El primer ministro británico, el líder conservador David Cameron (dcha), y su mujer Samantha (izda) a su llegada al colegio electoral de Spelsbury en Oxfordshire (Reino Unido)
El primer ministro británico, el líder conservador David Cameron (dcha), y su mujer Samantha (izda) a su llegada al colegio electoral de Spelsbury en Oxfordshire (Reino Unido) - efe
Encuesta publicada por BBC

Cameron rompió al final el empate y podrá gobernar

Según los fiables sondeos a pie de urna logra 316 escaños, cerca de los 323 necesarios, frente a 239 de los laboristas

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Desenlace feliz y mucho mejor de lo esperado para el Partido Conservador. David Cameron ha roto el trabado empate que presagiaban todos los sondeos y finalmente podrá gobernar. Una encuesta basada en 22.000 entrevistas a pie de urna, que ofrecieron las tres principales televisiones del Reino Unido a las diez de la noche (una hora más en España), nada más cerrar los colegios, señala un claro triunfo «tory», con 316 escaños, frente a 239 de los laboristas. Cameron mejoraría así en 13 parlamentarios su resultado de hace cinco años, mientras que Miliband empeoraría en 17 el ya flojo registro de Gordon Brown. Las «israelitas» británicas son muy fiables y en los pasados comicios acertaron el triunfador. [Así estamos contando en directo la jornada electoral]

La mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes está en 326 escaños. Pero basta contar con 323 para dominar la Cámara, porque el speaker y su segundo no votan y los diputados de Sinn Fein no toman posesión de sus actas. Si se confirma la encuesta a pie de urna al final del recuento de votos, David Cameron solo necesitaría el apoyo de diez diputados ajenos para gobernar. Lo podría solventar con una nueva coalición con los liberal demócratas, que justamente obtienen esa decena, o incluso intentando un Ejecutivo en solitario con apoyos puntuales. El partido liberal de Nick Clegg se desploma, pues contaba con 56 parlamentarios.

Lo que sí han leído bien los sondeos efectuados durante la campaña es la crecida apabullante y preocupante del separatismo escocés, que pasaría de los seis diputados del 2010 a 58 en la votación de ayer. Es un resultado espectacular, porque Escocia aporta 59 escaños a la Cámara de Westminster. Solo un diputado ha escapado a la marea nacionalista.

Dada la escalada separatista, la derrota de Miliband es todo un alivio para la continuidad de la Unión, porque ante un Cameron fuerte, Nicola Sturgeon, la primera ministra escocesa, pierde toda capacidad de arbitraje en la política nacional. Sturgeon, con un tono muy duro, se pasó toda la campaña exigiendo la complicidad de Miliband para «echar a Cameron del Número 10» y «acabar con la austeridad de los tories».

UKIP, el partido eurófobo de Nigel Farage, se queda en lo que ya tiene, dos escaños. Finalmente parece que han surtido efecto las llamadas de los tories a los simpatizantes «ukipers» para que practicasen un voto táctico frente a los laboristas y volviesen a «la gran casa» conservadora.

La pregunta que gravitó sobre toda la campaña - ¿bastan unos buenos datos macro para salvar unas elecciones?- se ha salvado con un sí. Los tories contaron también con el apoyo del empresariado y de los medios de comunicación más potentes. Y también,en cierto modo, con el del propio Partido Laborista, pues aunque mejoró durante la campaña, Ed Miliband era todavía a finales del pasado año el líder de la oposición peor valorado de la historia.

La única incertidumbre que abre la victoria de Cameron es su fijación con un referéndum sobre la continuidad del Reino Unidoen Europa, que quiere celebrar en el 2017. Pero la victoria seguramente relajará ese tono euroescéptico, en parte forzado para hacer frente a la posible mordida de UKIP en su campo más nacionalista inglés. Algunos medios locales especulaban anoche que Cameron podría estar negociando ya con Bruselas un acuerdo que le permita vender que ha mejorado un poco la relación EU-Reino Unido, a fin de poder pedir el «sí» a la continuidad del país en el club europeo.

'Votad conservador. Hoy y juntos podemos'

Como los españoles tendemos a subestimarnos, no solemos reparar en lo rápidos y eficientes que son nuestros recuentos electorales. No sucede lo mismo en el Reino Unido, desde luego. Unos 45 millones de británicos acabaron de votar anoche a las diez (once españolas), en un día laborable y soleado, lo que en teoría favorecía a la participación y a los al final derrotados laboristas. Pero los datos oficiales de las 650 circunscripciones, de las que salen otros tantos diputados en los Comunes, no estarán completos hasta la una de esta tarde. A esa hora se conocerá quién ganó el escaño final de St. Ives, en el Finisterre inglés de Cornualles.

«Todo está en el alambre», reconocía el laborista Miliband. Su rival, el primer ministro, optaba por subir un último “tuit”, ya en plena mañana electoral: «Votad conservador. Hoy y juntos podemos asegurar un futuro mejor para Gran Bretaña». En paralelo, hacía una advertencia dramática en una entrevista en la portada del diario conservador “DailyTelegraph”: “El futuro está en vuestras manos. No hagáis algo de lo que os podáis arrepentir”.

La votación de ayer era ciertamente trascendente. El Reino Unido es la quinta economía del mundo, una potencia atómica, un socio de peso en la Unión Europea, aunque gaste mueca displicente en Bruselas. Económicamente, los británicos tenían que elegir entre la senda de la consolidación fiscal y las políticas liberales de Cameron, que ya se traducen en crecimiento de 2,8% y paro del 5,6%; o emprender un viraje a la antigua socialdemocracia, con más impuestos y más gasto social sin control de caja.

Hay cálculos que hablan de que las promesas de Miliband costarían 120.900 millones de euros a mayores en una legislatura. Además se cree que la agenda del candidato laborista ocultaba una gran revolución ideológica. Aspiraba a desmontar el consenso que impuso el triunfo ideológico de Margaret Thatcher, cuyas lecciones aceptó Blair, para retornar al socialismo de hecho que instauró ClementAttle a finales de los años cuarenta.

Una prueba de la incertidumbre absoluta que imperaba es que a diferencia de lo que ocurrió en elecciones anteriores ni laboristas ni conservadores preveían fastos postelectorales anoche. En 1997, Blair festejó su primera victoria con una espectacular fiesta en el Royal Festival Hall, música en vivo incluida. Anoche todos decían que optarían por trabajo de oficina y despacho, tejiendo ya las coaliciones de Gobierno que empezarán a discutirse hoy mismo.

Un recuento tan moroso dio lugar a muchas fiestas de pijamas domésticas, una tradición electoral local, un poco al modo de las noches de los Oscar. En un país con sentido del humor, hasta se ha jugado a cuál sería la banda sonora más idónea para cada hora de una velada de intriga electoral. Por ejemplo, «The Times» auguraba que a hacia la una de la madrugada habría tal carajal que la canción adecuada sería «Anarquía en el Reino Unido», el himno punky de los Pistols (para recibir el nuevo día recomendaban “Los chicos están de vuelta en la ciudad”, de ThinLizzy, en alusión a los líderes negociando ya en Westminster). Al final, todo se aclaró antes de lo previsto.