El edificio de la Burlington Coat Factory
El edificio de la Burlington Coat Factory - afp

La «mezquita de la Zona Cero» y la intolerancia religiosa

Martha C. Nussbaum, Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, explica en su último libro «cómo superar la política del miedo en una época de inseguridad»

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El proyecto de construcción de un centro cultural con mezquita incluida en las inmediaciones de la Zona Cero de Nueva York sigue en pie. Al igual que las campañas en su contra, que ven en el plan un insulto a las víctimas de los ataques que sufrió la «capital del mundo» el 11 de septiembre de 2001. En su último libro «La nueva intolerancia religiosa», Martha C. Nussbaum habla sobre este asunto y otros de características parecidas pero, sobre todo, habla del miedo y el desconocimiento como causas de las actitudes irrespetuosas con la fe ajena en las sociedades occidentales. Tal y como se puede leer en el subtítulo de la obra, su autora, judía y catedrática de Derecho y Ética de la Universidad de Chicago, ofrece al lector las claves para «superar la política del miedo en una época de inseguridad».

Tras el ataque a las Torres Gemelas del 11-S muchos edificios quedaron dañados. Había que dar nueva vida al sur de Manhattan, y Sharif El-Gamal, un joven empresario musulmán de padre libanés y madre católica polaca, vio en esa circunstancia una oportunidad para resolver el problema de la falta de espacio para el rezo musulmán en su barrio. Había dos mezquitas, pero en una sólo cabían 65 personas y en la otra 1.500, en cualquier caso aforo insuficiente para cubrir las necesidades de la comunidad islámica de la zona, que en ocasiones rezaba en la calle.

Uno de los edificios que sufrieron los atentados terroristas fue el de la Burlington Coat Factory, una bella construcción de estilo italianizante del siglo XIX. Cuando quedó desocupado, El-Gamal vio en el suelo que ocupaba el lugar idóneo para levantar un centro cultural que albergase una mezquita, de manera que lo compró en 2009. «A El-Gamal, que había llevado a sus hijos a clases de natación en el Centro Cultural Judío del Upper West Side de Manhattan, se le ocurrió entonces la posibilidad de construir unas instalaciones similares en el sur de Manhattan, abiertas a gentes de todas las confesiones, en las que se pudieran realizar una amplia diversidad de actividades para los vecinos (clases, deporte, programas para niños) y que incluyeran también un espacio para la oración de los musulmanes», cuenta Nussbaum. El complejo incluiría un gimnasio, una piscina, una cancha de baloncesto, escuelas de cocina y bellas artes, un auditorio...

El-Gamal decidió que el líder espiritual del centro e imán de su mezquita fuese Feisal Abdul Rauf, un musulmán sufí de origen kuwaití. La corriente islámica que profesa Rauf, el sufismo, siempre se ha declarado contraria a la violencia y ha apostado por el entendimiento entre diferentes credos. Además, el imán kuwaití tachaba los atentados perpetrados en nombre del islam de «antiislámicos» y a los musulmanes radicales de «altomedievales». Por su parte, El-Gamal, que había participado en las labores de auxilio el 11-S, aseguró que no toleraría en el centro ningún tipo de actividad ni retórica que fuese ilegal o antiestadounidense. «Las ideologías radicales y marcadas por el odio no tendrán cabida en nuestro centro cultural ni en la mezquita. Estamos construyendo este centro para la ciudad de Nueva York, porque somos neoyorquinos. Somos estadounidenses. Aquí tenemos nuestras familias y nuestros futuros», afirmó.

Comienzan los problemas

En un primer momento el proyecto de El-Gamal no tuvo enfrente ningún obstáculo. La cosa empezó tranquila, incluso la periodista ultraconservadora Laura Ingraham dio su apoyo a la idea en su programa de la Fox «The O'Reilly Factor», aunque más adelante se uniría a la «troupe» antimezquita. Los problemas para el plan comenzaron a surgir cuando trascendieron los artículos de la ultraderechista Pamela Geller en su blog islamófobo « Atlas Shrugs», uno de los preferidos por Anders Breivik, el asesino de decenas de jóvenes noruegos en la isla de Utoya. El blog muestra a los musulmanes como amenaza e insiste en que la «mezquita» se convertiría en un club de yihadistas y supondría un insulto para las víctimas del 11-S y sus familiares. La veda se levantó cuando la Fox se hizo eco de los escritos de Geller y políticos como Sarah Palin y Newt Gingrich se subieron al carro del que tiraba la bloguera.

