El Papa recibe a Castro
El Papa recibe a Castro - afp

Raúl Castro: «Si el Papa sigue así, volveré a la iglesia católica»

Francisco ha incluido una visita a Cuba antes de su viaje del próximo mes de septiembre a Estados Unidos

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Cuando el presidente Raúl Castro, después de despedirse del Papa, estaba a punto de entrar en su automóvil, se paró, se volvió y le dijo: «¡Y usted rece por mí!». Era su respuesta a las últimas palabras del Santo Padre, que siempre se despide rogando a su interlocutor «Rece por mí».

Ese último detalle de sintonía ponía fin a un intenso encuentro de 55 minutos –uno de los más largos del pontificado– que tuvo un carácter «muy cordial» según el portavoz del Vaticano. Era la segunda visita de un presidente desde la realizada por Fidel Castro a Juan Pablo II en 1996.

Ante de subir al automóvil, Raúl Castro comentó a un pequeño grupo de periodistas: «Estoy muy contento. He venido a agradecer lo que ha hecho para empezar a resolver los problemas de Estados Unidos y Cuba». Dijo también que le había transmitido el afecto del pueblo cubano, que espera con gran ilusión su visita del próximo mes de septiembre, precisamente de camino hacia Estados Unidos.

Intercambio de regalos

Que el encuentro en el pequeño estudio del Papa había sido cordial se notaba ya cuando ambos pasaron al salón contiguo para que el intercambio de regalos. El presidente ofreció al Papa una histórica medalla del 200 aniversario de la catedral de La Habana, de la que se hicieron sólo 25 ejemplares, y un cuadro de estilo contemporáneo que representa un inmigrante rezando arrodillado en la playa ante una cruz hecha de pateras.

Raúl Castro le presentó al pintor, quien explicó que el óleo está inspirado en su visita a los inmigrantes en la isla de Lampedusa.

A su vez, el Santo Padre regaló a Castro un ejemplar de su exhortación apostólica «La Alegría del Evangelio», animándole a leerla porque «algunas cosas sociales le gustarán». También le regaló una medalla grande «de san Martin de Tours y el mendigo al que cubre con el manto», explicando que le gustaba regalarlo a los mandatarios porque recuerda la obligación de ayudar a los pobres y, al mismo tiempo, promover la dignidad.

Raúl Castro estaba feliz al presentarle a cada uno de los miembros de la delegación oficial, incluyendo «mi hijo más joven» y «mi nieto el mayor», mientras comentaba orgulloso que «ya soy bisabuelo». Le presentó también a los ayudantes, añadiendo algunos comentarios informales como «ésta es la secretaria del Canciller. Muy efectiva, estoy por quitársela».

Al embajador cubano, en cambio lo reconoció de antemano el Papa, quien comento divertido a Raúl Castro: ¡Le gustan los alfajores argentino!».

Reconciliación entre EE.UU. y Cuba

En cuanto el automóvil del mandatario cubano se alejó, el Santo Padre pidió también a los periodistas «rezad por mí», e incluso bromeó añadiendo a modo de disculpa: «Estáis trabajando... ¡Os he arruinado el domingo!». Estaba claramente satisfecho.

Lo que más le preocupa al Papa es que el camino de reconciliación entre Estados Unidos y Cuba —que ambos presidentes le agradecieron al anunciarlo el pasado 17 de diciembre— no sufra contratiempos ahora que empiezan la mejora en terrenos prácticos.

Como apoyo «extra» al proceso, el Papa ha incluido una visita a Cuba antes de su viaje del próximo mes de septiembre a Estados Unidos. De ese modo, Francisco será despedido por Raúl Castro en La Habana antes de volar a Washington, donde será recibido por el presidente Barack Obama.

La segunda preocupación del Papa es facilitar que la transición política en la isla se haga de modo pacífico, aun a costa de etapas lentas. En realidad, el cambio se está produciendo ya por la vía de los hechos, y la diplomacia vaticana considera menos urgente que se reflejen en declaraciones institucionales.

Transición reformista

Lo importante es que vaya habiendo menos represión y más libertad, sin humillar a la parte que cede, como en toda transición pacífica. Tanto la Iglesia cubana como el Vaticano apuestan por personas de talante reformista en el entorno oficial, que tomarán en su día el relevo de los Castro.

Igual que Juan Pablo II y Benedicto XVI, el Papa Francisco ha pedido al máximo responsable cubano mayor libertad para la Iglesia católica. Tras la visita de Juan Pablo II a Cuba en 1998, Fidel Castro autorizó la fiesta de Navidad, que hasta entonces era día laboral. Después de la visita y petición de Benedicto XVI en 2012, Raúl Castro añadió la del Viernes Santo.

Como todo jefe de Estado, el presidente cubano fue recibido por un piquete de honor de la guardia Suiza y el prefecto de la Casa Pontificia, Georg Gaenswein.

Raúl Castro había llegado a Roma el sábado procedente de Moscú, donde asistió a las ceremonias de 70 aniversario de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial y donde se reunió con el patriarca Kiril de la Iglesia Ortodoxa Rusa. Tenía aspecto descansado y una sonrisa de satisfacción al entrar en la sala contigua al Aula Pablo VI, donde el Papa recibe mandatarios en visita privada.

Como el edificio está al lado de la Casa Santa Marta, el Santo Padre llegó poco después caminando a pie y con gesto optimista. Sus previsiones se cumplieron.

«Voy a asistir a todas sus misas»

Después de su visita al Vaticano, Raúl Castro se reunió con el primer ministro italiano, Matteo Renzi, con quien compartió al final una conferencia de prensa.

El presidente cubano seguía emocionado por el encuentro con Francisco y comento: «Estoy muy impresionado por la sabiduría y la humildad del Papa. Cuando Francisco venga a Cuba voy a asistir a todas sus misas».

Y, para mayor sorpresa, añadió: «Leo todos los discursos del Papa. Si sigue así, volveré a la Iglesia católica. Aunque soy miembro del partido comunista, que no admitía a los creyentes, pero se han dado pasos adelante».