Meghan Markle, la prometida del príncipe Harry
Meghan Markle, la prometida del príncipe Harry

El papel más difícil de Meghan Markle

Tras la notoria baja de su padre, la actriz caminará del brazo del Príncipe Carlos por el pasillo central de la capilla de San Jorge con todos los ojos puestos en ella

Meghan Markle: así es la prometida del príncipe Harry

Boda príncipe Harry y Meghan Markle en directo

WINDSORActualizado:

Medio mundo dirigirá hoy su mirada a la pequeña y próspera ciudad de Windsor, al oeste de Londres. Todos pendientes de una nueva ceremonia histórica de la monarquía británica. Verán casarse a un joven Príncipe, sexto en la línea de sucesión, con una actriz divorciada de origen afroamericano. Y de fondo, como escenario, la imagen de un país unido en torno a la Corona. Un país que se vuelca con su Familia Real, en un momento en que goza de máxima aprobación. A muchos les costará entender a qué viene tanto revuelo por la boda de un heredero sin apenas posibilidades de reinar.

Tras meses y meses, con las negociaciones del Brexit martilleando en la cabeza de todos, el enlace se ha convertido en una especie de edén donde evadirse de la compleja situación política. Frente a la debilidad de sus actores políticos, con un ex primer ministro que, por sus intereses partidistas, empujó a su país al abismo al convocar un referéndum, y una primera ministra en el cargo con una autoridad muy cuestionada, emerge la figura de la Reina Isabel II que simboliza la estabilidad y la unidad en un terreno inestable y polarizado. Ha pasado 66 de sus 92 años en el trono y ha sobrevivido a 12 primeros ministros -13 con Theresa May- e innumerables crisis políticas.

La tradición y el convencionalismo que proyecta la Reina vienen aderezados con la modernidad que insuflan las nuevas generaciones, cediéndoles a estas un mayor protagonismo. Los Duques de Cambridge encabezan el cambio y el matrimonio del Príncipe Harry y Meghan Markle probablemente sea otro punto clave en ese esfuerzo de renovación.

Por supuesto, no todo es de color de rosa. La familia Markle ha dado un espectáculo dantesco durante los últimos meses y su padre Thomas se ha encargado de rematar el show esta semana, cancelando su asistencia a última hora. Una baja que desató todo tipo de especulaciones sobre quién llevaría del brazo al altar a la novia. La incógnita se despejó ayer. Meghan Markle entrará hoy a la iglesia junto al séquito de pajes reales, recorrerá la mitad del pasillo central y allí aguardará el Príncipe Carlos, quien finalmente la acompañará hasta encontrarse con su hijo, el Príncipe Harry. Este tendrá de padrino a su hermano, el Príncipe Guillermo. A las doce dará comienzo la ceremonia religiosa oficiada por el arzobispo de Canterbury Justin Welby. El sermón lo pronunciará el reverendísimo estadounidense Michael Bruce Curry, el 27 presidente de la Iglesia Episcopal en EE.UU. y primer afroamericano elegido para el prestigioso cargo. Una elección con la que Meghan hace un guiño a sus orígenes y, en concreto, a su madre afroamericana Doria Ragland. Ella es la única de todo el clan Markle que ha sabido mantenerse en un segundo plano. Ayer tomó el té con la Reina Isabel II en el castillo de Windsor, el último acto antes de partir con su hija hacia el hotel Cliveden House, en el pueblo de Taplow, a orillas del río Támesis. Harry pasó su última noche de soltero con el Príncipe Guillermo en Coworth Park, un hotel en Ascot, a tiro de piedra de Windsor.

Música góspel

El servicio religioso será presenciado por unos 600 invitados, entre ellos el Duque de Edimburgo, cuya asistencia fue confirmada ayer por Buckingham. El marido de la Reina Isabel II fue dado de alta el pasado 13 de abril tras una intervención en la cadera y la de hoy será su primera aparición oficial, aunque la semana pasada ya era fotografiado conduciendo lo que da buena cuenta de su férrea salud y buen ánimo. La misa durará una hora y la música correrá a cargo del coro de la capilla, formado por 23 niños, así como de un grupo de góspel y del violinista de 19 años Sheku Kanneh-Mason. Sobre la una del mediodía, la comitiva real recorrerá las calles de Windsor durante 25 minutos. Si las predicciones no fallan, brillará el sol y los termómetros alcanzarán los 20 grados. Se espera que 100.000 personas se desplacen a la ciudad para seguir la celebración. Harán negocio las tiendas de souvenirs y y los vendedores ambulantes que durante los últimos días ofrecían banderas británicas con los rostros de los novios estampados -dos por 5 libras- y bufandas por 15. Curiosos y comerciantes compartirán asfalto con los miles de periodistas que retransmitirán la ceremonia al mundo entero. La expectación fuera de las fronteras británicas es mayúscula. Con una infalible estrategia de marketing, la Familia Real se ha convertido en una marca global y cada uno de sus grandes acontecimientos ocupan horas y horas en las televisiones extranjeras. La boda del Príncipe Guillermo fue seguida por casi 2.000 millones de personas. Y la de su hermano, seguro que también viene acompañada de una escalofriante cifra. Porque hoy solo hay ojos para Meghan.