En una de las manifestaciones en contra del plan de El-Gamal, un seguidor del Tea Party afirmó micrófono en mano que el centro serviría «para el culto al dios-mono de los terroristas». Por su parte, Pamela Geller puso propaganda en los autobuses urbanos de Nueva York que mostraba un dibujo de la «mezquita» junto a escenas de los atentados del 11-S. En cualquier caso, en mayo de 2010 la Junta Local de Distrito nº1 dio su visto bueno al proyecto por 29 votos a uno, con diez abstenciones. Pero surgió un nuevo obstáculo: una propuesta para declarar el edificio que albergaba la Burlington Coat Factory «monumento de interés», calificación que evitaría la construcción del centro en su lugar. Tal y como cuenta Nussbaum, el alcalde Michael Bloomberg, se cerró en banda: «Ceder al sentimiento popular supondría entregar una victoria en bandeja a los terroristas», dijo el político judío.

«Ceder al sentimiento popular supondría una victoria para los terroristas»

En contra del centro también jugó la imprudencia de su líder espiritual, Feisal Abdul Rauf, que en el programa de la CBS «60 minutes» afirmó que EE.UU. era cómplice del 11-S. Después aclaró que se refería al apoyo dado en el pasado por el país a Osama Bin Laden y los talibanes de Afganistán contra el gobierno títere de los soviéticos. Pero ya era dem asiado tarde. A Nussbaum le sorprende asimismo que Rauf tampoco previera la reacción de los contrarios al proyecto tras escoger como nombre para este el de «Casa Córdoba» ( Cordoba House): «El nombre […] aludía a la ciudad española que, en la Edad Media, fue lugar de convivencia y cooperación entre musulmanes, cristianos y judíos. [...] Pero, evidentemente, esa mención recordó a muchos la conquista musulmana de España en el siglo VIII y, por consiguiente, la idea del dominio musulmán sobre los cristianos».

Ante la confusión que creaba el nombre, El-Gamal prefirió cambiarlo por el de «Park 51» y anunció que Rauf dejaba de ser portavoz del proyecto y futuro imán de su mezquita. En la actualidad, El-Gamal continúa recaudando fondos para el plan, y desde septiembre de 2011 se realizan distintas actividades -entre ellas, el rezo musulmán- en el renovado edificio de la Burlington Coat Factory.

Contra el desconocimiento

Martha C. Nussbaum, último Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, denuncia en su libro la desinformación que sufren muchos de los que se oponen a Park 51. Frente a quienes afirman que Sharif El-Gamal pretende construir «una mezquita en la Zona Cero», la filósofa aclara que el proyecto no es de construcción de una mezquita, sino de un centro multiconfesional que incluye una mezquita. Además, el edificio estará a tres manzanas de la Zona Cero. «También cabe destacar que esa área del sur de Manhattan no es un lugar sagrado, como bien muestra la presencia de un local de apuestas y de dos clubes de striptease», añade la autora.

¿Por qué justo en ese emplazamiento? Porque lo que perseguía El-Gamal era, sencillamente, satisfacer la necesidad imperiosa de un lugar para el rezo de los musulmanes del barrio y, de paso, hacer algo en favor de todos los neoyorquinos del sur de Manhattan. En el debate de 2010 en la Junta municipal Lee Hanson, que perdió a su hijo el 11-S, afirmó: «Cuando mire hacia allí y vea una mezquita, va a doler». Pero Nussbaum se pregunta: «Cuando dice que “mirará hacia allí”, ¿se refiere a que lo hará “desde la Zona Cero”? Si es así, el señor Hanson está mal informado, pues el centro no será visible desde donde está actualmente emplazado el monumento a las víctimas».

También hay quien dice contra el centro que, con él, los musulmanes quieren lanzar un mensaje triunfalista que dé a entender que el 11-S derrotaron a Estados Unidos. Pero tanto El-Gamal como Rauf, como hemos visto más arriba, defienden posturas radicalmente contrarias al terrorismo y al extremismo islámico. Como explica Nussbaum, «este error viene motivado por otro mucho más general: la identificación que muchos hacen del islam con sus corrientes más radicales y violentas, y la ignorancia más absoluta acerca de lo que el sufismo ha representado en la historia de esta tradición religiosa».

«El centro servirá de célula de organización del islamismo radical», dicen otros. «Este error tiene como telón de fondo […] la incapacidad para reconocer las diferencias (e incluso conflictos) entre distintas ramas y corrientes de una misma religión, y el del bulo de que los musulmanes siempre mienten», afirma la autora, para quien el temor será racional «siempre y cuando se ciña a los atentados terroristas del 11-S y a la amenaza de cara al futuro que se puede deducir de ellos».