El músico ha sido un fanático de Tintoretto
El músico ha sido un fanático de Tintoretto - ABC

El viaje de ida y vuelta de la primera obra que compró David Bowie

En 1987 adquirió una pintura de Tintoretto que Rubens había comprado cuatro siglos antes

P. ESPINOSA DE LOS MONTEROS
MadridActualizado:

Entre Pedro Pablo Rubens (1577-1640) y David Bowie (1947-2016) existió durante años una conexión: «Ángel anunciando a Santa Catalina de Alejandría su martirio», de Tintoretto. Una obra que enamoró a ambos, quienes en su día la adquirieron y que, además, ambos colgaron en sus respectivas ecasas en medio de una nutrida colección de otras piezas. Rubens lo hizo en Amberes, entre siete Tintorettos más, algún Tiziano y muchos flamencos; Bowie la mostró en su apartamento de Nueva York, entre Basquiat, Auschenbach, Duchamp y 400 piezas más. Fue esta una más de las posesiones del pintor flamenco, apasionado por la pintura italiana; pero constituyó la primera gran adquisición del músico londinense, tras la cual vendría una gran colección, sobre todo de pintura y diseño contemporáneos.

Pero esta obra le era tan querida a Bowie, que a su hija pequeña, nacida en el año 2000 fruto de su matrimonio con la modelo somalí Iman, no dudó en llamarla Alejandría.

«En 1987 -cuenta Jorge Coll, al frente, junto a Nicolás Cortés, de la Galería Colnaghi de Londres-, David Bowie compró a nuestra galería este cuadro de Jacopo Tintoretto (1519-1594), realizado a finales de 1570. En noviembre pasado, se subastó la colección de Bowie a través de la casa Sotheby’s, un coleccionista privado, amigo nuestro, adquirió la obra por unas 200.000 libras (227.340 euros) e inmediatamente después de la compra, anunció su propósito de dejarla en préstamo al Rubenshouse de Amberes, para que volviera a la casa donde permaneció durante tanto tiempo y pueda ser admirada por sus visitantes».

El arte como pasión

Se ha escuchado y leído mucho sobre Bowie músico y actor, pero, además, había estudiado en la School of Art de Craydon y tenía un ojo crítico muy experto; además, él tmabién pintaba y dibujaba. Siempre decía que «el arte fue lo único que seriamente quiso poseer». Como coleccionista, empezó a finales de los 80 y fue un comprador extremadamente prudente: compraba bueno y barato, tras recorrer sin descanso museos y galerías para orientarse y conocer.

A sus 69 años, cuando murió, había formado una colección de unas 380 obras sobre todo del siglo XX. Meses después de su fallecimiento, su viuda y sus hijos decidieron sacar a subasta su «tesoros», pues, según dijeron, era el momento de dar la oportunidad a la gente de ver lo que a él le apasionaba. El resultado fueron cifras astronómicas: mas de 55.000 visitantes, mil compradores on line y unas ventas de 36,6 millones de euros.

«Tintoretto -cuenta Ben Van Beneden, director del Rubenshouse de Amberes-, pintó por encargo esta obra para el altar de una Iglesia veneciana en la plaza de San Marcos de Venecia. Allí fue donde la descubre Rubens, que tenía pasión por el arte italiano, por Tiziano, Veronese y, por supuesto, Tintoretto.

Eso le llevó a adquirir esta obra». Varios siglos después, esa misma fascinación es la que sintió Bowie al visitar Colnaghi. «Es bastante común encontrar coleccionistas de grandes maestros del arte clásico entre artistas contemporáneos, como Chuck Close, Jeff Koons, Damien Hirst y Julian Opie», añade Jorge Coll, quien ha recibido visitas de estrellas del espectáculo como Leonardo DiCaprio, Pierce Brosman y Kanye West en busca de obra que comprar.

A partir del próximo martes 27 de junio, y tras haber sido sometida a un proceso de limpieza, la obra de Tintoretto que tanto amó David Bowie se mostrará al público en las paredes de la Rubenshouse de Amberes. En las mismas paredes en las que se colgó más de tres siglos atrás.