Habitantes de Osetia del Sur esperan para recibir comida en una iglesia durante la guerra de 2008
Habitantes de Osetia del Sur esperan para recibir comida en una iglesia durante la guerra de 2008

Moscú presiona para que Georgia se aleje de la OTAN

Rusia establece unilateralmente la frontera de Osetia del Sur y la llena de alambrada pese a los intentos de las nuevas autoridades de Tiflis de normalizar las relaciones

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El nuevo hombre fuerte de Georgia, el primer ministro, Bidzina Ivanishvili, ha hecho de la normalización de las relaciones con Rusia uno de los ejes principales de su política. Así lo ha venido declarando desde que ganó las legislativas el año pasado y formó Gobierno. Sin embargo Moscú ha anunciado que jamás propiciará que Osetia del Sur y Abjasia vuelvan a pertenecer a Georgia y presiona además para que el país caucásico renuncie a integrarse en la OTAN.

La última medida de Moscú en esa dirección ha sido trasladar unilateralmente la línea de demarcación entre Osetia del Sur y Georgia 300 metros y llenarla de alambre de espino, obstaculizando así seriamente el movimiento de los habitantes de numerosas aldeas cercanas. El Ministerio de Exteriores georgiano y la OTAN han condenado la actitud de Rusia.

La ONU y la inmensa mayoría de los países del mundo reconocen Abjasia y Osetia del Sur como territorios bajo soberanía georgiana. No así Rusia, Venezuela, Nicaragua y dos miniestados del Pacífico. Tras la guerra relámpago de agosto de 2008, Rusia arrebató a Georgia Osetia del Sur, reconoció su independencia, así como también la de Abjasia, y reforzó sus tropas en ambos enclaves.

El secretario general de la OTAN, AndersFogh Rasmussen, dijo el miércoles en Bruselas que los países miembros «seguimos apoyando la integridad territorial y soberanía de Georgia así como también sus fronteras internacionalmente reconocidas». Rasmussen calificó de «violación de la ley internacional» la construcción de vallado entre Georgia y Osetia del Sur.

El secretario general de la Alianza manifestó que Georgia «es un socio privilegiado» de la OTAN y expresó el deseo de que se convierta en miembro de pleno derecho, tal y como se decidió en la cumbre de Bucarest de 2008. Entonces se instó a Tiflis a cumplir lo antes posible los criterios de adhesión. Rasmussen reconoció también la contribución de Georgia a las operaciones de la Alianza en Afganistán, en donde un ataque suicida acabó con la vida de siete militares georgianos la semana pasada.

Pero Rusia siempre se ha opuesto a que su vecino entre a formar parte de la OTAN. Incluso antes de la guerra de 2008, Moscú tenía ya presencia militar en Osetia del Sur y Abjasia, provincias que se declararon independientes a comienzos de los años 90.

Rusia no los «traicionará»

El presidente Vladímir Putin ha dejado claro que su país está dispuesto a normalizar las relaciones con Georgia, pero ha advertido que no revisará la decisión de reconocer como estados independientes los dos territorios en litigio.

El ministro de Exteriores, Serguéi Lavrov, reiteró en febrero las palabras de Putin. «Tenemos intención de desarrollar la cooperación con Georgia en distintas áreas, pero no al precio de traicionar a nuestros hermanos de Osetia del Sur y Abjasia. Esto no ocurrirá nunca», aseguró Lavrov.

El emisario georgiano para recomponer las relaciones con Moscú, Zurab Abashidze, afirma que un sondeo ha revelado que el 80% de la población de Georgia «está a favor de superar el atolladero en el que se encuentran las relaciones con Rusia».

Ivanishvili venció en las pasadas legislativas incluyendo en su programa el restablecimiento de las relaciones con el gran país eslavo como algo prioritario. Sin embargo, resulta contradictorio que defienda al mismo tiempo la entrada de su país en la OTAN.

El jefe del Gobierno georgiano ha lanzado una autentica persecución contra el entorno del todavía presidente, Mijáil Saakashvili, a quien considera el principal culpable de la ruptura de lazos con Rusia por emplear la fuerza en 2008 a fin de tratar de recuperar Osetia del Sur.

De acuerdo con la última reforma constitucional, gran parte de los poderes de la Presidencia han pasado al Parlamento. Saakashvili deberá además dejar el cargo antes de que acabe el presente año, ya que en octubre se celebrarán elecciones presidenciales. Él no puede presentar su candidatura al haber consumido los dos mandatos que permite la Carta Magna.