Mónaco se viste de blanco
Los Príncipes de Mónaco se besan a la salida de la iglesia de Santa Devota - AGENCIAS

Mónaco se viste de blanco

Seguramente la boda del Príncipe Alberto y Charlene Wittstock será recordada por las lágrimas de la esbelta campeona de natación en la Iglesia de Santa Devota

ÁNGEL GÓMEZ FUENTES
ENVIADO ESPECIAL A MONTECARLO Actualizado:

Seguramente la boda del Príncipe Alberto y Charlene Wittstock será recordada por las lágrimas de la esbelta campeona de natación en la Iglesia de Santa Devota. Siguiendo la tradición, como había hecho Gracia Kelly, los esposos acudieron ante la patrona del Principado para depositar el ramo de flores de la novia. La Princesa Charlene no pudo contener la emoción y rompió a llorar. Eran las 18.49 de la tarde. Los Príncipes se postraron ante el altar y Charlene le entregó su ramo. Para la Princesa Charlene fue seguramente un gesto de liberación, tras muchas tensiones y rumores.

El Príncipe Alberto y Charlene se habían dado antes el segundo «sí» definitivo en una ceremonia religiosa, que con su liturgia y música dio una mayor carga de emoción y espontaneidad al

matrimonio, dejando casi para el olvido el rito civil del día anterior, lleno de frialdad y cierto nerviosismo.

Alberto quiso dar un toque de modernidad y romper con la tradición. En lugar de casarse en la catedral, como hicieron sus padres, ha transformado el patio del palacio monegasco en una catedral a cielo abierto, con el altar al pie de la doble famosa escalinata en círculo de mármol de carrera, y con la presencia de 800 invitados.

Llegó primero al altar el Príncipe Alberto, vestido de blanco con el uniforme militar de carabinero. Pero toda la atención era para Charlene, quien del brazo del padre caminó por la alfombra roja, sin decepcionar la expectación que se había creado, seguida por siete pequeñas damas de honor vestidas con trajes regionales en representación de los siete municipios vecinos a Mónaco. La Princesa Charlene, que ha tenido que convertirse al catolicismo para casarse con el Príncipe Alberto, apareció esbelta y luminosa, envuelta en un elegante y sencillo traje confeccionado por Giorgio Armani.

Sonrisas y lágrimas

A las cinco de la tarde comenzó la ceremonia, oficiada por el arzobispo de Mónaco, con música de la «Misa de la Coronación» de Mozart. Media hora más tarde, el Príncipe Alberto, que le guiñó un ojo y le cogió la mano, pronunció el «sí», y después lo hizo la nueva Princesa. El arzobispo, con su mano sobre la de los esposos, dijo la frase solemne: «Lo que Dios ha unido, que nadie se atreva a separarlo».

Esta vez los esposos estuvieron más relajados y sonrientes. El Príncipe Alberto se «atrevió» a lanzarle un beso a distancia y estrecharle cariñosamente la mano. En el momento del intercambio de la paz, la princesa Charlene, sonriente, se quitó el velo y ambos se besaron por primera vez en la ceremonia.

Si el jueves fue su hermana Estefanía, por la que Alberto mostró siempre gran afecto, la que lloró, ayer fue la princesa Carolina,

que hasta ahora ha jugado el papel de primera dama de Mónaco, la más emocionada hasta el punto de contener a duras penas las lágrimas.La misa nupcial concluyó con Andrea Bocelli, a quien la propia Princesa había invitado para que cantara el Ave María de Schubert.

Como siempre ocurre en Mónaco, la dimensión protocoloria, la política y la mundana se entremezclan. Y así, entre los personajes invitados hubo una mezcla de presidentes (Nicolás Sarkozy, sin Carla, fue el más aplaudido), reyes, hombres de negocios, artistas, y deportistas. No hubo ninguna representación de la Casa Real española.

Al terminar la ceremonia, los desposados cruzaron el patio de armas, entre una lluvia de pétalos de rosa, y en un coche híbrido descapotable se dirigieron a la Iglesia de Santa Devota. La cena de gala, para 450 invitados, fue en la terraza de la ópera Garnier, con menú preparado por Alain Ducasse, el chef con más estrellas. La fiesta se cerró con fuegos artificiales. Fue la conclusión de un día glorioso para la Princesa Charlene, porque durante la ceremonia cayeron algunas gotas y aquí se dice que «esposa bañada, maternidad asegurada».