Miquel Porta Perales - El oasis catalán

La claca

El nacionalismo ni siquiera pidió cita para evitar el «no». ¿El eco en la prensa? Tiende a cero

Miquel Porta Perales
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Continúa la racha. El nacionalismo catalán sigue cosechando éxitos en el ámbito internacional. El Tribunal Constitucional alemán señala que la soberanía recae en el pueblo alemán y desestima la petición para celebrar un referéndum de autodeterminación en Baviera, en sus excursiones por Europa el “ministro” Romeva es recibido por lo más granado del populismo y la xenofobia del continente, la revista norteamericana Politico sitúa al presidente Carles Puigdemont entre las doce personalidades que “probablemente arruinarán el 2017”, el Deutsche Bank incluye el referéndum y la secesión de Cataluña en la lista de treinta temas que han de tener en cuenta los inversores internacionales.

Para redondear la faena y coronar con éxito la política internacional independentista, el nacionalismo catalán viaja a Bruselas -invitado por dos eurodiputados de Esquerra y uno de la ex Convergència: así cualquiera- con el objetivo de explicar al Parlamento Europeo el referéndum secesionista. ¿Explicarse en el Parlamento Europeo? La visita no es institucional, sino partidista; y la charla tuvo lugar en una sala de trabajo. La terna, de lujo: Carles Puigdemont, Oriol Junqueras y Raül Romeva. ¿El resultado? Asistentes: forofos y paniaguados. La claca. Lo avanzó el PDECat en el correo que envió a ciudadanos catalanes residentes en Bruselas en el cual “anima a que vengáis muchos de vosotros acompañados de amigos y colegas y, si puede ser, ampliando el radio más allá de la comunidad catalana”. ¿Autoridades europeas? Ni una. El nacionalismo ni siquiera pidió cita para evitar el “no”. ¿El eco en la prensa? Tiende a cero. Conclusión: otro evento de consumo interno. Así se anima a la cofradía independentista. El secesionismo se escucha y aplaude a sí mismo. Al módico precio de ciento veintisiete mil euros. Otro acto fallido del agit prop independentista. Sigue la farsa. La nueva era que profetizó Carles Puigdemot -en un teatro, el detalle no es baladí- no cuaja. El mundo no nos mira. O ridículo o ridículo.

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