Julio Camba y el lenguado
Una imagen del sabroso lenguado - abc

Julio Camba y el lenguado

En 1949 se instaló en el Hotel Palace, donde vivió hasta su muerte. Escribió un libro de gastronomía

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Maestro de periodistas, corresponsal en medio mundo, autor de uno de los mejores libros gastronómicos de la historia… Para hablar del arosano Julio Camba hay que quitarse el sombrero; pero lo que hay que hacer, sobre todo, es leerlo. Ácrata en su juventud, fue derivando hasta la más absoluta independencia. Sus artículos son un modelo de periodismo; de hecho, él nunca quiso ser llamado escritor: se consideraba periodista, nada más… y nada menos. Lo era. Su estilo ágil y ameno, la mirada escrutadora sobre todo lo que le rodeaba, dieron como resultado algunas de las mejores crónicas jamás escritas.

Fue corresponsal en Constantinopla, París, Londres, Berlín, Nueva York… Desde 1913, con algunas lagunas, escribió para ABC. En 1949 se instaló en el Hotel Palace, donde vivió hasta sus últimos días, en una habitación pagada por un mecenas. Su obra cumbre en gastronomía, y quizá la de toda la literatura gastronómica española, fue «La casa de Lúculo o el arte de comer», que debería ser libro de cabecera para todo el que pretenda escribir de estas cosas. Magníficas, también, sus crónicas parlamentarias, recopiladas en «Haciendo de República».

«La casa de Lúculo» es un libro que se lee con alegría. No deja tema sin tocar, desde la composición de los alimentos hasta las cocinas vegetariana o china. Para ilustrar este artículo hemos elegido un pescado aristocrático: el lenguado, que llena un divertido capítulo de la obra citada. Gallego de cuna, sin duda tuvo ocasión de saborear magníficos ejemplares; en cualquier caso, su recomendación es, sencillamente, tomarlo frito; y explica como nadie cómo ha de freírse.

Lenguado frito o a la parrilla

Lenguado frito, entonces, aunque hoy se prefiera a la parrilla si se trata de ejemplares de buen tamaño; en la villa natal de Camba, Vilanova de Arousa, ejerció mucho tiempo Manolo Cores, conocido como «Chocolate», que hizo de la parrilla un arte que elevaba a categoría de joyas a pescados planos como el lenguado o el rodaballo. El lenguado ha sido víctima de complicadas y barrocas recetas perpetradas por la cocina francesa. Olvídenlas, y tómenlo frito o a la parrilla: sabe a lo que tiene que saber.