El Ayuntamiento de Madrid lanza una consulta «trampa» para cerrar la Gran Vía

El proceso no permite a los madrileños decidir sobre el tráfico privado en este eje

MADRIDActualizado:

Pese a que la decisión de peatonalizar Gran Vía ya está tomada, el Gobierno de Manuela Carmena anunció ayer la convocatoria de una consulta para preguntar a los madrileños varios detalles del proyecto. Cuatro puntos sobre la ampliación de las aceras, el incremento de los pasos peatoneales, la mejora de las plazas traseras y la prioridad del transporte público serán las cuestiones sometidas en una votación que, sin embargo, ignora el eje fundamental del termómetro ciudadano: el cierre al tráfico privado.

Como ya sucediera durante los meses de diciembre y enero con los cortes del centro –modificados sobre la marcha por la falta de seguridad y los tres reveses judiciales que revocaron el veto a multitud de transportes–, el Ayuntamiento tiene preparado un nuevo plan sobre la Gran Vía que siembra de incertidumbre el actual tránsito circulatorio en el interior de la almendra central. Pero esta vez, dado el carácter improvisado de la prueba piloto y las numerosas quejas de peatones, comerciantes y conductores, el equipo de Ahora Madrid pretende esquivar el rechazo popular. Y para ello, disfraza ahora la medida con un cuestionario abierto a la ciudadanía.

Más allá de obviar la pregunta capital en relación al respaldo o no del plan, las preguntas planteadas resultan complejas y abstractas. Cualquiera de ellas ofrece una respuesta abierta a la interpretación, por lo que cuesta entender de qué manera se llevará a cabo el escrutinio. Las críticas no tardaron en llegar. El edil del PP y portavoz de Participación Ciudadana, Percival Manglano, calificó ayer de «engaño» y «absoluta tomadura de pelo» la consulta y añadió que «la cuestión de fondo» es que el veredicto sobre la peatonalización de Gran Vía está pactada «desde hace meses». En la misma línea, la portavoz de Ciudadanos, Begoña Villacís, puso en duda un modelo al que «le falta la quinta opción». «¿Dónde está la libertad cuando la gente no puede expresar si ese es su modelo o no?», advirtió, incidiendo en que un cuestionario así «implica dirigir» la consulta, que por tanto «no será limpia, justa, ni objetiva».

El delegado de Participación Ciudadana, Transparencia y Gobierno Abierto, Pablo Soto, precisó en la comisión municipal el periodo exacto de sufragio, entre el 13 y el 19 de febrero, coincidiendo con la votación ya convocada acerca de dos propuestas vecinales que han obtenido el apoyo de más del 1% de los empadronados mayores de 16 años en la web de participación ciudadana – www.decidemadrid.es– y de la elección final sobre el diseño de la futura Plaza de España. «Vamos a preguntar detalles concretos sobre cómo transformar la Gran Vía para que sea la propia ciudadanía la que decida», comentó, sin tener en cuenta el ínfimo seguimiento en anteriores iniciativas.

Es el caso, por ejemplo, de los Presupuestos Participativos de 2016, donde 2.660.879 de los 2.706.401 vecinos con posibilidad de voto –el 98,32%– se quedaron sin ejercerlo. Para más inri, el concejal Soto admitió también que para «ahorrar costes» en el caso de Gran Vía se ha aprovechado la votación de la propia Plaza de España, ya en marcha. Aunque eso implicará, según admitió el delegado, que por falta de tiempo no se pueda enviar la papeleta por correo, lo que dificulta aún más la participación. Fuentes municipales no fueron capaces de precisar ayer a ABC cuál será el montante de la partida para llevar a cabo la consulta.