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Alauitas, la secta que manda en Siria y no cree que las mujeres tengan alma

Día 04/06/2013 - 17.52h
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El dictador Bashar al Assad pertenece a esta minoría, una rama del islam chií que muchos musulmanes consideran una herejía

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Bashar al Assad en una manifestación de apoyo al régimen
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Los Assad. Sentado, Hafez, el patriarca, y segundo por la izquierda, Bashar
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Bashar al Assad recibe a una delegación de líderes religiosos de Siria
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Bashar al Assad en el Parlamento sirio
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Se los confunde con la dinastía alauí de Marruecos y los alevíes turcos, pero forman un grupo musulmán diferente. Los alauitas son unos dos millones distribuidos entre Líbano, Antioquía (Turquía) y Siria. En este país viven la mayoría, son aproximadamente un 10 por ciento de la población y desde los años 70 han ocupado los principales centros de poder. El dictador Bashar al Assad y su familia pertenecen a esta secta, una rama del islam chií que, por sus costumbres y creencias -algunas ocultas-, muchos musulmanes consideran una herejía.

También son conocidos como «nusairíes», sin embargo ellos prefieren llamarse «alauitas» o «alauíes», por Alí, primo y yerno del Profeta Mahoma. Esta corriente religiosa puede ser considerada una rama muy heterodoxa del islam chií, que cree que Alí fue el primer imán, o líder espiritual de la comunidad musulmana, y considera a sus descendientes legítimos sucesores de Mahoma. Pero algunas de las costumbres y creencias alauitas chocan con las del islam «mainstream» o mayoritario.

La profesora de la Universidad Autónoma de MadridGema Martín Muñoz explica en «El islam y el mundo árabe» que «la de los alauitas es una de las doctrinas más singulares. La comunidad se divide en iniciados y profanos, con exclusión de las mujeres, a las que no conceden que tengan alma y, por ello, a Fátima, hija de Mahoma, le dan el nombre masculino de Fátir, “creador”. Tienen tres grados de iniciación y un libro sagrado litúrgico. Su calendario contiene fiestas religiosas suníes, chiíes y cristianas. No tienen templos y sus ceremonias las celebran en casas particulares, pero usan incienso, velas y consagración del vino».

Alauitas, la secta que manda en Siria y no cree que las mujeres tengan alma
wikimedia commons
Mapa de la distribución de los alauitas

Los alauitas celebran la Navidad, la Epifanía o «Noche de Reyes» y la Pascua cristianas. Interpretan de forma alegórica el Corán y los Pilares del islam, por eso no ven como obligatorias la realización de las cinco oraciones diarias, el ayuno en Ramadán y la peregrinación a La Meca. Además, según algunos autores, creen que Alí es Dios hecho carne, y que creó a Mahoma «de su propia luz». De esta manera, el Profeta, su yerno y Salmán -un santo chií- forman para los alauitas algo así como una santa trinidad. Cuando algunos sunitas les acusan de seguir las enseñanzas del libro secreto Kitab al Majmu (El Libro de la Colección) los alauitas callan y aseguran guiarse, además de por el Corán, por el Nahj al Balagha, que recopila sermones, escritos y narraciones que se atribuyen a Alí.

Alí reencarnado en zorro

Los alauitas creen que los seres humanos son estrellas caídas del cielo, y que deben reencarnarse siete veces aquí en la tierra para ocupar de nuevo un lugar allá arriba, donde Alí es el príncipe. La experta en estudios de Oriente Próximo Elena Supónina cuenta en «El valor de la reencarnación del alma en las protestas en Siria» que «para entender del todo en qué se diferencian los alauitas de otras ramas del islam, hay que preguntarle a un sirio si cree en la reencarnación. Si responde que es una fábula, estamos ante un sunita o un cristiano, pero si empieza a contar que el alma después de la muerte se puede reencarnar en un recién nacido o incluso en un animal, nuestro interlocutor es, sin lugar a dudas, alauita».

La autora visitó en Siria aldeas de esta minoría religiosa, y pudo escuchar historias como la de un campesino que se reencarnó en zorro. «Alí siempre fue muy listo y, cazando, al ver a aquel zorro me di cuenta de que seguramente era él, y no pude disparar contra el animal», le contó un vecino de una de aquellas comunidades alauitas.

