Fernando Conde - Al Pairo

García Sánchez

«Una bobada de solemnidad que pone de manifiesto, o bien que García Sánchez nunca ha visto una procesión vallisoletana, o bien que sencillamente es bobo de una solemnidad procesional»

Fernando Conde
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¿Qué les pasa a algunos directores de cine? ¿De dónde nace esa pulsión que les impele a insultar a quienes les honran? ¿A qué esa necesidad de llamar la atención, como si fueran niños mimados que reclaman el aplauso constante del entorno a sus gracietas y gamberradas? ¿Realmente creen que sus declaraciones aportan algo a la sociedad; que nos importan? ¿Están tan persuadidos y pagados de sí mismos como para creerse geniales…? Quizá deberían hacérselo mirar. Porque si antes fue Trueba, despreciando a su país y a sus compatriotas al recibir el Premio Nacional de Cinematografía, ahora le ha tocado el turno al salmantino García Sánchez, al recoger una Espiga de Honor en la Seminci de Valladolid. ¿Quién será el siguiente? Confundir el culo con las témporas y mezclar churras con merinas debe de ser un placer casi orgiástico para estos dos ínclitos. Porque hay que tener una empanada considerable para pedir al público que vaya más al cine y menos a las procesiones. Es como decir en Salamanca que dejen el hornazo y coman más hamburguesas. O sea, una bobada de solemnidad que pone de manifiesto, o bien que García Sánchez nunca ha visto una procesión vallisoletana, o bien que sencillamente es bobo de una solemnidad procesional. Porque el refranero español, sabio por popular y por secular, lo deja bien claro: «es de bien nacidos ser agradecidos». Y si a esta premisa le aplicáramos la lógica aristotélica, pronto llegaríamos a la conclusión (verdadera) de que, si el bien nacido es agradecido, el malnacido no los es. ¡Pura matemática!

Quizá los cineastas españoles del jaez de los Trueba y los García Sánchez crean que su ingenio, cuando dicen las estupideces que dicen, está a la altura del de Groucho Marx o el de Woody Allen, y no se dan cuentan de que su «chistosismo» es mucho más propio de Harold Lloyd o de Charles Chaplin, es decir, resultan mucho más graciosos… calladitos. Porque, cuando hablan, declaran que hacer buenas películas no está reñido con ser un metepatas y un maleducado. Aunque quizá sea que la mala educación y la amplia capacidad para decir memeces son algo contagioso. Eso explicaría entonces películas como Belle Époque, en la que tal vez no por azar trabajaron juntos el propio García Sánchez, como guionista -aunque a rebufo del gran Rafael Azcona, y Trueba, como director-. Dios les hace y ellos se juntan.

Pero recoger el premio sí lo recogió de una ciudad sotanera y comemisas como Valladolid. En eso alabo a Marisa Paredes que, en la gala de inauguración reconoció que, cuando le dieron su primer premio de teatro, precisamente en Valladolid, no acudió a recogerlo por considerar que no lo merecía. El exquisito García Sánchez, en cambio, igual cree que hasta merece esa Espiga. Pobre diablo.

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