Las urnas del pasado 26-M dictaron acusados volantazos en un puñado de ayuntamientos gallegos
Las urnas del pasado 26-M dictaron acusados volantazos en un puñado de ayuntamientos gallegos - IGNACIO GIL
Los vuelcos históricos del 26-M

Una vuelta de tuerca municipal

Concellos como Laxe, Ribadavia, Vilalba y Taboadela inician una nueva era tras una larga etapa bajo el mismo color político

SantiagoActualizado:

Casos como el de Beade y Quintela de Leirado, de por sí excepcionales, van camino de convertirse en piezas de museo. Municipios que solo han conocido a un alcalde durante la democracia. Donde hay que remontarse a los años 70 para dar con los estrenos de regidores que acumulan más de tres décadas empuñando el bastón de mando. Y lo que les queda. Un mismo alcalde, un mismo partido. Son raras avis, rarísimas, dentro de una tendencia que empuja cada vez más hacia la fragmentación del voto y, en consecuencia, la alternancia en los mandatos. Especialmente mientras se mantenga el sistema actual que no premia a la lista más votada, con los consistorios sujetos no a la aritmética de las urnas, sino de los pactos.

La convocatoria electoral del 26 de mayo sacudió Galicia con vuelcos históricos, acusados volantazos. El PP perdió Taboadela después de 47 años porque Ciudadanos decidió apoyar al PSOE. En Vilalba, cuna de Manuel Fraga, donde siempre habían gobernado los populares, los socialistas lograron un triunfo inédito. A cambio, en uno de los contextos menos favorables que se recuerdan —la cita municipal estuvo precedida por las elecciones generales, que premiaron al partido de Pedro Sánchez y generaron un viento de cola que se trasladó al ámbito local—, el PP se resarció en concellos de largo arraigo del puño y la rosa, como Laxe y Ribadavia.

En este último municipio, ubicado en la provincia de Orense, el PSOE no abandonaba el sillón de la alcaldía desde hacía 16 años. «Era un reto que asumíamos siendo conscientes de la dificultad que entrañaba», admite el flamante nuevo primer edil, el popular César Fernández, en charla con ABC. «Era un reto complejo, porque llevar muchos años en el poder te da una cierta estabilidad, te permite manejar unos resortes que te aportan una cierta base electoral. Éramos conscientes de lo complicado que era dar la vuelta a la situación. Además, llevábamos sin ser la fuerza más votada esos 16 años».

La alegría fue especial, relata, y generó una «enorme satisfacción» porque el resultado en las urnas para las europeas, colocadas el 26-M junto a las municipales, «fue totalmente diferente», con victoria inapelable para los socialistas. En el concello, otra historia. «Los vecinos de Ribadavia se decidieron a apoyar directamente nuestra candidatura. Querían que fuésemos nosotros los que gobernáramos. La ciudad mandó un mensaje claro».

Concede Fernández que el traspaso de poderes fue «impecable». «No tengo ninguna queja con el comportamiento del gobierno saliente, estuvieron a la altura. El lunes a la mañana estaba ocupando el despacho de la alcaldía y trabajando con normalidad». La procesión en el PSOE iba por dentro. «Tiene que ser una situación compleja de gestionar emocionalmente. A todos los que estamos en política nos corresponde saber estar cuando tenemos una derrota electoral y hay un cambio de gobierno».

Toca ahora lo más difícil: no solo gobernar, sino hacerlo con otro manual de estilo. «Supone un desafío porque al final, en tanto tiempo, se consolidan unas formas de trabajar y unas dinámicas». Aplicar cambios «lleva tiempo y hay que gestionarlo con cuidado e inteligencia». Trabajo no va a faltar. «A lo largo de 16 años de gobierno socialista se había bajado los brazos, faltaba ambición, proyecto de futuro, garra, ilusión (…). Esta apatía se había contagiado en parte de la sociedad. Queremos actuar como revulsivo». Su meta es ambiciosa: devolver el «esplendor que en algún tiempo tuvo Ribadavia», antigua capital del Reino de Galicia.

