El patio fue lugar de recreo de las alumnas donde se realizaron las primeras clases de gimnasia
El patio fue lugar de recreo de las alumnas donde se realizaron las primeras clases de gimnasia - BELÉN RODRIGO

El edificio que abrió las puertas de la educación a la mujer en el siglo XIX

La sede de la Fundación Fernando de Castro se encuentra en el inmueble donde se instaló en 1893 la Asociación para la Enseñanza de la Mujer creada por el intelectual español

MADRID Actualizado: Guardar
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En la calle San Mateo, junto al Museo del Romanticismo, se encuentra un edificio del S.XIX en donde está la sede de la Fundación Fernando de Castro. Fue en este inmueble donde se juntaron las distintas escuelas creadas por el intelectual español destinadas a la mujer. «Capellán de honor de la reina Isabel II, fue una persona inquieta, tremendamente intelectual, que defendió la cultura como la base de todo», explica a ABC Miguel Muñoz Yusta y del Álamo, director de la fundación. «Castro supo entender la situación de la mujer del siglo XIX, sin formación porque estaba mal visto socialmente», añade. Fue por esta razón por la que comenzó a impartir aulas abiertas que llamó Conferencias dominicales. «Abre la cultura a todos y fue un éxito total. Se da cuenta que acuden sobre todo mujeres de la alta burguesía que no tenían opción laboral, algo que no ocurría con las clases más bajas que sí podían tener un oficio», indica Muñoz, descendiente de los albaceas de Castro.

Llega a la conclusión de que la mujer nunca será libre hasta que no tenga una cultura que le permita serlo. «Castro fundó el liberalismo intelectual y religioso en España», subraya el director de la fundación. Una figura fundamental en el siglo XIX, muy poco conocido si lo comparamos con sus discípulos, entre ellos Giner de los Ríos, que crearon años después la Institución Libre de Enseñanza. Este edificio, cuidadosamente recuperado, nos acerca a la figura de Fernando Castro y a todo lo que supuso su pensamiento en la educación de la mujer.

Hall de entrada del edificio que se ha restaurando respetando el diseño original
Hall de entrada del edificio que se ha restaurando respetando el diseño original - BELÉN RODRIGO

Castro comenzó su tarea de enseñar a las mujeres en 1869 en la calle Augusto Figueroa con la Escuela de Institutrices y en 1870 crea la Asociación para la Enseñanza de la Mujer que tuvo como protectora de honor a la Reina María Cristina de Habsburgo-Lorena y en las aulas dieron clases docentes como Niceto Alcalá Zamora, presidente de la II República Española, o Giner de los Ríos. Entre los socios destacaron los músicos Isaac Albéniz y Francisco Asenjo Barbieri, la escritora Emilia Pardo Bazán o Concepción Arenal, escritora y activista por los derechos de la mujer.

Edificio inteligente

Fernando Castro murió en 1874 y fueron sus discípulos, principalmente Ruiz de Quevedo, quien desarrollaron el proyecto de crear un único edificio donde unir todas las escuelas. Gerardo de la Puente fue el arquitecto que diseñó el edificio aunque la obra la ejecutó Pablo Sánchez y se inauguró el 1893 por la reina María Cristina. «Fue un edificio intelectual de la época en el que se cuidó mucho que hubiese luz natural», indica el director de la fundación. Por estas aulas pasaron «muchas mujeres anónimas que salieron con mejor formación que sus padres y transmiten ese germen de la cultura en sus distintos entornos», añade. Personajes destacados del mundo de la cultura y del comercio como Eduardo Pintor Rosales o Enrique Loewe llevaron allí a sus hijas. «Fue una enseñanza de calidad a precio reducido», explica Juanjo Moreno, archivero y bibliotecario de la fundación.

