«Es un error decir a los niños que si comen las verduras, podrán tomar después un helado»

Las emociones negativas o la inestabilidad nos hace comer mal y compulsivamente

MADRIDActualizado:

¿Por qué tendemos a comer alimentos ricos en grasa o en azúcares? o ¿Por qué comemos compulsivamente? La doctora Laura Isabel Arranz nos explica cómo una buena relación con los alimentos durante la infancia, es fundamental para ser adultos sanos. Según afirma esta profesional, la comida es pura emoción. «Al nacer el nuestras primeras comidas están impregnadas de una importante sensación de bienestar, seguridad y amor en brazos de la madre. Comemos para vivir, pero también vivimos momentos especiales compartiendo alimentos con nuestros seres queridos. No solo comemos por los ojos, la cocina y la comida acarician todos nuestros sentidos, vista, olfato, gusto, tacto e, incluso, el oído».

Este es el motivo, asegura, por el que también hay una parte oscura en esta relación: «a veces, las emociones negativas o la inestabilidad nos hace comer mal y compulsivamente. Pero, ¿por qué ocurre todo esto? Hay un vínculo muy potente entre la alimentación, la lactancia materna y el instinto de supervivencia».

«Nuestro cuerpo entiende el hecho de comer como algo que ayuda a sobrevivir, y el primer alimento que comemos y reconocemos como seguro es la leche materna que se compone mayoritariamente de azúcares y grasas. Por eso queda en nuestro cerebro ese «recuerdo» imborrable y siempre -en mayor o menor medida- tendremos un vínculo especial con los alimentos ricos en grasas y/o ricos en azúcares», comenta la doctora.

¿Por qué nos gusta lo que no nos conviene?

Según esta doctora, la respuesta es sencilla: «Pues porque nuestro organismo lo reconoce como seguro y energético (calórico), lo que nos iría bien si hubiera escasez de alimentos, que no es el caso. Por eso conviene que no fomentemos en los niños esta afinidad por alimentos demasiado calóricos, ricos en grasas o azúcares, ya que solo conseguiremos favorecer problemas de salud, entre ellos, la obesidad». Las emociones crean una huella muy profunda en el comportamiento alimentario. Durante la infancia es prioritario que evitemos mezclar alimentación y emoción ya que estamos influenciando el comportamiento futuro del niño ante la comida, es decir, cuando sea adulto», añade Arranz.

«Si a los pequeños les consolamos la tristeza o las decepciones con comida, estamos fomentando que de adultos coman ante problemas, situaciones difíciles o estrés. Y si les decimos que si comen las verduras o el pescado, podrán comer un helado, obviamente estamos generando el mensaje de que el dulce sí que es para disfrutar y da placer… pero que las verduras y el pescado no. Por lo tanto, es importante educar a los niños en un proceso en el que descubrir los sabores, las texturas o los olores de los alimentos, sea estimulante y emocionante», aconseja la especialista.

Aprender a comer bien en familia

De esta forma, igual que les enseñamos a caminar, a leer, a escribir, a lavarse los dientes o a vestirse, debemos enseñarles a comer. «Su primer alimento es la leche, pero a partir de ahí todo lo demás lo deberían probar con todos los sentidos, las veces que haga falta, hasta llegar a disfrutar del más amplio abanico de productos, recetas y preparaciones. En este proceso educativo debemos darles tiempo, tener paciencia y ofrecerles oportunidades de probar alimentos preparados de diferentes maneras...», advierte.

Para la doctora Arranz es muy necesario «que el acto de comer se produzca en un contexto agradable y positivo, relajado y sin prisas, encontrando siempre el momento para compartir alguna comida del día juntos. Esto será garantía de éxito».

En resumen, «los niños necesitan comer adecuadamente para nutrir su cuerpo y disfrutar de buena salud. Procuremos que no haya emociones negativas relacionadas con la comida y que lo que proporcionamos sea sano y deleite sus sentidos. Comer relaja y produce placer, pero comer de una forma desequilibrada perjudicará su salud», concluye la autora de la Dieta Lógica.

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