Mimetizarse para sobrevivir

Para el investigador experto en el Mediterráneo y el Mundo Árabe del Real Instituto Elcano, Haizam Amirah Fernández, el hermetismo de esta minoría ha facilitado el mito. «Existe en las creencias alauitas una mezcla de elementos místicos, esotéricos y preislámicos. Y por la dificultad enorme de acceder a esos conocimientos y lugares de reunión de los iniciados, se ha creado un halo de misterio y desconfianza hacia ellos».

«En el discurso público y oficial de los dirigentes de la comunidad alauita estas creencias no se reconocen pero, en cualquier caso, muchos alauitas no iniciados no sabrían dar una respuesta» sobre las creencias más ocultas de la secta, afirma. Así, los alauitas practican una especie de «taqyya» o disimulo de las creencias religiosas propias cuando uno teme por su vida, la de sus familiares o por la pervivencia de su credo. «Además, no son proselitistas, lo que se opone a la doctrina del islam mayoritario que, como el cristianismo, sí lo es», recuerda Amirah.

«Los alauitas han buscado en el chiismo el reconocimiento de su pertenencia al islam aceptado u homologado, consiguiendo que algunos líderes de esta rama del islam hayan certificado que son sus seguidores. A pesar de que Siria y el Baaz [partido en el poder] siempre se han presentado como laicos, Hafez al Assad [alauita y padre de Bashar] promovió ciertas prácticas rituales, como el ayuno en Ramadán o la peregrinación a La Meca. Ayunaran o no de verdad, en el espacio público no veías un festín de alauitas en un restaurante durante las horas de sol en medio de Ramadán», explica el investigador del Real Instituto Elcano.

La conquista del poder

El origen geográfico de la comunidad se encuentra en las montañas de la costa mediterránea de Siria. Elena Supónina cuenta que, durante siglos, «los alauitas, en su mayoría, fueron campesinos medio analfabetos o empleados domésticos» que trabajaban para la mayoría sunita. Tras la caída del Imperio Otomano, los franceses se apoyaron en alauitas, cristianos y drusos para compensar el poder sunita. «Los colonizadores franceses crearon tres Estados independientes con sus respectivos centros en Damasco, Aleppo y Latakia. Esta última ciudad, situada a orillas del mar Mediterráneo fue proclamada capital del Estado Alauita», afirma la periodista rusa. Pero esta autonomía desaparecería con la independencia y el surgimiento de un estado centralizado.

Alauitas, la secta que manda en Siria y no cree que las mujeres tengan alma
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Hafez y Bashar al Assad

«En los años 50 y 60 del siglo XX los jóvenes alauitas irrumpieron en las escuelas militares y luego en la política, entusiasmados con las ideas del socialismo y el nacionalismo panárabe que buscaba borrar las diferencias existentes entre las diferentes comunidades religiosas», explica Supónina. En épocas de paz, los principios laicos del régimen han permitido «contraer matrimonios mixtos y por amor, y no de acuerdo con las tradiciones establecidas por las confesiones». Como entre Bashar al Assad y su esposa Asma, que «procede de una acaudalada e influyente familia sunita», recuerda.

Gema Martín Muñoz explica el origen del Partido Baaz Árabe Socialista, en el poder en Siria: «El “baaz” (resurrección) es una ideología elaborada a principios de los años 40 por dos sirios, Michel Aflaq -cristiano- y Salah al Din Bitar -musulmán sunita- [también por Zaki al Arsuzi, alauita], en la que la unidad árabe y el socialismo, árabe también, constituyen los dos pilares básicos. A partir de 1953, convertido en Partido Baaz Árabe Socialista, llevará a cabo una intensa acción política para acceder al poder, lo que no conseguirá hasta 1963 en Siria y 1968 en Irak».

En 1970 Hafez al Assad da un golpe de estado tras el que se instaura una dictadura del Baaz que con el tiempo quedará en manos de la minoría alauita, sobrerrepresentada en el Ejército sirio y el Partido, en un país en el también viven cristianos y drusos y un 70 por ciento de la población es sunita. «Hoy en día, el inicial panarabismo baazista se ha transformado en un nacionalismo gran-sirio, la sensibilidad laica se ha desviado hacia una hegemonía confesional alauita y el socialismo moderado en un liberalismo económico autocráticamente dirigido», sentencia Martín Muñoz.

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