Familiares ayer en el Anatómico - Guillermo Navarro

Bebé cocheHabla el padre que olvidó a su hija en el coche: «Estoy seguro de que la dejé en la guardería»

Así se lo dijo a su mujer cuando le llamó para preguntarle por la víctima. Está en libertad, hundido por la culpa

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Un despiste con consecuencias irreparables. Eso fue lo que le sucedió al hombre de 43 años que dejó olvidada a su hija menor de 21 meses, casi siete horas dentro de su coche, en vez de llevarla a la guardería de Sanchinarro (Hortaleza) y se marchó a trabajar en transporte público. La pequeña falleció deshidratada, según el informe preliminar de la autopsia. Su padre, detenido el miércoles acusado de un presunto delito de homicidio imprudente, quedó en libertad ayer tras ser interrogado por la Policía.

De este modo, la versión de un desgraciado error que manejaron los investigadores desde un primer momento se corroboró, por inexplicable que pueda parecer. El conmovedor testimonio y la versión que ofreció ese hombre, hundido por la culpa, bastaron para que los agentes del Grupo V de Homicidios zanjaran el asunto. Ni siquiera le hicieron la prueba toxicológica. Tardaron horas en poder interrogarle, ya que estaba en estado de «shock». El progenitor se encuentra ahora a la espera de juicio o de lo que determine el juez en el transcurso de la investigación.

La tragedia se descubrió sobre las 16 horas, cuando la madre, de 39 años, fue a buscar a la niña, a la que su marido tenía que haber dejado en la escuela infantil Ana de Austria entre las 9 y las 9.30 horas. Los cuidadores le indicaron que no había ido ese día a clase. Sorprendida, llamó por teléfono a su marido. «Está en la guardería. ¿Dónde va a estar?», le contestó. Su mujer, nerviosa, insistió y él se mostró totalmente convencido. «Estoy seguro de que la dejé ahí», replicó. Sin embargo, tras un breve silencio, se percató de su lamentable error. « ¡Está en el coche!», acertó a decir, titubeante y horrorizado. Así lo indicó en su declaración ante los agentes. A partir de ahí, los acontecimientos se precipitaron y el pánico y la desesperación se adueñaron de la pareja y de cuántos la rodeaban.

Ella fue al vehículo, un monovolumen que él aparcaba cerca del centro para dirigirse a su lugar de trabajo en Las Tablas. Estaba a 15 metros de la entrada. Lo abrió con una copia de las llaves. Vio a su pequeña, inmóvil, en su sillita del asiento trasero, en sentido contrario de la marcha. Apenas se la veía, pues los cristales son tintados. Había estado todo el día al sol. Estaba en parada. Los primeros auxilios que le realizaron «in situ» educadores y pediatras de un centro de salud y las maniobras de reanimación cardiopulmonar que le hizo el Samur durante 45 minutos fueron en vano. A las 16.52 certificaban la muerte.

Aturdido, el hombre no sabía lo que había hecho esa mañana«Se me pone la piel de gallina. Eran felices y estaban encantados con la peque pues el mayor tiene 11 años»

Mientras eso ocurría, el padre llegaba corriendo, despavorido. Aturdido, no sabía qué había hecho esa mañana. Como todos los días, llevó a los tres mayores al colegio de Valdelasfuentes. Después, se dirigió con la menor a su cole. Aparcó y continuó con su rutina, en modo piloto automático, sin ser consciente del olvido mortal.

En el Anatómico Forense, un grupo de familiares realizaban ayer los trámites y reconocían el cadáver. «¡Qué desgracia! No hay palabras», decía un tío de la víctima, consternado. Domiciliados en Cobeña, habían residido en Sanchinarro hasta que se mudaron.

Hijos de entre 11 y 21 meses

En la escuela infantil reinaba la tristeza y las lágrimas se desbordaban: «Iba a la clase de mi nieta. Es terrible. No quiero pensar cómo lo estarán pasando esos padres». Para evitar que se repita esa desgracia, en el centro dieron instrucciones para que comuniquen las ausencias de los críos.

«Se me pone la piel de gallina. Es una familia excelente. El pobre hombre ha arruinado su vida y la de los suyos por un estúpido despiste. Eran felices, estaban encantados con la peque pues el mayor tiene 11 años. ¡Menudo calvario!. Ojalá lo superen», subrayaba Juan. Unas rosas rojas en la verja recordaban a la víctima.