Una mujer mueve dos mesas ante el bar Palentino, en la calle del Pez de Malasaña
Una mujer mueve dos mesas ante el bar Palentino, en la calle del Pez de Malasaña - ISABEL PERMUY

La segunda vida del Palentino: el icónico bar de Malasaña cambia de dueños

El popular establecimiento de la capital, cerrado desde hace tres meses, reabrirá próximamente con un nuevo propietario

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No será lo mismo, pero al menos aliviará la sensación de orfandad en Malasaña. El bar Palentino, icono del barrio durante décadas y cerrado desde el pasado mes de marzo, reabrirá próximamente con un nuevo propietario. Loli López, su dueña hasta la fecha, vendió el local hace poco más de diez días, si bien no ha trascendido quién se ha hecho con el inmueble ni si sufrirá una reforma. La noticia, más allá de la transacción, ha convertido a la calle del Pez en un mar de rumores y esperanzas, con la única certeza de que levantará el cierre con el mismo uso.

El esquinazo del Palentino, apagado y con las ventanas veladas, es ahora un bulto sospechoso en el trajín del centro de la capital, inerte en uno de los barrios con más vida y ambiente de la ciudad. Desde que sirvió su última caña, en la madrugada del jueves 15 de marzo, la calle no ha sido la misma. «La gente me para por la calle y me dice que les he dejado huérfanos», relataba Loli en una entrevista reciente en la cadena Ser, con motivo de las fiestas de la calle del Pez.

El anuncio de la venta, sin embargo, ha despertado la expectación y, acto seguido, la ilusión por que el último bar de los de toda la vida en Madrid no haya muerto. Aunque fue la misma propietaria quien lo reveló en esta emisora, la familia ha optado por enterrar el asunto y no hacer más declaraciones; este periódico ha preguntado sobre la situación del local, pero ha recibido la negativa como respuesta.

Se comenta que la operación se ha formalizado por más de un millón de euros, pero solo la fama del Palentino sostiene esta premisa. Fuentes inmobiliarias consultadas sostienen que este es un precio «desorbitado» y completamente «fuera de mercado»; un local en la misma calle, con 188 metros útiles, primeras calidades e insonorizado está tasado en 1.200.000 euros. «Me cuesta creer que haya alcanzado ese precio, pero con la repercusión que tuvo, quién sabe», detallan.

Lo cierto es que es imposible cuantificar el alcance del Palentino, refugio de varias generaciones y de celebridades de todas las disciplinas, como Andrés Calamaro, que lloró su despedida desde las páginas de ABC. Es tan difícil como acertar a explicar por qué gozó de tanta admiración, si su secreto no era otro que el olor a años de pepitos de ternera y unos precios de otra época. Acaso por su familiaridad, el mismo motivo por el que Malasaña siente nostalgia por uno sus iconos.

Incertidumbre

«Va a ser un bar, te lo digo yo», presagia uno de los vecinos sobre el futuro del local. Se da por hecho, aunque la indefinición sobre si el nuevo dueño mantendrá el nombre del Palentino y su espíritu genera la justa incertidumbre para el tema. «Ojalá que sí», declaró ayer otro de los habituales del lugar, que, como el resto, hace tres meses buscó a la fuerza otra parroquia para las cañas de después del trabajo.

El adiós definitivo se precipitó tras la muerte de Casto Herrezuelo, cuñado de Loli y rostro del Palentino durante décadas. Su fallecimiento convirtió el bar en una suerte de homenaje póstumo a su trabajo, con infinidad de mensajes de cariño. Una muestra que se agigantó el día del cierre, con largas colas para el último brindis.

Aunque ahora parezca que la compra ha llegado de improviso, la dueña ya avanzó en marzo que, llegada la hora de cerrar, lo mejor era venderlo. «Me gustaría que se quedara más o menos como ahora, con una manita de pintura y algún cambio, pero sin volverse locos», dijo entonces a ABC. El único escollo era que todos los herederos se pusieran de acuerdo.