El proyecto contra ciberataques de la NSA hace aguas tras los chivatazos de Snowden
Keith B. Alexander, director de la NSA, durante una comparecencia el pasado 8 de agosto en Nueva York - afp

El proyecto contra ciberataques de la NSA hace aguas tras los chivatazos de Snowden

Ese programa se considera la principal víctima de la crisis abierta por el topo

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La intención de la Agencia de Seguridad Nacional de Estados Unidos (NSA) de crear un plan de defensa integral contra ciberataques se ha visto perjudicada por las revelaciones sobre los programas de espionaje desarrollados por la agencia.

Según explicaron varios miembros de la administración estadounidense al «The New York Times», el proyecto liderado por el director de la NSA, el general Keith B. Alexander, está condenado a no prosperar debido al descontento generado por las filtraciones realizadas por el ex empleado de la CIA y ex consultor de la NSA Edward Snowden.

«El plan fue siempre algo vago, al menos como Keith lo describía, pero hoy puede considerarse la víctima más grande de Snowden», señaló al diario un oficial cercano al proyecto, quien añadió que «cualquier atisbo de confianza que había, ahora ha desaparecido».

Como puntualizó este oficial, el plan de Alexander no había sido desarrollado en profundidad. La única certeza era su intención de prevenir, gracias a la detección temprana y el bloqueo, cualquier ciberataque contra los sistemas informáticos de EE.UU., ya sean de agencias como la NSA, el FBI o la CIA; como de bancos, aerolíneas y corporaciones de relevancia.

Más volumen de información

Para llevar acabo esta labor profiláctica, la NSA debería tener acceso y evaluar diariamente un volumen de información mucho mayor del que controla actualmente. El principal problema es que el tipo de tecnología necesaria para filtrar e impedir ciberataques es esencialmente la misma que la NSA utiliza en su denostado programa de espionaje Prism.

El programa quedó al descubierto el pasado 6 de junio cuando Snowden filtró a los periódicos «The Guardian» y «The Washington Post» documentos que demostraban su existencia. Desde entonces, la NSA ha tenido serios problemas para justificar este sistema de escrutinio de las comunicaciones ciudadanas que lleva a cabo principalmente, pero no en exclusiva, dentro de las fronteras de EE.UU.