Fernando Fitz-James Stuart y Solís y Sofía Palazuelo, ayer, tras darse en «sí,quiero»
Fernando Fitz-James Stuart y Solís y Sofía Palazuelo, ayer, tras darse en «sí,quiero» - ABC

Fernando Fitz-James Stuart y Sofía Palazuelo, un enlace entre tradición y novedad

La Reina Sofía no se perdió la ceremonia, que fue retransmitida por parte de los invitados a través de Instagram

MADRIDActualizado:

Decenas de curiosos se acercaron ayer a las inmediaciones del madrileño Palacio de Liria para ser testigos de la llegada de los primeros invitados a la boda de Fernando Fitz-James Stuart-Beaumont y Sofía Palazuelo Barroso. «Me hace mucha ilusión estar aquí hoy porque fui a la boda de los padres del novio y también a su bautizo. Va a ser una boda muy bonita y siempre acordándonos de Cayetana», comentó Pilar González de Gregorio a un grupo de periodistas que se encontraban en el Palacio de Liria. Los primeros en llegar a la céntrica residencia de Carlos Fitz-James Stuart y Martínez de Irujo, duque de Alba, fueron Jorge de Rojas Villavecchia y Enrique Moreno de la Cova, testigos del novio. Con ellos llegaban Cristina Moreno de la Cova y Álvaro Salinas.

La boda de los duques de Huéscar reunió a lo más granado de la aristocracia y nobleza española, además de personalidades del mundo de las finanzas, la banca, la medicina, la comunicación o la política que apenas necesitan presentación. Fue el caso de Antonio Garrigues Walker, Esperanza Aguirre, Anna Gamazo, Íñigo Méndez de Vigo, Sonsoles Díez de Rivera, Paloma Segrelles, Carmen Posadas, José Manuel García Margallo y su mujer, María Isabel Barreiro, Piru Urquijo o los duques de Alburquerque, Blanca Suelves y Johannes Osorio. El príncipe Pierre d’Arenberg, uno de los invitados con más abolengo que asistió a la boda, lo hizo sin su mujer, Silvia de Castellane. Victoria de Hohenlohe, duquesa de Medinaceli y diez veces Grande de España, no pasó inadvertida. Esther Doña asistió de la mano de su marido, Carlos Falcó, con un vestido a medida de Pedro del Hierro. El marqués de Griñón aprovechó para desearles «muchísima felicidad a los novios». Lo mismo hizo Enrique Solís, primo del novio y testigo: «Le deseo que sea muy feliz, se lleva a una mujer maravillosa». Solís aprovechó la ocasión para presentar en sociedad a su novia, la modelo sevillana, Alejandra Domínguez. Brianda Fitz-James, hija del conde de Siruela y Eugenia Fernández de Castro, lució un impecable conjunto adamascado de Juan Duyos.

Los novios posan junto a sus testigos en uno de los salones del Palacio de Liria
Los novios posan junto a sus testigos en uno de los salones del Palacio de Liria - ABC

El estilista Josie asistió junto a la relaciones públicas Antía de Ron. «Es la boda del año, pero aquí los móviles no están prohibidos», contó en Instagram, donde acuñó este enlace como «un delirio de amor en Liria». Las redes sociales fueron la mejor fuente de información para conocer los detalles de la boda.

Por una puerta aledaña a Liria llegaban los invitados más cercanos a los novios: el presidente del Senado, Pío García-Escudero, Alfonso Díez, Alicia Koplowitz, Cayetano Martínez de Irujo con su novia Bárbara Mirjan, Simeón Sajonia-Coburgo y Margarita Gómez-Acebo y Jaime de Marichalar. La Reina Sofía asistió solo a la ceremonia y en representación de la Casa del Rey.

Poco después de las doce y media, Fernando Fitz-James Stuart, ataviado con el uniforme de gala de la Real Maestranza de Caballería de Sevilla. caminó por los jardines de Liria cercanos a la capilla -donde se instaló un altar con una imagen de Santa Teresa de Ávila-, del brazo de su madre, Matilde Solís y Martínez Campos. La madrina eligió un diseño de Lorenzo Caprile azul oscuro, que combinó con una mantilla negra. A los pocos minutos llegó la novia. Acompañada por su hermano Fernando, lució un sencillo vestido diseñado por su tía, Teresa Palazuelo, que completó con una capa que hacía las veces de cola. En lugar de llevar una de las tiaras de la familia Alba, la novia se decantó por un tocado con plumas para recogerse el pelo. Según informó «Vanity Fair», un desencuentro con duque de Alba provocó que la joven no quisiera utilizar ninguna joya familiar. El sacerdote Ignacio Jiménez Sánchez-Dalp, quien fuera confesor de Cayetana de Alba, fue el encargado de bendecir el «sí, quiero» de los novios. Tanto los invitados como los hermanos Martínez de Irujo recordaron la ilusión que le habría hecho a la duquesa este enlace.

Tras la ceremonia, se sirvió un almuerzo en los jardines de Liria, que culminó con una exquisita tarta árabe. La celebración se alargó hasta la madrugada y fue retransmitida por muchos invitados a través de las redes sociales. Una boda millennial, que aunó tradición y modernidad, donde no faltaron los brindis y los mejores deseos para los futuros duques de Alba.