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domingo cavallo, exministro de economia

El inventor argentino del «corralito» aconseja a Tsipras: «Evite el corralón»

Fue gestor de la crisis de 2001 en Argentina e ideó la traumática medida que hoy replica Atenas. Cree que «la tragedia griega puede ser todavía peor»

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Domingo Cavallo es recordado en Argentina como el padre e inventor del «corralito», aquella traumática retención de depósitos bancarios que se aplicó en el país sudamericano durante la tremenda crisis de 2001, y que hoy vuelve a vivirse en Grecia. Desde un crucero en el Mediterráneo, el exministro argentino de Economía atendió por teléfono a ABC para dialogar sobre el drama griego y sus similitudes con el desastre que él mismo gestionó en Argentina. Pese al desprestigio que sufre en su propio país, Cavallo se animó a darle un consejo al primer ministro heleno, Alexis Tsipras: «Evite el corralón y negocie con la troika, o la tragedia será aún peor».

—¿Podría explicar el «corralito» para personas sin conocimientos económicos especiales?

—Es un tipo de restricción que se aplica como medida de contención de muy corto plazo ante una crisis financiera con retiro masivo de depósitos y salida de capitales al exterior. Se trata de un control de cambios:el dinero que la gente tiene en cuentas bancarias se utiliza para pagos externos, pero no se puede transferir al exterior. A la vez, como retirar dinero en efectivo es una forma de sacarlo del circuito, es necesario imponer restricciones a su fuga para que ese control funcione.

—El «corralito» es recordado por los argentinos como un trauma.

—No había otra alternativa. Pero el problema en Argentina no fue el «corralito», sino el posterior «corralón», algo que todavía Grecia puede evitar. El «corralón» fue una estafa del Gobierno posterior al nuestro implementada en 2002, que consistió en la transformación de los depósitos que estaban en dólares a pesos argentinos. Después de eso, el peso sufrió una terrible devaluación que le quitó a la gente la mitad del valor de sus ahorros. A la vez, benefició a quienes estaban endeudados en dólares y provocó un derrumbe del salario real y las pensiones. Grecia está a tiempo de evitar lo peor de esa experiencia argentina.

—¿Usted se siente en condiciones de dar algún consejo a Alexis Tsipras?

—Que evite el «corralón». Que siga negociando con la troika para que ésta mantenga su apoyo financiero a Grecia. Así podrá levantar el corralito. Pero también es clave que la troika conceda intereses y plazos para la deuda asumibles para Atenas. A su vez, Grecia debe producir el ajuste fiscal necesario. De otra manera, vendrá el «corralón» y la tragedia griega será mucho peor que la austeridad que resisten. Además, en ese caso es probable que Grecia salga del euro y quede bajo la órbita política y económica de Rusia.

—¿Entonces el «corralón» implicaría el regreso al dracma?

—Exacto. Si en lugar de levantar el «corralito» a partir de un acuerdo con Europa, Atenas reintroduce el dracma, el ajuste fiscal que han resistido hasta ahora se producirá por efecto de la devaluación y la inflación, pero con consecuencias mucho más brutales.

—¿Salir del euro no le permitiría a Grecia renegociar su deuda?

—La única forma de licuar una deuda externa es repudiándola. Se puede intentar una reestructuración como la que hizo Néstor Kirchner en Argentina, pero hoy vemos los enormes problemas que eso trajo a Argentina con los «fondos buitre».

—Si Grecia negocia, ¿cómo hará para pagar su deuda si está en plena recesión?¿Endeudándose otra vez?

—Si Grecia implementa el programa que le propone Europa, seguramente la troika aliviará las condiciones de intereses y plazos. Grecia tiene argumentos para pedir tal cosa, ya que la asistencia financiera europea a Atenas no fue para salvar a la propia Grecia sino a los bancos que le habían prestado fortunas sin medir los riesgos. Pero para solicitar eso, primero Grecia debe demostrar que está dispuesta a hacer el ajuste fiscal pertinente. En cambio, Tsipras asumió una actitud totalmente beligerante.

—En 2001, el Gobierno argentino no fue beligerante, sino dócil, y sin embargo el FMI le abandonó a su suerte.

—En el caso de la Argentina, el problema fue que el exdirector del FMI, Horst Köhler, decidió caprichosamente interrumpir las negociaciones y quitarnos el apoyo. Fue producto de una pelea suya con George W. Bush:Köhler pretendía queEE.UU. contribuyera al apoyo financiero a Argentina, tal como la CasaBlanca promovía hacerlo en aquel momento con Turquía. Como Washington no respondió, Köhler suspendió las negociaciones. Aquello fue un error del FMI. Pero en el caso de Grecia, quien suspendió el diálogo fue Atenas. Los griegos tienen que aprovechar la predisposición a negociar de Christine Lagarde.

—Por qué Grecia debería confiar en el FMI?

—A diferencia de lo que ocurrió en Argentina, donde el FMI no dio el apoyo necesario para abrir el «corralito», ahora la troika ha demostrado con miles de millones de euros que está dispuesta a salvar a Grecia. El desastre argentino ocurrió porque el Gobierno de 2002 abandonó el contacto con el FMI y aplicó el «corralón».

—¿El desastre argentino no comenzó en 2001?

—El destrozo de los salarios y las pensiones fue en 2002. Las imágenes de los argentinos martillando las puertas de los bancos no son de 2001, sino del año siguiente. Grecia ahora está en 2001, y lo que tiene que evitar es caer en 2002. Lo peor aún está por venir.