David y María Cabello, padre e hija, están al frente del negocio
David y María Cabello, padre e hija, están al frente del negocio - BELÉN RODRIGO

La tienda donde se encuentran todos los licores

Licores Cabello se ha ganado su fama por los buenos precios y el trato agradable con los clientes. Por allí pasan muchos coleccionistas para intercambiar o vender sus botellas antiguas

MadridActualizado:

En el número 19 de la calle Echegaray se venden licores desde 1902. Es un edificio antiguo, protegido, como el de su fachada, de madera. David Cabello es su actual dueño, lo compró hace 20 años a su anterior propietario, Mariano. Pero la familia Cabello lleva trabajando en el mundo de los licores desde 1962, año en el que David Cabello, padre, natural de Toledo, se instaló en la calle Cervantes número 6. Primero trabajó en Licores Marti y después, ya en su local, fue ganando fama, vendiendo licores y conservas, junto a su hijo David. Un edificio que se fue degradando y que a día de hoy no se sabe cómo va a acabar la historia ya que se ha hecho con él un grupo inversor que lo quiere declarar en ruina. Viendo cómo se complicaban las cosas, la familia Cabello se instaló en este otro local. «Compré el negocio a Mariano, que era amigo mío», relata David Cabello a ABC. Sus anteriores dueños lo abrieron en un principio como tienda de ultramarinos, como se puede deducir al ver la distribución de la tienda. Estanterías con el espacio de los cajones donde se guardarían las legumbres y que ahora sirven para tener ordenados y bien colocados los vinos.

Tal y como ya ocurría en la calle Cervantes, en esta casa destacan por el buen trato y los precios muy competitivos. «Ofrecemos servicio rápido y barato y aquí tenemos licores que no se encuentran en otro sitio», añade su dueño. «Estamos especializados en todo» afirman David Cabello y su hija María, que trabaja con él. Se pueden encontrar vinos, licores, pero también trabajan los refrescos. «El consumo del alcohol se ha reducido mucho y por eso en este negocio trabajamos también otros productos, como las conservas, las que nos pidan». Sirven a bares, hoteles y restaurantes, de la zona e incluso de fuera de la capital, ya que cuentan con tres furgonetas para el reparto.

Marrasquino y Calisay

Marrasquino y Calisay son dos de los licores que se venden en esta casa y que por lo general son difíciles de encontrar. Muchas veces son los coleccionistas de licores que llevan a Cabello alguna botella para vender o incluso para cambiar por otra. «Tenemos un cliente que va vendiendo sus botellas de colección cuando quiere comprar algún regalo a sus nietos», cuenta David. Otro, que ha dejado de beber, «va trayendo su colección de brandis». Hace unos 20 años, lo que más se coleccionaba era las chapas de cava.

Al hablar de vinos, se encuentra de todo, siempre que sea español. Cuentan con una ventaja, «nuestra cueva de 120 metros cuadrados donde la temperatura es la misma en cualquier momento del año», explica María Cabello. Es donde se guardan, por ejemplo, los mejores Vega Sicilia. Tienen vinos para todos los bolsillos, desde 1,5 euros hasta botellas que pueden costar entre 600 y 900 euros.

La fachada de madera está protegida al igual que las estanterías del interior
La fachada de madera está protegida al igual que las estanterías del interior - BELÉN RODRIGO

Antiguo palacete

El local era una de las entradas del antiguo palacete de Moctezuma y en su techo conserva un fresco en muy buenas condiciones. Entre las anécdotas que se cuentan del palacio está la historia de una mujer que saltó del primer piso a una diligencia que venía a buscarla. Ya como tienda, su decoración destaca por un valioso mostrador de madera así como por sus estanterías, sin olvidar la ya mencionada fachada. Y un reloj, ahora parado. En los tiempos de la Guerra Civil la tienda permaneció abierta, funcionaba con las cartillas de racionamiento.

Por Cabello pasan clientes muy variados, pero muchos de ellos

Pintura natural en el techo de la licorería
Pintura natural en el techo de la licorería- B.Rodrigo

turistas. «Vienen sabiendo lo que quieren, muy orientados, hoy Internet les dice todo», afirma David Cabello. Dada su proximidad al Congreso, los políticos se dejan ver por esta tienda de licores. «Se dan sus caprichos, pero se controlan, no hacen barbaridades. Y siempre pagan con su dinero, nunca con tarjeta», aclara. El mundo artístico es otro de los habituales entre la clientela. «En general, nos conocen bien». Por el barrio y alrededores han abierto alguna tienda de vinos, más de lujo, «pero nos ha favorecido porque nuestros precios son mejores y los clientes acaban por venir aquí.

Venden muchas botellas antiguas para las catas de vino. «Pueden explicar cómo se ha conservado el vino», afirma Cabello, quien advierte que es difícil saber si el vino va a salir bueno cuando son botella muy antiguas.

Aunque están aumentando las ventas de vino, notan que se bebe mucho menos que antes. «Normal, ahora hay muchos controles en la carretera y mayor conciencia de llevar una vida sana», matiza el dueño de la licorería. Y luego están las modas, hace unos años la ginebra, «llegamos a tener 80 diferentes, ahora unas 40». El vodka está subiendo y el whisky ya no es lo que era hace un tiempo. Eso sí, después está cada cliente con sus peculiaridades, como uno que compra Vega Sicilia, caro, para ponerlo en la bota para ir de caza, u otro que compra whisky de 300 euros o más y los bebe mezclado con agua.

En la familia Cabello saben bien lo que son los comercios centenarios. Su tío Ángel y sus primos Ángel y Mario regentaron durante 70 años la Mantequería Cabello, en la Plaza Matute, que recientemente ha cerrado sus puertas. David Cabello no habla de momento de su jubilación «porque no sabría estar en casa». De cualquier forma, su hija María ya sabe llevar muy bien el negocio, y según su padre, «manda más que yo».

En Licores Cabello conservan botellas de vino desde 1920
En Licores Cabello conservan botellas de vino desde 1920 - BELÉN RODRIGO