BELÉN RODRIGO

El edificio para la enseñanza del siglo XXI

La Fundación Giner de los Ríos recuperó la casa donde la Institución Libre de Enseñanza instaló su sede a finales del siglo XIX

MADRID Actualizado: Guardar
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En 1884 Giner de los Ríos y Manuel Bartolomé Cossío instalaron la sede de la Institución Libre de Enseñanza (ILE) en una quinta ajardinada en las entonces afueras de Madrid, hoy paseo del General Martínez Campos, 14. Allí vivieron y abrieron una escuela privada en la que pusieron en marcha sus métodos propios. Entre sus alumnos estuvo Antonio Machado. Un espacio que fue recuperado y ampliado muchos años después y que actualmente es la sede de la Fundación Giner de los Ríos.

La institución pedagógica se había constituido en 1876 por un grupo de catedráticos a quienes habían apartado de la Universidad por defender la libertad de cátedra. «La ILE fue un proyecto en el que participó mucha gente pero Giner de los Ríos fue el principal ideólogo», recuerda Salvador Guerrero, doctor arquitecto profesor de Historia de la Arquitectura y del Urbanismo en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura. Es además miembro de la Junta Directiva de los Antiguos Alumnos y Amigos de la ILE, y ha acompañado de cerca todo el proceso de ampliación y rehabilitación del espacio. «Giner y Cossío se instalaron en esta quinta. Giner vivía solo y Cossío con su mujer y dos hijas. En el primer piso estaba la secretaría», explica el arquitecto. El archivo administrativo de la institución desapareció pero se conservan los papeles de ambos profesores. «Tenemos fuentes fragmentadas. Sabemos que había una escuela de Primaria y Secundaria y que uno de sus alumnos fue Antonio Machado. Su padre era folclorista sevillano con el sobrenombre Demófilo. En la ILE se recuperaron canciones, bordados y productos populares», cuenta Salvador Guerrero. «No era un internado. Algunos alumnos no eran de Madrid y la institución les buscaba alojamiento. Funcionaba como escuela privada y tenía una junta de accionistas», añade. El jardín era una parte importante del proyecto porque se buscaba un contacto directo con la naturaleza. Una institución que se convirtió «en un laboratorio de ideas, donde se plantean las reformas para crear una educación moderna».

Fachada de la Fundación Giner de los Ríos en el paseo General Martínez Campos 14
Fachada de la Fundación Giner de los Ríos en el paseo General Martínez Campos 14 - BELÉN RODRIGO

Giner de los Ríos falleció en 1915 y su discípulo, Cossío, siguió con el proyecto. Un año después se crea la Fundación Francisco Giner de los Ríos para velar por el patrimonio de la institución y proseguir con la tarea educadora iniciada por el maestro. «La Guerra Civil liquidó todos los avances. Muchos se fueron al exilio, se mantuvieron las reformas de forma testimonial y es lo que permitió recuperar posteriormente el proyecto», recuerda el arquitecto. El edificio fue saqueado y se pudo recuperar el patrimonio a principios de los años 80. Durante unos años en este espacio se instaló un colegio público. «Una vez recuperada la sede, las instalaciones estaban deterioradas y el patronato cree que si la ILE quiere tener un papel importante se debe recuperar y aumentar el espacio», explica Salvador Guerrero. Fue un proceso largo hasta que en el 2003 «todo se encauza y se logra la financiación económica» y culmina en el verano de 2014.

Nuevo edificio

La finca y sus edificios estaban en muy malas condiciones a comienzos del siglo XXI. Los arquitectos Cristina Díaz Moreno y Efrén García Grinda ganaron el concurso público «y en su propuesta se valoró mucho el papel del jardín», señala de profesor de Arquitectura. Por un lado conservaron y rehabilitaron íntegramente los edificios históricos: tanto la casa de Giner y Cossío como el pabellón Macpherson que había mandado construir la ILE. En ambos casos se han mantenido las fachadas, el volumen y la espacialidad originales. Para crear el nuevo edificio se aprovecha parte de la casa donada por el profesor Ricardo Rocha. «El edificio de nueva planta busca el contraste con la arquitectura histórica y se quiere instalar en la historia de la arquitectura moderna», destaca Salvador Guerrero.

El pabellón Macpherson también ha sido recuperado
El pabellón Macpherson también ha sido recuperado - BELÉN RODRIGO

Bajo rasante se construye un moderno auditorio y una sala de exposiciones. Sobre rasante, aulas en las que la fundación lleva a cabo distintos programas como los cursos de monitores de tiempo libre o un máster de la Universidad Carlos III. «Se diseñan aulas del siglo XXI, sin tarima», indica el arquitecto. «Hay un diálogo entre lo antiguo y lo nuevo, entre artificio y naturaleza», añade. En total forman el edificio la planta baja y tres alturas en la fachada al paseo además de dos niveles de sótano. Como rasgo característico de este edificio destaca la celosía de varillas de acero galvanizado con distintas densidades. «Sirve para tamizar la iluminación natural y para provocar una relación entre dentro y fuera», apunta Salvador Guerrero

El jardín, diseñado de la paisajista Teresa Galí-Izard, ha recobrado la idea del jardín original, preservado a través de documentación gráfica y escrita, que ha sido recuperado, inclusive a nivel botánico. Es el centro de la actividad pedagógica.

La Fundación hoy

Poco a poco la Fundación Giner de los Ríos ha ido recuperando sus actividades. La primera de ellas fue las Colonias de Verano para niños, un espacio de relación social de los alumnos. Actualmente se realizan en Galicia, durante el mes de julio, en la que los participantes están muy en contacto con la naturaleza, tal y como defendían los fundadores de la ILE. «No se estudia ni hay cursos de idiomas, es un tiempo de ocio para el alumno. Son lugares singulares, se realizan excursiones y hay actividad teatral y manualidades», explican desde la fundación.

Las varillas de acero galvanizado permiten la entrada de la luz natural
Las varillas de acero galvanizado permiten la entrada de la luz natural - BELÉN RODRIGO

El programa de actividades de la fundación lo compone también un ciclo de conferencias, la recuperación de la publicación de una revista cultural, el BILE, dos veces al año y el ya referido máster de la Carlos III: Laboratorio de la Nueva Educación. Se alquilan igualmente el auditorio y el jardín para distintas actividades siendo una importante fuente de financiación.

La fundación quiere mantenerse viva, seguir aportando cosas a la sociedad «que ha cambiado». Muchas de las ideas que defendía Giner de los Ríos y sus discípulos «ya se han cumplido. Los alumnos ya realizan excursiones a museos, actividades al aire libre, por ejemplo», matiza el arquitecto. Pero todavía son muchas las cosas en las que puede participar esta fundación para mejorar la calidad de la enseñanza en España.

El nuevo edificio cuenta con un moderno auditorio
El nuevo edificio cuenta con un moderno auditorio - BELÉN RODRIGO