Una de kas integrantes de la patrulla que avisa de la presencia de carteristas en el Metro - MARTA DIAS / Vídeo: Los hechos delictivos crecen un 9% en Barcelona en lo que llevamos de año

Los vecinos de Barcelona arman patrullas de vigilancia ante la inacción de Colau

ABC acompaña a un grupo de ciudadanos que localizan y señalan a carteristas y ladrones en el Metro de la capital catalana

La falta de política de seguridad y la ausencia de castigo a los reincidentes han disparado los delitos

BarcelonaActualizado:

Hace un año Eliana Guerrero se recorría sola el Metro de Barcelona señalando y cazando a carteristas únicamente acompañada por un silbato. Hoy lidera un organizado sistema de patrullas vecinales que ya reúne a medio centenar de personas que vigilan, día y noche, a los ladrones que campan a sus anchas por las entrañas de la capital catalana. No en vano, los vacíos legales, la inacción manifiesta del gobierno de Ada Colau en materia de seguridad y la falta de efectivos policiales han creado un caldo de cultivo perfecto para que sean los propios ciudadanos quienes acaben organizándose al margen de la administración para garantizar la seguridad urbana.

«No solo roban a turistas, también a discapacitados, ciegos y personas con síndrome de Down. A los niños les arrancan los móviles de las manos si están viendo dibujos. Es horrible», relata a ABC Cecilia, una joven boliviana que se unió a las patrullas hace unos meses. La mayoría de miembros de estas agrupaciones son extranjeros que se sorprenden cuando se les expone que su actividad es vista por algunos como un acoso de trasfondo xenófobo. «Es absurdo, esto no va sobre de dónde vienes, sino si delinques o no», expone Eliana.

Según ha podido constatar ABC acompañando a uno de estos grupos, las patrullas se organizan a través de de Whatsapp, donde se convocan las rondas. Estas tienen lugar en las estaciones, vagones y pasillos del Metro de Barcelona. Las patrullas de vecinos-vigilantes cuentan con al menos cinco personas uniformadas con camisetas negras que las identifican.

Uno de ellos ejerce el papel de «líder» y coordina el grupo, otro graba las distintas acciones para luego difundirlas o usarlas en caso de litigio y el resto se dedica a identificar, señalar y «cazar» carteristas. También tratan de lograr que los usuarios del metro se unan para acabar expulsando por la fuerza cualquiera que tenga intención de delinquir. Los ladrones ya les conocen y solo de verles abandonan rápidamente vagones y estaciones. «No volváis más, sinvergüenzas», exclama Cecilia mientras enseña una pancarta que advierte en siete idiomas de la presencia de una pareja de ladrones.

En la mayoría de ocasiones las patrullas apenas se enfrentan a los carteristas, que se van al escuchar los gritos y silbatos de los activistas vecinales como si la cosa no fuera con ellos. Sin embargo, a veces estos buscan el cuerpo a cuerpo. «Por supuesto que pasamos miedo, cuando increpo a un ladrón se me pone la piel de gallina pero es la única forma de lograr que se vayan y vean que no son los dueños de esta ciudad», relata todavía nerviosa una de las participantes de la patrulla tras lograr que tres supuestos carteristas más abandonen la estación de Diagonal del metro barcelonés. Las acciones de las patrullas son aplaudidas por los vecinos, que no paran de acercarse al grupo para agradecerles su labor.

«Seremos más»

Los agentes de seguridad del suburbano, que tienen buena relación con patrullas como la de Eliana, llevan meses desbordados por la llegada incesante de ladrones que, a pesar de ser identificados, detenidos y procesados recurrentemente, siempre vuelven a la calle. De allí otra vez al metro. «Un ladrón me dijo una vez: ‘me da igual lo que hagas, mañana estaré libre y volveré a robar’. A mí también me da igual, seguiré aquí, y seremos más», resume Eliana.

A lo largo de los últimos años, la cuestión de la seguridad ha ido ganando peso entre las preocupaciones de los barceloneses. Así, mientras en 2015, cincidiendo con el inicio del gobierno de Colau, el 3,4% de los vecinos afirmaba estar preocupado por la inseguridad, según el Barómetro Municipal más reciente, el 27,4% ya reconocía vivir con preocupación este problema. No se trata de una percepción alarmista: los números cantan. Los hecho delictivos han pasado de 153.063 en 2016 a 194.212 en 2018, y los datos del primer semestre de 2019 (9%) aceleran esta tendencia. Los robos con violencia, los que más alarma generan, se han disparado un 35% entre enero y junio.

Ante esta realidad, los ciudadanos se movilizan, y la red ha sido otro espacio que ha servido de altavoz para la frustración vecinal. Los perfiles de redes sociales dedicados a denunciar y compartir casos de agresiones y robos se han multiplicado hasta convertirse en auténticos guardianes digitales. «Helpers» es una de las más populares. Su cuenta de Twitter suma casi diez mil seguidores y se actualiza cada pocas horas con fotos de robos, atracos o peleas que registran y comparten sus miembros desde cualquier punto de la capital catalan. También escrutan la red buscando más casos que compartir con el método «Socmint» de filtrado. «Somos una inmensa red ciudadana con cientos de ojos en todos los puntos calientes de la ciudad», presumen desde la plataforma. Asimismo, afirman querer «presionar» a las administraciones para que vuelvan a garantizar la seguridad ciudadana, como es su obligación.

Al margen de la ley

Los expertos en seguridad ven por contra con recelo el auge de estas patrullas de autodefensa vecinal. El decano del Colegio de Criminólogos de Cataluña y profesor de la UOC, Daniel Limones, expone a ABC sus dudas y apunta que su eclosión es normal en un momento en el que cualquier caso de robo o violencia se torna «viral» gracias a las redes sociales. «La sociedad puede participar más en la seguridad, pero de una forma reglada. Si grupos al margen de la ley actúan por libre se pueden generar reacciones adversas», explica a este diario este experto en delincuencia urbana. «Hay que tratar esta cuesión con sumo cuidado», añade.