Caldo gallego
Caldo gallego - abc

«Don Wences» y el caldo gallego

Era sencillamente genial. Describió personajes del bosque donde aparecía el caldo

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Entre los muchos escritores «olvidados» por motivos extraliterarios yo siento una especial predilección por mi paisano Wenceslao Fernández Flórez, al que vuelvo a leer con frecuencia, siempre disfrutando de su estilo elegante, de la misma elegancia que practicó en su vida «don Wences», como era conocido. Desde «Volvoreta» a «Las siete columnas», pasando por «El malvado Carabel», «El hombre que compró un automóvil», «Ha entrado un ladrón»… qué sé yo. Sólo sé que se leen con placer, como con placer se leen las «Acotaciones de un oyente», modelo de crónicas parlamentarias que el coruñés publicó en ABC.

Era sencillamente genial; hay que serlo para hacer una incursión en el fútbol (entonces el football) e inventarse la palabra «vicegol»… Con todo, hoy su obra más famosa es, sin duda, «El bosque animado». Y me alegro, porque el propio autor, en el prólogo de su obra completa, confiesa que es su favorita entre todas sus obras, la única, dice, que volvería a leer… Yo la he leído muchas veces; está siempre en mi mesilla de noche. Y cada vez la disfruto nuevamente.

Describe personajes y situaciones de la fraga (bosque) de Cecebre, junto a La Coruña. Gentes «de pazo» y gentes del común: labriegos, más que nada. Gente que tiene como menú diario una taza (en el pazo, un plato) de caldo gallego. Pero hay caldos y caldos; el caldo «de rico» del hidalgo señor D’Abondo; el caldo casi burgués de Juanita Arruallo; el caldo sencillo de Geraldo o de «Fendetestas»… y el caldo mísero de Marica da Fame. El caldo, de berzas o de grelos, según época, fue el «plato del día» de generaciones de gallegos.

El caldo típico gallego de verdad

Así lo contaba «Picadillo», paisano de don Wences, al que tuvo como director del diario «El Noroeste»: «el caldo gallego típico, el enxebre, el de verdad, se reduce sencillamente a una mixtura de patatas, judías, verduras y unto de cerdo, rancio. Y nada más». Pero advierte que «quienes somos algo pudientes» añaden a lo antedicho cosas como «un huesecillo de jamón con algo pegado, un trozo de costilla de cerdo salada, un pedazo de lacón, un hueso del espinazo…» Y unos chorizos, añado yo: ése es, ya, un caldo de pazo o, como diría Cunqueiro, «de crego».