Isabel Pantoja sale de uno de sus tres permisos penitenciarios
Isabel Pantoja sale de uno de sus tres permisos penitenciarios - EUROIMAGEN

Los problemas de Isabel Pantoja no cesan después de un año en prisión

La tonadillera cumple hoy la mitad de su condena por blanqueo. Varios empresarios de Sevilla están pagando

sus deudas con Hacienda

MADRIDActualizado:

Hace exactamente un año Isabel Pantoja abandonaba su finca gaditana de Cantora sobre las seis y veinte de la madrugada, para ingresar en la prisión de Alcalá de Guadaíra. Un coche de la Guardia Civil y varios reporteros seguían cada paso de la tonadillera durante los instantes previos a su entrada en la cárcel. La cantante, que ocultaba sus ojos con unas gafas de sol, entraba finalmente en prisión a las ocho de la mañana. Su imagen de espaldas, junto a dos funcionarias de prisiones, fue portada y apertura de todos los informativos. Su hermano, Agustín Pantoja, y su amigo Juan Antonio, ambos aparentemente emocionados, decían «adiós» a Pantoja desde la puerta de la cárcel.

Una sentencia ejemplarizante, donde se dejaba entrever que un personaje público tiene que seguir una conducta modélica, fue lo que llevó a Pantoja a cumplir dos años de prisión por blanqueo de capitales en el marco del caso Malaya. La polémica sigue hoy encendida, especialmente en las redes sociales. La tonadillera, que en su día fue la viuda de España, daba con sus huesos en los escasos metros de una celda que desde ese instante se convirtió en su mirada.

Un año después las cosas no han ido a mejor para Isabel. Tras cambiar de abogados y contratar los servicios del sevillano Carlos Esteban Romero, en un primer momento su entorno confió en que Isabel podría empezar a disfrutar de los beneficios que da la cárcel, teniendo en cuenta su expediente, su buena conducta y la singularidad de su ingreso, dado que con una pena no superior a dos años de cárcel la experiencia decía que no se entraba en prisión. Excepción que llegó precisamente con Isabel y una sentencia cuanto menos discutible, al asegurar que debía ser un ejemplo.

Una multa millonaria

Isabel se comprometió a pagar el millón de euros que tenía pendiente con la Justicia, entregando 200.000 euros cada tres meses. Cinco plazos de compromiso más una ristra de problemas económicos, ya que tenía cuentas pendientes con Hacienda y muchas hipotecas a las que hacer frente.

En todo este tiempo solo ha podido desprenderse de una de sus propiedades, el chalé de la urbanización marbellí de La Pera que Julián Muñoz bautizo como «Mi gitana», y que en breve será demolido por su nuevo propietario. Los Pantoja no fueron capaces de hacer frente a la hipoteca y, tras llegar a un acuerdo con el banco, se pudo liquidar ese inmueble. No ha pasado lo mismo con la casa de La Moraleja, el piso en Sevilla y la finca de Cantora. Todas las casas sostienen cargas y también embargos por parte de la Agencia Tributaria y los bancos, por lo que las ventas se han complicado sin vistas aún de que su hermano, Agustín Pantoja, pueda encontrar liquidez.

Varios empresarios pagan su deuda

Pero ¿quién está pagando los plazos de 200.000 euros que la cantante ha ido abonando en este tiempo? Alejada de los escenarios, en la familia no hay ingresos suficientes para poder costear todo lo pactado, y de ahí que algunas informaciones, que la familia no ha querido confirmar, apuntaran a que unos empresarios estaban adelantando las minutas de Isabel para ayudarla en este momento. Se supone que cuando salga de la cárcel podrá ofrecer la gira que tenía prevista con el nuevo disco que le ha producido Juan Gabriel, y que permanece inédito esperando su libertad.

En todo este año el silencio ha sido la tónica general en el entorno más directo de la cantante. Mientras sus hijos, Kiko Rivera y Chabelita, ofrecían entrevistas remuneradas en medios de comunicación donde hablaban de sus líos sentimentales o peleas entre ellos, Agustín, a quien Isabel dio todos los poderes antes de entrar en la cárcel, no ha querido hablar en ningún foro. Su única reacción fue hace apenas una semana al mandar dos cartas a los ministros de Interior y Justicia, reclamando justicia para su hermana y alegando que no estaban siendo justos con la concesión del tercer grado.

En esas misivas se asegura que Pantoja está siendo tratada como «una presa política», y deja muchas preguntas en el aire sobre lo que consideran un trato discriminatorio. En los escritos también se afirma que en la cárcel a Isabel ya le habrían dicho que no va a salir en esa nueva calificación hasta marzo. «¿Por qué esa predeterminación?», se preguntan, dejando clara la indignación que tienen por la manera en la que no se afronta la concesión del tercer grado ni ninguna otra medida de las que un preso se puede beneficiar.

Con una nieta que pronto verá la luz, una madre cada vez más delicada, muchos problemas económicos y otros tantos de salud -especialmente por sus dolencias de riñón-, la necesidad que tiene Isabel de empezar a probar la libertad es acuciante. En los argumentos de su hermano y su abogado ya se indica que, de seguir más tiempo entre rejas, la artista también podría perder su carrera profesional, puesto que no puede cuidar su voz, su herramienta más preciada, la que da de comer a toda la saga Pantoja.