VUELTA AL COLE 2019¿Por qué mi hijo sigue llorando al ir al colegio? Claves para superarlo

Una de las mayores preocupaciones de los padres surge cuando la adaptación de su pequeño no se logra fácilmente

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Septiembre ya está aquí y ha llegado ese momento en el que toca volver a la rutina. Nadie se libra, tanto pequeños como mayores «sufren» el fin del verano y de los largos días de vacaciones. Con la llegada del noveno mes del año aflora uno de los mayores temores de los padres: que los niños no se adapten fácilmente a las clases.

¿Por qué muchos menores lloran cuando los progenitores los dejanen la escuela para volver a casa o partir a su lugar de trabajo? Manuel Antonio Fernández, más conocido como El Neuropediatra, lo tiene claro: «Cada vez que oigo a una madre decir que su hijo no quiere ir al colegio me viene a la cabeza un razonamiento muy sencillo: "Si nos ponemos por un momento en su piel cuando entra en clase por primera vez, entenderemos que es algo totalmente nuevo para él"».

Empezar un trabajo nuevo, del que no se sabe absolutamente nada y donde no se conoce a nadie, supondría para un adulto una sensación parecida. «Al fin y al cabo, el ser humano es amigo de las rutinas y enemigo de los imprevistos impuestos. El rechazo a ir al colegio es normal, en términos generales. Pese a ello, la situación es diferente según la edad. Hay casos en los que debemos estar alerta», apostilla.

Periodos de adaptación, ventajas y desventajas

Agarrados a la mano de sus padres y con lágrimas cayendo por sus mejillas, así arrancaron muchos escolares el curso. Para muchos no era la «vuelta al cole», era la primera vez que lo pisaban en su vida. Tras haber cruzado el umbral de la clase y haber encontrado su lugar entre las pequeñas mesas que la llenan, llegó la hora de afrontar uno de los pasos que pueden ser más complicados: la adaptación.

«El proceso de adaptación a la guardería de un niño de seis meses no tiene nada que ver con el de uno de dos años» afirma el especialista. «Además, no suele haber indicaciones a los padres sobre cómo tiene que actuar en estos casos ni sobre procesos de adaptación eficaces, más allá de empezar poco tiempo e ir ampliando».

Entre las ventajas de este periodo se encuentra una mayor facilidad ante los cambios de rutina tanto por parte de la familia como por parte del niño. Además, los cuidadores aprenden progresivamente los gustos, las necesidades y las peculiaridades de cada uno de los alumnos que llenan de vida sus respectivas aulas.

Por su parte, los inconvenientes de estos tiempos de adaptación se encuentran en que la duración de los primeros días de clase puede llegar a ser muy corta para adaptarse a los cambios de hábitos y rutinas que trae consigo el mes de septiembre.

Los niños lloran por miedo a lo desconocido

«Todo se debe al miedo a lo desconocido», explica Fernández. «Todo se debe al hecho de salir de una situación de seguridad en la que todo es predecible para ellos».

Al pasar los primeros momentos de incertidumbre y conocer lo que ocurre en realidad, el niño se tranquiliza porque todo vuelve a ser predecible para ellos. Así son la mayoría de ellos, aunque no todos. Una vez superada la primera sensación de peligro ante lo desconocido, empieza a sentirse seguro y tranquilo.

Ante este tipo de situaciones los padres deben confiar en el colegio y hablar con su hijo para que se familiarice con aquello que es nuevo para él. En este aspecto es muy importante no mentir. Va a pasarlo muy bien jugando y aprendiendo con todos sus compañeros y, al final del día, llegará el momento de volver a casa con sus padres.

Los cambios suponen introducir en nuestra rutina algo nuevo o diferente y en ocasiones la novedad, lejos de parecer algo sugerente, genera incertidumbre. Con los más pequeños pasa lo mismo y los progenitores tienen en sus manos la llave para ayudar a que sobrelleven mejor esta nueva situación.

¿Qué debo hacer yo como padre?

«La mejor forma de evitarlo es prevenir con un proceso de asimilación progresivo», apunta el experto. Si aún así se da el caso, es importante que los chicos vean como los padres comparten tiempo y actividades con los educadores del centro realizando juegos en común para que vayan normalizando la situación y viéndola como normal.

Preocuparse y sentirse mal por ellos, son dos acciones que deben evitarse. Los niños detectan el estrés con gran facilidad y éste repercute negativamente en ellos.

En el caso de que los llantos no cesen a la hora de ir al colegio, Fernández recomienda acudir al colegio para analizar con los educadores las rutinas y hábitos que sigue el menor en su día a día. Observando detenidamente podrá averiguarse qué es lo que hace al pequeño sentirse mal en la escuela y qué provoca su respuesta.

Valorar el contacto con otros alumnos fuera de las instalaciones para disminuir los factores de fricción dentro y usar refuerzos positivos con juguetes u objetos que le resulten agradables ayudará a que aumente su bienestar y disminuya su ansiedad ante este cambio de su vida.

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