«Mi bebé murió en la semana 41 de embarazo, pocas horas antes del parto»

Reclaman que los hospitales públicos tengan protocolos para los casos de muerte perinatal

MADRIDActualizado:

La pesadilla que hace dos años atravesó Beatriz en lo que teóricamente debería haber sido el mejor día de su vida no se la desea esta mujer ni a su peor enemiga. «Lo que me ocurrió es muy fuerte», determina esta gallega, que hace ya tres años perdió a su bebé en la semana 41 más una de embarazo. El trauma por el proceso que atravesó ha llevado a esta mujer a emprender una recogida de firmas en Change.org para que los hospitales públicos instalen un protocolo de muerte perinatal. «Pensaba que yo había tenido muy mala suerte, pero cuando te pones a indagar, ves que le está ocurriendo a muchas más mujeres de las que piensas».

«Mi experiencia fue terrible», comienza a relatar, con la voz quebrada. Tras el fallecimiento y posterior parto vaginal de su niña muerta, tuvo que compartir habitación con otras parturientas y sus bebés, cuyos lloros se clavaban en su dolor. Tuvo incluso que responder, incrédula, a enfermeras que le cuestionaban dónde estaba su hija.

Una niña que, aquel 2 de diciembre (y semana 38 de embarazo de alto riesgo por diabetes gestacional, tiroides e hipertensión), pesaba 4.400 gramos. La siguiente cita estaba programada para el 7 de diciembre para hacer un basal (del latido fetal) y ese día, relata con la voz quebrada, «me resultó extraño que no nos dejaran escuchar el latido de la niña». Al llegar, y estando a las puertas de la consulta esperando, «me vio una enfermera y me preguntó que "si estaba para alto riesgo, porque ese día era puente y no trabajaban" para después decirme que lo entregara en urgencias. Pero de camino a urgencias, sentí como sentía lo que creo que era el tapón mucoso». Por indicación de una enfermera, Beatriz ya se quedó en observación. Pasó de un ecógrafo a otro, por si el bebé estuviera volteado, porque no le encontraban el latido. La niña había fallecido. «Yo no me lo podía creer. Hacía tan solo diez minutos aparentemente estaba todo bien», dice.

Cadena de desgraciados sucesos

A partir de ahí, todo fue una cadena de sucesos que le pondrían los pelos de punta a cualquier futura madre. «Sin más me metieron en una habitación, me dijeron que tenía que tener un parto normal. Ni ayuda psicológica, ni nada. Tardé 24 horas en dilatar y en que me pudieran poner la epidural. Cuando llegó el momento, me llevaron al quirófano». Durante el parto, la niña se quedó atascada, por lo que decidieron realizar una cesárea de urgencia, pero la niña acabó saliendo por vía vaginal. «Le rompieron los hombros, le dañaron la pelvis... poco más y la sacan a trozos», apunta, entre sollozos.

«Cuando me subieron a la planta de maternidad, escuchaba los lloros de los otros bebés, pero a mi me trataban como si no hubiera pasado nada, como si no hubiera existido, como si nunca hubiera estado en mi barriga», cuenta. «No pude ni vestirla, por que ni siquiera la vi», reconoce. «Mi pareja me contó que estaba desnudita, encima de una bandeja, tapada con una toalla, como si fuera un trozo de carne», añade.

Ella es consciente de que, aunque le haya pasado esto, no le tiene por qué volver a pasar, pero tanto ella, como el padre de la criatura, y su suegra siguen en tratamiento psicológico. «Esto ha sido una pesadilla», califica. Es por eso que reclama «ayuda psicológica desde el minuto cero para todas las mujeres que pasen por una muerte perinatal». Así ocurre, compara, en países como Inglaterra, donde «disponen de protocolos que funcionan súper bien. Allí es muy diferente. Conocí a una inglesa que perdió a su bebé a las 24 semanas y me contaba que en el hospital le habían puesto en una habitación que parecía de 4 estrellas y a su hija, en una habitación contigua. Que le ofrecieron ayuda psicológica durante su estancia en el centro y después (a través de una ONG que se llama Sands), un álbum de fotos con la niña, las huellas dactilares impresas en una tarjeta, una mantita tejida, con folletos de orientación... Comparado con la barbaridad que se vive aquí en España, es impresionante».

Partos como «estos no son normales», reconoce, «por lo que no te pueden tratar como un parto normal porque no lo es». Lo ideal, sugiere Beatriz, «sería que te dirigieran un poco, que te ofrecieran folletos, profesionales, asociaciones a las que acudir... No es que pase todo el rato, pero pasa. Y no solo se muere un bebé, se muere una familia que iba a comenzar. También se separan muchas parejas por no tener la ayuda suficiente para superarlo. Porque si el sufrimiento de las madres es terrible después de haber llevado al bebé durante 9 meses, de los padres, ni se habla ni se acuerda nadie. Es que no existen. Y también sufren», señala.

¿Volverá a ser madre? « Por una parte, tengo ganas, pero me aconsejan que todavía no me quede embarazada», cuenta. Mientras tanto sigue luchando por que los sanitarios, los enfermeros... sigan un protocolo en caso de muerte perinatal. «Me imagino que tampoco es un plato de gusto para ellos pasar por esto, pero las cosas se pueden hacer de diferente manera. Y esto no tiene que ver con los recortes en Sanidad, como se defienden algunos. Decir buenos días o buenas tardes no tiene que ver con la crisis, sino con tener un poco de humanidad», concluye.

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