Carmen Martínez-Bordiú y su madre
Carmen Martínez-Bordiú y su madre - GTRES

Los Franco apartan a su madre de la gestión del patrimonio familiar

Carmen Martínez-Bordiú dijo que el bajón anímico de la marquesa de Villaverde les había llevado a alejarla de las preocupaciones

MADRIDActualizado:

La preocupación por el estado anímico de Carmen Franco y Polo y precisamente porque a los 91 años los disgustos hicieron más mella de lo que uno piensa, llevó a sus hijos a reunirse en Madrid hace diez días. Los siete hermanos decidieron alejar a la duquesa de Franco y marquesa de Villaverde de todo aquello que le pudiera ocasionar una preocupación y ser ellos los que gestionen el patrimonio familiar.

El asunto más destacado en la lista es el polémico pazo de Meirás, «que le llena de angustia a mi madre», explicaba Carmen Martínez-Bordiú (66) durante la que el diseñador Jorge Vázquez ofreció en Madrid esta semana. Son muchas las disputas originadas durante el último año sobre la residencia veraniega de los Franco. Varios grupos políticos han denunciado que la familia no cumple con los acuerdos de visitas desde que el pazo se consideró Bien de Interés Cultural (BIC) en 2008 y, además, han protestado ante la negativa de la marquesa de Villaverde a enseñar la residencia en verano, que es cuando los Franco se instalan en Meirás. Estos problemas se suman al requerimiento que el Ayuntamiento de Santiago envió esta semana a la familia, instando a devolver en un plazo de 15 días las tallas de Santiago Abraham e Isaac, -que sostenían el Pórtico de la Gloria, en Santiago de Compostela- y que desde 1961 pertenecen a los Franco.

Pazo de Meirás
Pazo de Meirás

Estos avatares son el motivo del bajón que experimentó Carmen Franco, que en sus últimos días se encontraba de crucero por el Danubio con su amiga Dolores Bermúdez de Castro. «Mi madre está muy cambiada. No es ella. No es que tenga una enfermedad en concreto, pero sé que algo le está pasando. Apenas habla, hay días que solo come una croqueta, no sé muy bien de qué se trata pero vamos a cambiar una serie de cosas en su vida para tenerla alejada de lo que le duele», aseguraba Carmen, que es quien solía pasar tiempo con ella. Y añadía: «Entre el pazo y el tema de Cataluña, la están matando. Para una mujer de su edad ver lo que está sucediendo en España con el problema catalán es desmoralizante».

Una crisis superada

Para Martínez-Bordiú, las cosas tampoco son como hace unos meses. Este verano vendió la casa que tenía en Santander y que decoró con tanta ilusión a raíz de su boda con José Campos. «Era absurdo mantener esa casa, porque no iba nunca y las propiedades generan muchos gastos». Carmen ha recuperado un dinero que le vendrá bien para hacer frente a sus gastos, entre otros el piso de alquiler en el barrio de Salamanca al que se ha mudado. Hasta ahora vivía en el pisazo de lujo que tenía en la calle Velázquez y que costeaba su exnovio -Luis Miguel Rodríguez, el propietario de desguaces La Torre-, con quien mantiene una estrecha amistad sin el compromiso que tuvieron en su momento. Precisamente con «Luismi» acudió hace pocos días a una fiesta privada en Madrid, y es que la suya es una historia singular. «Tuve mucho miedo ante el cambio de vida, y no lo he pasado bien, pero ahora estoy tranquila. He entendido aquello que decían de que cuando se cierra una puerta se abre una ventana, y ya han desaparecido aquellos miedos», afirma.

La finca en Sevilla

De la misma manera que hace una semana se encontraba en Burdeos con su hija Cynthia Rossi y Benjamin Rouget y su nieto de ocho meses, ahora Carmen se dispone a vivir su particular otoño en Madrid. Propietaria de una finca en Sevilla que en su momento compró a medias con su novio Roberto Federicci (la parte del italiano la adquirió un conocido empresario), últimamente no frecuenta mucho el campo, cosa que sí hace su hijo Luis Alfonso de Borbón, que suele pasar allí muchos fines de semana con su mujer Margarita Vargas y sus tres hijos. «La finca no me cuesta dinero, porque los beneficios de la explotación sirven para sufragar gastos», asegura. Divertida, franca y fiel a su lema de «vive y deja vivir» Carmen es la más espontánea de una familia que hasta la fecha ha vivido en un matriarcado que llega a su fin: «Ahora es el momento de que mi madre no tenga ningún problema»