Una mujer pasa junto a un enorme retrato de Erdogan en Estambul
Una mujer pasa junto a un enorme retrato de Erdogan en Estambul - afp

¿Está Turquía ayudando al Estado Islámico?

Ankara antepone el derrocamiento de Assad y la lucha contra los kurdos a la amenaza yihadista

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Entre los estudiosos del conflicto de Afganistán y Pakistán, parece un hecho asumido que los servicios de inteligencia paquistaníes, el ISI, han estado jugando a un doble juego durante estos últimos años, pretendiendo ayudar a la coalición occidental en suelo afgano al tiempo que se resistían a las presiones estadounidenses para cortar su relacion con los talibanes, a quienes apoyaron durante la guerra civil de los años 90 para contraponerlos a una Alianza del Norte respaldada por la India. Este vínculo entre el ISI y los talibanes está tan asumido que incluso ha inspirado el argumento de la última temporada de la popular serie estadounidense de espías «Homeland».

¿Está Turquía practicando una estrategia similar con el Estado Islámico? A estas alturas, existen pocas dudas sobre el apoyo que Ankara ha prestado a grupos yihadistas en Siria, con el propósito de usarlos tanto contra el régimen de Bashar El Assad como, sobre todo, contra los nacionalistas kurdos. Las evidencias sobre islamistas radicales siendo atendidos en hospitales turcos, paseándose libremente por el sur de Turquía, y hasta jactándose del apoyo turco, son difíciles de ignorar.

Por ejemplo, a finales de 2012, y durante casi todo 2013, se produjeron enfrentamientos entre batallones islamistas del Ejército Sirio Libre y las milicias kurdas YPG en la localidad fronteriza de Ras Al Ayn, conocida en kurdo como Serekaniye. En algunos videos publicados en internet por aquella época podía verse perfectamente a combatientes yihadistas –aunque no necesariamente miembros del Estado Islámico- llegando en camiones por territorio turco hasta el paso fronterizo y cruzando a pie para reforzar el frente.

Cuando la comunidad internacional empezó a perseguir financieramente al Frente Al Nusra, que siempre ha exhibido orgulloso su estatus oficial de «la rama siria de Al Qaida» –y cuya ruptura oficial con el Estado Islámico todavía no se había producido-, y a incluir a ambas organizaciones en sus listas de grupos terroristas, Ankara se resistió durante mucho tiempo a hacer lo mismo. Al final, as presiones internacionales surtieron algún efecto, y las autoridades empezaron a poner trabas al interminable flujo de yihadistas que penetraban en Siria e Irak a través de Turquía, y a sus actividades financieras.

Resistencia ante la coalición internacional

Pero después de que el EI asaltase el consulado turco en Mosul y tomase a más de setenta ciudadanos turcos como rehenes, la actitud turca ha regresado a la ambigüedad de antaño. La cosa va desde la mera anécdota (como la cancelación de una serie de acción en la televisión turca después de que grupos yihadistas expresasen su malestar por la forma en la que se les retrataba) hasta la resistencia a colaborar con la coalición internacional contra el Estado Islámico.

Hasta ahora, Turquía se ha estado negando a permitir que se utilice la base aérea de Incirlik en las misiones de bombardeo contra el EI a menos que la coalición adopte un plan mucho más ambicioso: la creación de una zona de exclusión aérea en el norte de Siria –algo que también defiende Francia, pero a lo que EE.UU. se resiste-, y el inicio de una operación militar completa para derrocar a Assad. «La posición de Turquía seguirá siendo la misma hasta que se pongan en marcha nuestras demandas», aseguró Erdogan el pasado 19 de noviembre.

Pero la cosa podría ir mucho más allá. Los nacionalistas kurdos lleva mucho tiempo la connivencia entre el gobierno turco y los combatientes islamistas, especialmente durante el asalto a la localidad kurda de Kobani, asediada desde hace más de medio año. Activistas kurdos han montado campamentos de vigilancia a lo largo de toda la frontera para tratar de impedir, según dicen, que Turquía le suministre armas al Estado Islámico para la toma de Kobani. Aunque todos parecen convencidos de dicho apoyo, no existen pruebas tangibles que respalden la acusación. Al menos hasta ahora.

El pasado sábado, cuatro suicidas atacaron las posiciones kurdas en los cuatro puntos cardinales de Kobani. La primera explosión, un camión bomba, ocurrió en el extremo norte de la ciudad, en la frontera con Turquía, e inmediatamente todos los responsables de las milicias YPG y de su rama política, el partido kurdo PYD, aseguraron que el vehículo había entrado desde territorio turco.

¿Conspiración del MIT?

Este corresponsal visitó la zona el pasado septiembre, y, visto el lugar de la detonación, considera improbable –aunque no imposible- que el camión pudiese haber llegado por otra vía, para lo que habría tenido que recorrer varios kilómetros sobre la vía del tren bajo fuego enemigo. Pero además, inmediatamente después de la detonación, se desató una ofensiva yihadista en la que por lo menos algunos combatientes dispararon contra Kobani desde suelo turco, como puede verse al final de este video. El edificio en el que se parapeta el combatiente, así como los depósitos adyacentes, están situados en territorio turco: fue el lugar por el que el enviado especial de ABC pudo salir hacia Turquía tras haber entrado, por unas horas, en el cerco de Kobani.

Hay, además, otra acusación gravísima lanzada por los nacionalistas kurdos. Según la agencia kurda ANHA, los administradores del servicio eléctrico de la vecina Suruç recibieron «órdenes externas» de cortar la electricidad entre las 4 y las 5 de la madrugada. Y fue a las 5 de la mañana cuando tuvo lugar la detonación del primer camión bomba, cuyo estallido fue la señal para lanzar el ataque. Los trabajadores de la central eléctrica están convencidos de que el corte de luz fue orquestado por los servicios de seguridad turcos, el MIT, para permitir que los yihadistas preparasen la ofensiva en la oscuridad, sin ser detectados antes de tiempo.

Hay más datos: hace dos semanas, la revista estadounidense «Newsweek» publicó una entrevista con un antigo miembro de la organización yihadista, en la que este aseguraba haber viajado en un convoy del EI desde la ciudad siria de Raqqa hasta el frente de Serekaniye, otro de los bastiones kurdos en el norte de Siria, a través de territorio turco. «Los comandantes del Estado Islámico nos dijeron que no tuviésemos miedo porque había cooperación plena con los turcos, y nos insistieron en que no iba a pasar nada», afirma el militante, indentificado el seudónimo de Omer. «Así es como viajan regularmente desde Raqqa y Alepo a las áreas kurdas del norte de Siria, porque era imposible hacerlo a través de Siria porque las YPG controlan la mayor parte de la región kurda», explica.

De ser cierto, el ejecutivo de Recep Tayyip Erdogan tendría muchas cosas que explicar. Una posible interpretación es que el gobierno y los servicios de inteligencia turcos todavía le ven muchas ventajas a mantener abiertos los canales de contacto con el Estado Islámico, y que, comparados con la guerrilla kurda o el régimen de Assad, los yihadistas son considerados un mal menor. De momento, las autoridades turcas se limitan a negarlo todo una y otra vez, acusando a la prensa extranjera de inventar mentiras para desestabilizar el país.