Los comerciantes de Sol declaran la guerra a mimos e indigentes

Los manteros ya no son un problema. Las estatuas y los mendigos apostados en sus locales perjudican sus ventas

madrid Actualizado:

«Tener un hombre sin brazos sentado durante todo el día a las puertas de tu negocio no beneficia, al igual que un tumulto de gente rodeando a una estatua viviente dificultando la entrada a tu local o un tipo que asusta a todo el que pasa. Ésa es ahora nuestra guerra, que trasladen a estos colectivos a otras puntos». Es la opinión de Ignacio Lario, presidente de la Asociación de Comerciantes de Preciados y el Carmen (Apreca).

Según sostiene este representante de los negocios de la zona: «Esto no ocurre en otras grandes ciudades. Puede que estén en otros lugares, pero no en una zona comercial tan céntrica. Ésa es la imagen que estamos dando a todos los turistas que nos visitan».

Manteros, difícil de erradicar

Los manteros, que ya han echado raíces en la zona Centro, no son un problema para los comerciantes. Acampan en la Puerta del Sol, en Gran Vía y Preciados cuando cierran los comercios. Se han renovado: ya no venden películas, sino productos industriales y entre ellos cobran presencia los españoles.

«Diez euros los calzoncillos». «¿Pero son buenos o imitación? ¿Me

Ha crecido la venta ambulante por parte de chinos en el centro

los puedes dejar más baratos?». «Son buenos, no te los puedo abaratar más. En las tiendas te cuestan como poco 25». Al final, la joven interesada se lleva el producto que se vende ilegalmente sobre una manta junto a una conocida hamburguesería de la Puerta del Sol. Son las tres y media de la tarde.

Su vendedor ambulante no es de color, sino un español que aprovecha el trasiego de turistas y madrileños para ganarse la vida. No admite el regateo. Junto a él, otros tres más -dos subsaharianos y otro español- que, ojo avizor para esquivar a la Policía Municipal, venden bolsos y ropa interior en este paraje.

«Es imposible erradicar el problema», apuntan agentes que velan por la seguridad de la zona. Y no se puede decir que la presencia policial en el centro no sea constante. De hecho, estos individuos venden su producto a escasos metros de tres furgones de la Unidad de Intervención Policial de la Policía Nacional, aunque no es su competencia requisarles el producto. Incluso en la misma puerta del Sol hay instalada una unidad de Policía Municipal de atención al ciudadano. Además, cada cierto tiempo, en las calles aledañas, patrullan agentes nacionales y locales.

De 400 a decenas

Su estampa es tan común ya que ni para los comerciantes supone una de sus preocupaciones. «Lo que venden son falsificaciones, no afecta a nuestro producto. Es verdad que la calle tendría mejor imagen», comenta Lario. «Hemos llegado a ver —continúa—, cuando Álvarez del Manzano regía la ciudad, 400 “top manta” en la calle preciados, desde Callao a Sol. Había hasta doble fila. Cuando llegó Gallardón cambió la situación hasta quedar como está hoy la estampa. Si lo comparas con lo de antes ya no es un problema».

Los horarios ya fijos de los «top manta» son de tres a cuatro de la tarde, «cuando cambian el turno los policías», explican los comerciantes, y cuando los establecimientos echan el cierre. «Suelen aprovechar los tumultos de gente, manifestaciones o cuando estuvo el 15-M para hacer su agosto», indica la Policía de la zona. La misma señala que la venta ambulante que ha crecido en el centro es la de los chinos que llevan el producto a cuestas y lo van ofreciendo por diferentes vías.

Agresiones para huir

Los manteros son en su mayoría subsaharianos que utilizan todo tipo de trucos para que la Policía no les requise el material. Además de que alguien vigila desde varios puntos, en el último año los comerciantes han apreciado que tiran a mujeres al suelo si la autoridad va tras ellos.

«Cuando salen a la carrera y les sigue la Policía, empujan a una mujer para que los agentes atiendan a la ciudadana y así huyen. A veces no pasa nada, pero se han dado casos en los que tiene que venir el Samur a atender a la víctima. El año pasado rompieron a una persona la cadera», revela Lario.

Cuando la noche cae, los productos que se despachan en la manta continúan distribuyéndose por las principales calles comerciales hasta altas horas de la noche, como siempre, con su particular juego de gato y ratón con la Policía.