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Boda Meghan Markle y el Príncipe HarryCerca de 120.000 personas se dieron cita en Windsor

Picnis, fiestas y pubs abiertos hasta altas horas. La boda real también se celebró en la calle

Enviada especial en WindsorActualizado:

Los ingleses sacaron ayer sus cestas de mimbre de Fortnum&Mason, sus manteles de la Union Jack y las botellas de Pimms para disfrutar de una jornada festiva en la que no faltaron las lágrimas y algún que otro momento de tensión para acceder a las inmediaciones del Castillo de Windsor. Se formaron largas colas en torno a los accesos fuertemente custodiados por la policía. Hasta 120.000 personas se desplazaron a la ciudad y aquellas que querían presenciar el cortejo nupcial de cerca debían pasar bajo un arco de seguridad.

Las pantallas repartidas por el recorrido se convirtieron en los puntos más codiciados para seguir la ceremonia religiosa, mientras aguardaban el momento de la llegada del desfile. Desde primera hora de la mañana centenares de familias con sillas de playa y mantas acamparon en las zonas verdes. El sol brilló con fuerza lo que animó a más gente a unirse a las celebraciones. «Hemos visto crecer a Harry desde pequeño y este momento no nos lo podíamos perder», cuenta Sam, una madre de cinco hijos, que ha venido junto a ellos y su marido desde Londres en tren. Para Kirsten, de origen californiano que ha aprovechado sus vacaciones para ser parte de la boda real, la auténtica protagonista de ayer era la madre de Meghan Markle, Doria Ragland. «Creo que todos nos hemos emocionado con sus lágrimas, es un gesto de naturalidad y cariño que nos ha conquistado».

Las celebraciones de la boda desbordaron Windsor y se extendieron hasta Londres donde también se celebraron multitudinarios pícnics y fiestas callejeras. Los pubs recibieron autorización para servir hasta la una de la madrugada y los menos interesados en la boda real se entretuvieron con el partido de la final de la FA Cup.