Recuperar la sonrisa

Aún más tiempo que en Ribadavia, 20 años, llevaba instalado el PSOE en Laxe, en la Costa da Morte. «La gente quería un poco un cambio. La verdad es que lo esperaba. ¿Una sorpresa? Sí y no, depende de cómo lo mires». Quien habla con este diario es José Luis Pérez Añón, artífice del sorpasso para el PP. «En los últimos años hubo una desidia total, se nota bien en el pueblo. Está todo abandonado, no cuidamos lo que tenemos y la gente no está contenta. Hay una falta de conservación de las infraestructuras, una falta de limpieza total», censura. Estos días toca estirar la jornada porque «ya está el verano aquí encima» y Laxe es un enclave turístico al que le llega su época fuerte.

Al frente de un «grupo de chavales con mucha ilusión», quiere imprimir «un nuevo rumbo» a Laxe, otrora «la sonrisa del Atlántico», pero que «hoy sería la risa del Atlántico», lamenta Pérez Añón, decidido a recuperar ese «son-» que se ha caído del lema local. El reto no le arredra porque energía le sobra. «Confianza, mucha; optimismo, muchísimo; ilusión, no te puedes imaginar», resume su estado de ánimo. Ni siquiera revertir dos décadas bajo otras siglas le inquieta. Las primeras reuniones con los funcionarios han sido positivas. «La dinámica la vamos a cambiar con tiempo, sin apurar a nadie». Quiere predicar con el ejemplo: «Si ves trabajar al jefe, si es buen empleado también trabaja», sintetiza con sencillez. «Es un reto grande, difícil, pero bonito e ilusionante».

«Siempre voté a Fraga»

En Vilalba el vuelco fue tan sonado que se celebró en todo el PSOE y mereció mención especial en el Comité Nacional Galego por parte de Gonzalo Caballero, que quiso ver en el asalto al bastión popular lucense una señal para su propio advenimiento. La nueva alcaldesa, Elba Veleiro, que el 26-M no daba abasto con tanta llamada y mensaje, ocupó ese día un puesto de honor junto a Verónica Pichel, autora de una hazaña similar en Forcarei (Pontevedra). Veleiro aún recuerda con este diario cómo en la campaña, en las parroquias del rural, las personas mayores replicaban: «No, no, yo siempre voté a Fraga y voy a seguir votando a Fraga». Con el relevo generacional, sin embargo, «se va perdiendo esa adhesión». El desgaste para el PP en Vilalba ha sido progresivo. En 2015 retuvo la mayoría absoluta por 20 votos. El mes pasado, Agustín Baamonde no pudo seguir guardando el fortín.

A ojos de Veleiro, que dejará su puesto de médico en el ambulatorio, «sobre todo los últimos años, se hacía poco por el pueblo». Achaca el PP «una dejadez, un hacer lo mínimo», por acomodo e inercia. Considera que ahora recogen un cierto desencanto. «Se ve alegría e ilusión (…). De forma muy mayoritaria, el pueblo de Vilalba nos transmite que era muy necesario ese cambio». Un cambio que intuían ya hace cuatro años y que vienen preparando las tres últimas semanas, para ponerse «al día». Son jornadas intensas para el nuevo gabinete socialista que, desde la casa consistorial, puede divisar el busto dedicado a Fraga. «Una situación excepcional, de cambio histórico», concede la regidora.

No menos paradigmático ha resultado el cambio en Taboadela (Orense). El socialista Álvaro Vila se encuentra en plena fase de «aterrizaje». «Partimos de cero a todos los niveles», admite en conversación telefónica. Uno de los problemas que se han encontrado es que «el grupo de gobierno no está informatizado». De fondo, una «gestión unipersonal durante 47 años», que obliga ahora a «diversificar, a dotar de competencias a cada concejalía. Las funciones se van a repartir, no lo va a asumir el alcalde todo de primera mano». Especialmente en un caso como el suyo: compaginará la jefatura del concello con su trabajo en la prisión de Pereiro de Aguiar. Asegura que es «bastante compatible», pero desde que asumió el cargo se pasa «todo el día a punta de pistola». Después, afirma, todo «irá rodando, las cosas serán más fáciles». A casi medio siglo no se le da la vuelta en una semana.