Biblioteca en la que se conservan libros de Fernando Castro
Biblioteca en la que se conservan libros de Fernando Castro - BELÉN RODRIGO

Las alumnas pagaban una pequeña cantidad por la matrícula, los profesores impartían clases gratuitas y las mejores alumnas se quedaban también para dar clase recibiendo sueldos reducidos. Durante la guerra civil se logró proteger al edificio dando cobijo a todos aquellos que se habían quedado sin casa después del bombardeo en la calle Fuencarral. «Del año 55 al 90 hubo un vacío grande., una crisis por problemas económicos. Los profesores quisieron cobrar sueldos reales pero no se pudo», indica el bibliotecario. A pesar de todo se mantuvo la junta que con mucho esfuerzo logró mantener el inmueble ya que «está en un sitio muy goloso para bancos y hoteles», añade.

Durante varios años se llevó a cabo la restauración del edificio de la mano de Luis Maldonado que concluyó en el 2006. «Hemos conseguido que se mantenga tal y como era originalmente, es un milagro», reconoce Miguel Muñoz. También fue necesario valor y coraje porque en este tipo de restauraciones «hay opiniones para todos los gustos» Para él, muchas veces «el progreso mata a la arquitectura» y se muestra satisfecho por haber preservado un inmueble que en su día fue pionero.

Edificio ecléctico con arquitectura de hierro

En el solar en el que se levantó el edificio estaba el cuartel de San Mateo que se derribó y vendió por solares. Para albergar la Asociación para la Enseñanza de la Mujer se optó por levantar un edificio con gruesos muros de ladrillo apoyados sobre un zócalo de granito. Cuenta con un proceso constructivo y materiales tradicionales pero en el gran patio trapezoidal predomina la arquitectura de hierro y cristal que corresponde a un estilo moderno de las construcciones urbanas. Tanto sus fachadas delantera y trasera como el leguaje decorativo empleado son eclécticos. El edificio, en su conjunto, conjuga el eclecticismo y la arquitectura de hierro. Además se le dotó de pasillos interiores de iluminación, conducciones de gas y canalizaciones que lo relacionan con la arquitectura inteligente del racionalismo francés e inglés. Y otro de los aspectos que estuvo muy presente fue el del ambiente físico que tanto preocupó a Castro. En el patio, por ejemplo, se cuidaron con esmero distintos tipos de planta. Un patio en e que además del recreo se realizaron las primeras clases de gimnasia.

El edificio conserva muebles originales del siglo XIX
El edificio conserva muebles originales del siglo XIX - BELÉN RODRIGO

En las aulas se impartió, entre otras, clases de comercio, física, mecanografía, de correos y telégrafos...«Las secretarias de los años 80 del Ayuntamiento de Madrid salieron de estas aulas», cuenta el director. Todavía se conservan las aulas de química, párvulos, la biblioteca el comedor o los baños. «Este es un edificio vivo, no es un museo, y todos los espacios se siguen utilizando», recuerda su director. Para poder financiar el mantenimiento del edificio la primera planta está alquilada a una agencia de comunicación. En la planta baja se organizan distintas actividades culturales y en la inferior donde estaba el taller de pintura, se ha habilitado el espacio para impartir clases de máster especializados de la Escuela de Arquitectura de la Politécnica. En la biblioteca se conservan parte de los libros de Fernando Castro ya que cuando falleció la colección se dividió según su temática y también se enviaron ejemplares a la Real Academia de la Historia y a la Casa Real.

En el interior de las salas se conserva un importante conjunto de mobiliario de la segunda mitad del siglo XIX. «Algunos muebles proceden de la casa de Fernando de Castro, un hombre austero que nunca quiso que apareciese su nombre», matiza Miguel Muñoz. También hay un importante legado realizado por la familia Muñoz-Yusta, procedente de la antigua fábrica de Apolinar Marcos, así como algunas piezas que fueron propiedad de la Infanta Doña Isabel Alfonsa de Borbón.

Un edificio que ha sabido conservar la atmósfera histórica y se ha adaptado a una nueva sociedad. Tal y como imaginó Castro, el acceso a la educación ha dado a la mujer su libertad.

Antigua sala de química
Antigua sala de química - BELÉN RODRIGO