Ángel González Abad - Los martes, toros

El uso político de la Fiesta

«Y es que cuando se trata de un uso político, la Fiesta siempre ha salido perdiendo»

Ángel González Abad
BarcelonaActualizado:

Lejos de debates serenos y profundos sobre las distintas opciones políticas, la campaña, por aquello de la inmediatez y las prisas, se ha convertido en tensión, confusión y un rosario constante de insultos. Y en medio de todo eso, los toros, arma arrojadiza. En Cataluña la cosa se ha quedado en el fichaje de Serafín Marín en la lista de Vox, y hubo otro tiempo en el que la figura del torero de Montcada fue centro de los anhelos políticos de otras formaciones.

Si nos situamos en el otoño de 2010, cuando el Parlament acababa de prohibir las corridas de toros y se aproximaban los comicios autonómicos de noviembre. En aquella campaña, los toros tuvieron un protagonismo que llevó a los políticos hasta la plaza Monumental de Barcelona para prometer tumbar la abolición, y de ahí hasta fueron sacados a hombros por lo que parecía que era un apoyo sin condiciones.

En aquella feria de la Mercè, Albert Rivera fue izado por la puerta grande junto con Serafín Marín y el popular Rafael Luna. Y las frases grandilocuentes sobre la libertad se repitieron para halagar los oídos de los aficionados. Todo fue un sueño, pues después poco se supo, y tuvieron que pasar seis años hasta que el Tribunal Constitucional dictara sentencia echando por tierra aquella votación del Parlament contra la Tauromaquia en tierras catalanas. Pasaron los años, se sucedieron los comicios, y los compromisos adquiridos con los aficionados fueron cayendo en el olvido, hasta llegar a esta campaña en la que los toros se han convertido de nuevo en un argumento electoral que arrojarse a la cara.

Y es que cuando se trata de un uso político, la Fiesta siempre ha salido perdiendo. Blanco o negro, izquierda y derecha, cuando el único debate serio, sesudo y apasionado dentro e la propia Fiesta ha sido entre los partidarios de Joselito y de Belmonte.

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