Alaska, durante un concierto
Alaska, durante un concierto - ISABEL PERMUY

Alaska: «La Gran Vía ya no sirve para nada, pero Malasaña está genial»

La voz de Fangoria charla con ABCsobre sus manías pre-concierto y sobre la vida cultural de Madrid, antes de actuar hoy en el Wizink Center

MADRIDActualizado:

Cuenta Alaska que, diez años después de actuar ante miles de personas en lo que entonces se llamaba Palacio de Deportes, Fangoria tuvieron que rebajar sus expectativas en la capital tocando ante solo cuatrocientas, en El Sol. «Todo lo que sube baja, son cosas que pasan. La vida da muchas vueltas», dice la cantante. Y con razón: las tornas volvieron a cambiar pronto para el dúo que forma con Nacho Canut, y el territorio hoy llamado Wizink Center les resulta de lo más familiar. Allí presentarán esta noche «Extrapolaciones y dos preguntas», nuevo disco de versiones con dos temas inéditos.

—¿Pasa nervios antes de subir al escenario?

—No. Lo que me da un poco de nervios son los arranques de gira, no porque sea un concierto, sino porque es el primero. Por si no me acuerdo de un paso, de una letra, si estoy cómoda o no con tal vestido... Eso dura hasta que llevamos dos o tres conciertos. Ahí ya me quedo tranquila.

—Hay artistas a los que les da miedo cuando cogen «el piloto automático» en una gira.

—A mí me pasa al revés. Cuando todo está mecanizado es cuando más disfruto. Cuando el show está afianzado, es como una obra de teatro. Es lo mismo cada noche, pero a la vez no lo es.

—¿Tienen algún ritual o algo que nunca pueda faltar en el camerino?

—¡No! Además, nos da muchísima vergüenza cuando vemos documentales de grupos que hacen esas arengas de equipo. Si Nacho o yo propusiéramos hacer eso, sería motivo de separación (risas). Cosas que no pueden faltar en el camerino... Algunas porquerías que pedimos. Al final, aquello parece una fiesta infantil.

—Cuando actúa en Madrid, ¿después se va a tomar algo?

—Actúe aquí o en cualquier ciudad, me voy a casa o al hotel. Ya no me apetece. Si ocurre algo parecido a seguir de fiesta, es porque vienen amigos a casa.

—¿Quién es su amigo más divertido cuando monta una fiesta en casa?

—Qué difícil. Las Nancys, Jedet, La Prohibida... Es que no me quiero dejar gente fuera. Topacio... Toda la gente que forma mi mundo.

—Y de planes más tranquilos, ¿qué le gusta hacer?

—Como vivo en el centro, con tres zancadas me planto en la zona de más vida. Más hacia detrás de mi casa, porque la Gran Vía ya no sirve para nada. Pero la parte de Malasaña, Chueca... Están genial, siguen teniendo cafés fantásticos y comercios locales y ecológicos. Para tomar algo iba mucho a El Fabuloso, y me encanta ir a ver obras al Teatro Lara. Ahora está Brays Efe y quiero ir a verle. Además, tengo la suerte o la desgracia de hacer mucha vida cultural por obligación profesional. Pero al final eso está muy bien porque así no me pierdo muchas cosas interesantes.

—Dicen que en España los artistas nunca hablan mal de sus colegas por un «buenismo» que en Inglaterra no existe. ¿Qué opina?

—¡No será por nosotros! Estamos acostumbradas desde que nacimos a que los críticos y los músicos hablen mal de nosotras.

—Me prohibieron preguntarle por política.

—Paso de hacer una entrevista que va sobre un concierto y que se convierta en un tuit. Me aburre. Las entrevistas se nutren de polémicas, y yo ya solo quiero hablar de mis conciertos.

—Pero así las entrevistas...

—Son un coñazo, lo sé. Pero desde que existen el medio digital y las redes, todo está torcido. Y yo ya paso de torcimientos.