María Díaz Urosa, ayer, en el momento en que tuvo que abandonar su domicilio - Telemadrid

Mary, la anciana desahuciada por su nieto: «Solo quiero justicia. No tengo ni para comer»

La vecina de Pozuelo, de 99 años, denunció que fue estafada por su descendiente, pero el juez no le dio la razón. Ayer, tuvo que ser ingresada por hipotermia

MADRIDActualizado:

Encorvada, entre lágrimas y con las grandes gafas tras las que protege su rostro desde que empezó su particular lucha. Así abandonó María Díaz Urosa, de 99 años, la vivienda que disfrutaba en régimen de usufructo en Pozuelo de Alarcón tras ser desahuciada. Mary, como se la conoce entre los vecinos, nunca imaginó que pasaría su vejez entre litigios y juzgados y, mucho menos, que estos fueran para denunciar a su propio nieto. La comisión judicial llegó ayer a mediodía a su vivienda con el objetivo de que abandonase el lugar. Su nieto, Miguel C. G., de 56 años, le ganó la partida.

«¡No quiero nada!», gritó la mujer, a punto del llanto. Dos familiares la mantuvieron agarrada, debido a sus dificultades para caminar. A su lado, su compañero más fiel: su perro. «Llevadme adonde queráis, pero no voy a ir a una residencia», rogó la anciana. Terminar la vida de esa forma sería su peor pesadilla, pero es la única solución que le ha ofrecido el Ayuntamiento, a través de Asuntos Sociales. Mary no opuso resistencia, pero se niega a irse del lugar que ha sido su hogar durante más de nueve décadas. Por eso, lo primero que hizo fue sentarse en un banco frente a su portal. «Dejadme en un banco y si me muero, a eso vengo», continuó la mujer casi sin poder articular palabra: «Lo único que pido es justicia».

Como si se tratase de un presagio, cumplió su promesa. Durante cuatro horas no se movió del asiento desde el que contemplaba su antiguo inmueble. Debido a las bajas temperaturas, la mujer tuvo que ser ingresada por un cuadro de hipotermia en el Hospital Quirón de la localidad. El médico forense que se desplazó al lugar fue quien le recomendó el ingreso, ante su negativa a irse: «Me quedo aquí, solo quiero subir a mi casa. Esa es mi casa».

Según denuncia Mary, su nieto consiguió hacerse con todos sus bienes. Su soledad era su punto débil y Miguel lo sabía. Los problemas comenzaron en 2010, cuando murió el segundo marido de la ahora desahuciada. Miguel sabía que estaba necesitada de cariño y, con su afecto, convenció a su abuela para que le nombrara heredero universal. Mary firmó, y este fue su peor error. Confiaba en la buena fe de su descendiente para gestionar el patrimonio, por lo que le nombró apoderado de todas sus cuentas bancarias. Miguel consiguió también que la anciana, que por aquel entonces tenía 92 años, le otorgara un poder notarial para disponer de todo su patrimonio, bienes materiales incluidos.

Sociedad limitada

No tardó el hombre en constituir una sociedad limitada que le sirvió para comenzar a vender las propiedades. Su abuela, sin saberlo, le realizó varias ampliaciones de capital. En Díaz Carazo S. L., empresa que administraba Miguel, «no consta actividad ni rendimientos ni beneficio alguno», pero él recibía a través de ella una nómina mensual de 2.200 euros. No contento con todo lo que había conseguido, continuó con sus planes. Mary, ajena a todo, seguía firmando sin saber el qué. Le otorgó una escritura pública de donación de todas las participaciones sociales que tenía en propiedad. Con esto, Miguel se evitaba pagar el impuesto de sucesiones. Pero el dinero comenzó a escasear por su despilfarro y el hombre no lo dudó: puso a la venta, sin el consentimiento de su abuela, el dúplex de Pozuelo por 420.000 euros. Cuando Mary se enteró, lo denunció.

El juez no le dio la razón. Absolvió a Miguel de un delito continuado de estafa y otro de apropiación indebida, ya que todos los documentos contaban con la firma de Mary, que confiaba a ciegas en su nieto. «No tengo ni para comer», dijo entonces: «Me ha robado dos millones de euros de la cuenta bancaria».

El fatal día, después de que Miguel vendiese el piso, llegó ayer. A Mary se le terminó el plazo para estar en su vivienda. La dejó, con pena, recuerdos y 100 años a sus espaldas, a los nuevos propietarios. Su nieto, mientras, está desaparecido. Lo último que se sabe es que en 2010, mientras conseguía hacerse con las pertenencias de su abuela, trasladó su residencia a Estados Unidos.