Aldo Comas: «Los catalanes han perdido la cabeza con el procés»

El Dj, cantante y empresario habla con ABC sobre Cataluña, los toros y la paternidad

MADRID Actualizado: Guardar
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Dice Aldo Comas (33 años) que cuando nació, sus padres estuvieron a punto de llamarle Indiana, «por Indiana Jones», pero que finalmente se decantaron por este nombre italiano de raíces macedonias. Lo cierto es que, por su espíritu aventurero, haberse llamado como el personaje que encarna Harrison Ford le habría venido como anillo al dedo. «También porque soy muy cabezón», decía esta semana el marido de la actriz Macarena Gómez (40) durante la presentación de Manila, la nueva creación cervecera de San Miguel.

Google dice que es «actor», pero también es cantante, empresario, Dj, piloto, instructor de paracaídas, «marido de»... ¿Con qué ocupación de todas se queda?

Soy un poco de todas. Bueno, un poco no, mucho. Porque a todas les he dedicado mucho tiempo y cariño. Menos a lo de ser Dj, que lo hago en broma pero me va bien. Si un Dj de verdad me viera me daría una tunda.

¿Qué es lo mejor y lo peor de ser un personaje público?

Lo peor es que cualquier cosa que hagas puede costarte muy caro. Lo mejor es que te dan bambas gratis de vez en cuando. (Ríe). Te invitan a sitios, te dan cerveza... y vives experiencias muy divertidas. Cada semana y cada trabajo es una nueva aventura.

Hace casi diez años que Aldo y Macarena Gómez se conocieron en un bar de Buenos Aires y desde entonces se han convertido en una de las parejas más consolidadas del star system patrio. Las inquietudes de Aldo a la hora de saber y conocer mundo, sus vínculos con los Grimaldi – fue compañero de Andrea Casiraghi en el internado suizo Collège Alpin International Beau Soleil– y las ya icónicas estolas de zorro que lució en la gala de los Goya de 2014 junto a su mujer, le han proyectado como un personaje enigmático, atrevido y romántico.

¿Le atacan mucho los partidos animalistas? «Esos son muy de Twitter, pero luego se van a su casa con sus coches contaminando el mundo, con sus cinturones de cuero de granja alimentaria y con sus zapatos de piel. Lo de las pieles es como el tema de la caza. Toda la vida cazando para que ahora digan que es malo», cuenta. Y añade: «Es un drama. Estamos en una sociedad completamente anestesiada con estas cosas. Los toros son el gran ejemplo». Para Aldo la tauromaquia es el «ultimísimo arte»: «Con todo lo bueno y todo lo malo, las corridas de toros son la sublimación del arte: son la vida y la muerte en el mismo sitio. Es una tragedia griega. El dolor que sientes cuando pican mal al toro y la paz que notas cuando ya ves que muere y estás viviendo una muerte a través de una fiesta». Aunque entiende que la gente pueda considerarlo una «barbaridad», para él es una «barbarie muy potente, bella, romántica».

Hace tres años, Macarena Gómez y él dieron la bienvenida a su hijo Dante. ¿Qué ha descubierto con la paternidad? «Una nueva fase del amor. Con un hijo el amor es lo más primario, gregario y visceral que existe. Es incondicional, puro y exclusivo». El pequeño disfruta mucho en la granja familiar de Gerona, donde Aldo monta a caballo y cuida a sus gallinas ornamentales de todo el mundo: «Tengo japonesas, africanas, chinas, americanas, inglesas, francesas... ¡Incluso peludas y que ponen huevos azules! ¡Me flipa el mundo gallina!».

¿Qué es lo peor que ha llevado del procés? «No he hablado nunca en público sobre este tema, pero te lo voy a decir: estoy hasta los cojones. Han sido los peores ocho meses de mi vida. He perdido amigos, se han cargado la sociedad en Cataluña de arriba a abajo. Es el despropósito más grande que he visto», verborrea. Y sentencia: «La gente ha perdido la cabeza. Decir en algunos sitios que es normal que hayan metido a esos políticos en la cárcel puede ser razón para que te consideren un fascista de la vieja escuela».