Arzobispos marcados por un sepulcro
Zacarías Martínez, arzobispo de Santiago que se carteó con Ramón y Cajal - abc

Arzobispos marcados por un sepulcro

Entre los últimos veintiún pastores de la Iglesia compostelana los hay que no querían serlo, que se carteaban con Ramón y Cajal o sin dinero para costear su funeral. Un libro recopila sus vidas

abraham coco
santiago Actualizado:

Zacarías Martínez se carteó con Ramón y Cajal «hasta la víspera de su muerte». Se habían conocido mientras este agustino realizaba su doctorado en Ciencias Naturales, «una cosa poco habitual en el mundo eclesiástico». Fue entonces cuando entablaron amistad, muchos años antes de que uno se convirtiera en Premio Nobel de Medicina y el otro, en arzobispo de Santiago.

Esta anécdota es una de las muchas que Carlos García Cortés relata, a lo largo de casi quinientas páginas, en su libro «Episcopologio moderno de la Iglesia compostelana», obra que estudia la personalidad y la labor de los últimos veintiún pastores de la archidiócesis compostelana, desde el ilustrado Bartolomé Rajoy -«sin el que Santiago no se podría concebir»- hasta el actual, Julián Barrio, el único con vida junto a Antonio María Rouco Varela, su predecesor en el cargo.

«Los obispos de Santiago tienen un rasgo común por las características especiales de esta diócesis, la única en España que tiene la tradición de un apóstol» -detalla a ABC García, sacerdote e historiador-. «Y esto les da una peculiaridad que los iguala y los hace guardianes de una tumba apostólica, maestros de la fe con la que se encuentran al final los peregrinos».

Bartolomé Rajoy el ilustrado

No es la primera vez que se estudia la vida de los responsables de la Iglesia santiaguesa, pero las dos publicaciones existentes hasta ahora abarcaban hasta los años 1821 y 1850. García lo amplía hasta nuestros días. Su libro comienza en 1751 porque «se quiere situar como cabecera a una persona clave en la historia de Galicia: Bartolomé Rajoy, primer arzobispo moderno del tiempo en el que nace la Galicia moderna». A él la capital gallega le debe parte de su aspecto. «Hay una serie de edificios que impulsa», explica el autor: el Palacio de Rajoy, sede del Ayuntamiento; la fachada norte de la Catedral, el hospital de San Roque, el asilo de Carretas o el Palacio arzobispal.

«Pero además hizo una gran labor social durante sus veinte años de mandato. Fundó lugares para recoger ancianos, prostitutas, niños abandonados... Era una revolución social en ese tiempo que la Iglesia se hiciera cargo de unas funciones que el Estado entonces no tenía asumidas», resalta García.

García Benito luchó hasta conseguir que no le obligaran a ser arzobispo

Pero no siempre los arzobispos reciben entusiasmados su nombramiento. A Juan García Benito la idea no le convencía en 1822 y luchó hasta conseguir una rectificación pese a que Roma le había llamado a cambiar la diócesis de Tui por la de Santiago: «Decía que estaba muy mayor [70 años] y le insistieron hasta tres veces para que aceptara. Fue dando largas con mano izquierda y nunca llegó a venir a Santiago». Al terminar el Trienio Liberal, logró su propósito con la vuelta del rey Fernando VII.

El puesto permaneció dos años vacante. Pero no fue la única ocasión. Casi un 10 por ciento de los últimos dos siglos y medio, la archidiócesis gallega careció de obispo. En total 24 años, « tiempo algo superior a lo normal».

Solo cinco de los arzobispos de estos 250 años habían nacido en Galicia. Entre ellos destacó por su galleguismo en los años veinte del siglo pasado Manuel Lago González, que fundó la revista «La Integridad» y fue uno de los promotores de la Real Academia Galega. La afición literaria también estuvo presente en Fernández Vallejo a finales del siglo XVIII. «Siendo aún canónigo en la Catedral de Toledo descubrió y publicó el "Auto de los Reyes Magos", la obra teatral española de mayor antigüedad».

Concilio Vaticano II

Gallego, orensano de Maseda, fue además Quiroga Palacios, el arzobispo y cardenal en el Concilio Vaticano II del que se cumplen ahora cincuenta años. «No fue uno más. en la reunión ecuménica. Tuvo gran protagonismo puesto que representó a España y a las iglesias de habla española en la comisión preparatoria, presidió una de ella durante el Concilio y al término», indica García.

Enterrado a los pies del Pórtico de la Gloria, fue el primer presidente de la Conferencia Episcopal Española, un cargo en el que también han estado los dos arzobispos compostelanos posteriores: Ángel Suquía y Rouco Varela, aún en él. Y es que el peso de la archidiócesis de Santiago es destacado.

-¿Podría seguir algún día sus pasos Julián Barrio?

-Podría ser perfectamente, pero ha sido una coincidencia en el tiempo.

García ha rebuscado en más de cuarenta archivos hasta recopilar «un inmenso material». El Archivo Secreto Vaticano centró buena parte de su estudio «porque en él se reúne la información básica de cada promoción episcopal». También la de Bocanegra Jibaja, quien falleció pobre «porque había repartido todo su dinero». El cabildo catedralicio no quería costear su funeral, pero un clamor popular le obligó a rectificar su decisión.

«Santiago es pequeño en número de habitantes, pero es una ciudad de repercusión internacional. Y sus arzobispos han sido protagonistas», asegura García, admirador del padre Zacarías, que «tuvo la habilidad de dialogar con el mundo científico y universitario en una época muy difícil».