Los novios en el centro junto al alcalde
Los novios en el centro junto al alcalde - AFP

Todo listo para la boda religiosa de Ernesto Augusto Jr. de Hannover

El primogénito de Ernesto de Hannover y Ekaterina Malysheva se dieron ayer el «sí, quiero» por lo civil

Corresponsal en BerlínActualizado:

Si ayer Ernesto Augusto Jr. de Hannover, y Ekaterina Malysheva se dieron el «sí, quiero» en una ceremonia civil en el Ayuntamiento Nuevo de Hannover ante 30 invitados, mañana serán 500 los testigos que celebrarán la unión religiosa del ahijado de Felipe VI en el castillo de Marienburg, cuya historia podría salir perfectamente de un cuento.

En 1857, cuando su esposa cumplió 40 años, Jorge V de Hannover la guió hasta la cima de una colina de 135 metros de altura, en Pattensen, y le anunció que allí sería construido un castillo en su honor, a su gusto y en homenaje a su afición por los cuentos de hadas. Fue un acto de agradecimiento a Marie por los 14 años de matrimonio y los tres hijos que le había dado. El 9 de octubre del año siguiente comenzaron las obras, que se calcula costaron unos 50 millones de euros, sobre un plano de estilo romántico y con 140 habitaciones distribuidas en 5 pisos que nunca llegó a ser terminado. El rey no llegó a verlo, debido a la ceguera que arrastraba desde niño, y Marie vivió allí solo unos años, puesto que hubo de acompañar a su marido al exilio en 1867, pero la pareja tuvo tiempo de dejar su huella con la decoración. En la habitación «Bella Durmiente», que fue el cuarto de los niños y en el que las aristas de los arcos ojivales están decoradas con miniaturas que ilustran el cuento que da nombre a la estancia, es donde la novia se vestirá sucesivamente con los tres diseños realizados por su amiga Sandra Mansour. En los estantes se conservan los libros de cuentos que Marie leyó a sus hijas Fredeike y Mary.

El castillo de Marienburg fue un regalo de Jorge V a su esposa Marie
El castillo de Marienburg fue un regalo de Jorge V a su esposa Marie- ABC

Como toda boda de cuento que se precie, la de Ernesto Augusto Jr. no podía celebrarse sin drama familiar. En primer lugar, el protocolo habría obligado a dar más relevancia en la ceremonia a Carolina de Mónaco, segunda esposa de su padre y en este escenario claramente la madrastra del cuento, por delante de Chantal Hochuli, su madre y a la que Ernesto padre abandonó por Carolina. Carolina es la actual Princesa de Hannover, ya que el matrimonio vive separado pero no ha procedido al divorcio, aunque finalmente anunció que no acudirá al enlace y los novios respiraron aliviados. Solo por un momento, hasta que el diario económico alemán «Handelsblatt» publicó esta misma semana una entrevista con Ernesto de Hannover, en la que se opone públicamente a la boda de su primogénito con la diseñadora rusa. El cabeza de la casa de Hannover afirmaba en esa entrevista que no sólo desea impedir el matrimonio sino que emprenderá acciones legales para recuperar todos los bienes que cedió a su hijo en 2005, entre ellos el castillo de Marienburg, el castillo de Grünau en Austria, la presidencia de la Fundación Duque de Cumberland, y otras propiedades repartidas por Europa. El Príncipe teme que, en caso de divorcio, la herencia de la casa Güelfa quede en manos de la joven y su oposición al enlace implica que el matrimonio no podrá ser avalado por la Casa Real británica y los futuros hijos de la pareja no podrán optar a sus derechos dinásticos sobre el trono de Inglaterra.

Ajena a esta inquietud, la pareja contrajo ayer matrimonio civil ante el alcalde socialdemócrata Stefan Schostok, que previamente les sometió a una jornada formativa de 12 horas bilingüe, en inglés y alemán. Tras seis años de relación y conviviendo en Londres desde 2016, han cumplido con todos los requerimientos protocolarios que exige su posición -incluida la petición oficial de mano durante las vacaciones familiares en Grecia el verano pasado-, y maneja los sobresaltos a los que Hannover padre somete a la familia con la misma resignación y naturalidad con la que es aceptada la presencia de fantasmas en Marienburg, cerrado al público durante diez días con motivo de la boda.