFE

El «no» a las exigencias de la troika gana el referéndum con rotundidad

Grecia entra en terreno muy peligroso, en el que ya se plantea su salida del euro con las graves repercusiones que ello tendría para toda la zona

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El primer ministro griego, Alexis Tspiras, ganó espectacularmente la jugada que inició hace diez días al convocar el referéndum sobre las negociaciones con el Eurogrupo. Con una respuesta masiva y contundente de más del 60% de los votos a la confusa pregunta de la consulta, los griegos se pusieron ayer detrás de Tsipras y mostraron su rechazo a la posición de los acreedores. Europa entra así de forma dramática en un terreno ignoto en el que se plantea ya de forma directa la posible salida de Grecia del euro con las graves repercusiones que esto puede tener para toda la zona como precedente. De no llegarse en los próximos días a un acuerdo que se antoja muy problemático, la economía griega amenaza con un colapso inmediato después de una semana ya con los bancos cerrados y sin liquidez.

Hoy se esperan los primeros contactos con las autoridades europeas en los que el Gobierno de Tsipras quiere conseguir créditos de urgencia para poder abrir el martes o miércoles los bancos. La canciller Angela Merkel se reunirá con el presidente francés, François Hollande, en París para decidir los pasos a dar. En Alemania son muy numerosas y cada vez más influyentes la fuerzas que consideran que el voto del «no» debe ser la despedida del euro para una Grecia gobernada por fuerzas contrarias a la UE. Ayer ya se especulaba con que, de no darse muy pronto un acuerdo, las autoridades griegas tendrán que introducir una moneda paralela.

Esos inquietantes augurios no enturbiaban el entusiasmo por la victoria de ayer de decenas de miles de seguidores de Syriza que salieron a celebrar su triunfo. Los próximos días serán dramáticos porque toda la población griega va a vivir angustiosamente pendiente de las decisiones políticas de las que dependerán su acceso a dinero, a medicamentos o viajes urgentes.

Se abre una nueva etapa en la política griega. Y la prueba más evidente fue la dimisión presentada ayer por el líder del centro-derecha y jefe de la oposición, Antonis Samaras, ante una situación en la que Grecia parece caminar hacia el abismo.

El populismo en auge en toda Europa registró ayer su victoria más aplastante desde que ha surgido para desafiar al orden democrático vigente en la Europa libre desde el final de la II Guerra Mundial. El triunfo de un partido comunista como Syriza en enero, por primera vez en la Europa democrática, fue ya un acontecimiento que alarmó a muchos. Ayer, su apabullante victoria en su pulso con todos los demás gobiernos e instituciones europeas supone una situación política radicalmente nueva.

Un «frente nacional»

Anoche, Tsipras pedía la formación de un «frente nacional fuerte» para negociar con los acreedores. Varufakis se proclamó feliz de la gran demostración de los griegos de que no aceptaban el ultimátum de Europa y que con este voto quieren acudir a Bruselas a negociar un acuerdo «sostenible». Otros dirigentes de Syriza eran menos conciliadores y comparecían para exigir las ayudas necesarias para abrir los bancos. Y tachaban de chantaje inadmisible la posibilidad de que estas medidas no fueran adoptadas de inmediato por las instituciones, autoridades monetarias y el resto de los países de la eurozona. Los dirigentes de Syriza se erigían ayer en portavoces de todos los que han comenzado ya su avance para poner fin a «la Europa de los chantajes e imposiciones». También se oían por parte de algunos ministros frases conciliadoras que pedían un comienzo nuevo para negociar. Y es de esperar que hoy Tsipras anuncie una aproximación muy distinta a Europa que la agresividad masiva e hiriente que desplegaron la semana pasada.

La victoria del «no» fue mucho más amplia de lo que ningún sondeo o político pudo vaticinar. Es un resultado que Syriza puede legítimamente presentar como un gran éxito y fortalecimiento de su posición política dentro de Grecia. Es evidente que Tsipras logró en una semana convencer a los griegos de que tenían la ocasión de mostrar toda su cólera acumulada y su orgullo herido, su hostilidad a los acreedores y su odio hacia una Alemania a la que consideran culpable de la mayoría de sus males.

«Voto con el corazón»

Pero que además podían hacerlo sin que esta muestra de indignación y de «voto orgulloso con el corazón» tuviera la menor consecuencia salvo el fortalecimiento de su propia posición negociadora. Tsipras, sus comunistas de Syriza y el nacionalismo ultraderechista, los partidarios del «no», han logrado presentar el referéndum como un acto de orgullo nacional, de proclamación de la dignidad griega, sin coste alguno. Sin consecuencias. Porque, según han insistido todos estos días Tsipras y Varufakis, ellos llegarán a un acuerdo inmediato con los acreedores nada más tener en la mano la victoria del «no».

Que este resultado no tenga coste alguno es lo que se pone muy en duda en el exterior. Entre las autoridades de la UE y líderes de la eurozona se daba por cierto que un «no» pone a Grecia con un pie fuera de la zona euro. No parece muy probable que den muchas facilidades en los próximos días a Tsipras unas autoridades europeas que han llegado a ser calificadas como «terroristas» por el Gobierno griego. El primer ministro ultraizquierdista ha perdido con su operación del referéndum la credibilidad y el respeto en la zona euro. Eso es lo que han intentado destacar y exponer a la sociedad griega los partidarios del «sí».

Paradójicamente, este resultado también reafirma a los cada vez más numerosos partidarios europeos de que Grecia abandone el euro. El alineamiento masivo de los griegos con su Gobierno de extrema izquierda fortalece a quienes consideran que es inútil intentar imponer fórmulas de reforma económicas a unas autoridades que han elegido otro régimen. Y que creen que Grecia es un cuerpo cada vez más extraño en la UE y no respeta sus compromisos, valores y principios de la comunidad de derecho que es.