Antonio Illán Illán

Teresa de Jesús, todo un carácter

«El cielo que me tienes prometido», última obra de Ana Diosdado, en el Teatro de Rojas

Antonio Illán Illán
Toledo Actualizado: Guardar
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Título: El cielo que me tienes prometido. Autora y dirección: Ana Diosdado. Intérpretes: María José Goyanes, Elisa Mouliaá, Irene Arcos y Emilio Gutiérrez Caba (voz en off). Espacio escénico y vestuario: Alfonso Barajas. Música y espacio sonoro: Luis Delgado. Iluminación: Rafael Echeverz. Producción: Salvador Collado

Para entender a Teresa de Jesús, en su pensamiento y en sus acciones, hay que echar mano de la creencia, de la fe y de sus profundas convicciones. Pero también es una figura que encarna unos valores humanos y una manera de ser singulares en la época que le tocó vivir; estos valores aún hoy son un ejemplo muy aprovechable por la fuerza de voluntad y los principios inquebrantables que movieron su vida.

Ana Diosdado, recientemente fallecida, nos ha dejado un texto teatral que retrata, desde la ficción, a la protagonista, Teresa de Jesús, como la mujer de profundas creencias y demostrada humanidad que era, pero mujer fuerte que no se dejaba amedrentar por nada ni por nadie.

La compañía de Salvador Collado, con María José Goyanes en el papel de Teresa, pone sobre las tablas el momento vital de madurez de Teresa de Jesús y su confrontación de pensamientos, formas y actitudes con Ana de Mendoza, la princesa de Éboli, muy bien encarnada en la actriz Irene Arcos. Son esos últimos momentos de la Santa, tras una esforzada vida, de toda su lucha, donde se codeó con los personajes más importantes de su época, incluso con el mismo Rey Felipe II, que la respetó y admiró. Ana Disodado deja bien claro en las notas al programa que esta es una obra de ficción, algo que debe quedar claro a los puristas que solo quieren ver historia real y biografía.

La protagonista se nos revela como una mujer con un fuerte carácter y muy humana (con sus flaquezas y defectos y la mortificación que ello le supone). Habla con Dios de igual a igual. Y también dialoga con la joven Mariana (Elisa Mouliaá), la doncella de Ana de Mendoza, cuyo ideal de vida es casarse. Es muy interesante lo que nos muestran en escena estos dos personajes que tanto parece que contrastan, pero que tienen en común más de lo que parece. Las dos son apasionadas y las dos saben lo que dicen cuando hablan de amor. El tercer personaje en escena es Ana de Mendoza. La autora nos la presenta en un momento tortuoso de su vida, sumida en la desesperación y el desengaño tras la muerte de su muy amado esposo. La confrontación entre Teresa y la de Éboli y la insoportabilidad de caracteres tiene fuerza de realidad y una fuerza teatral extraordinaria, que culmina con la escena, con violencia verbal incluida, en la que la princesa llama loca a la carmelita descalza y afirma no comprender en absoluto las privaciones y sacrificios absurdos a que somete a sus monjas. Teresa de Jesús también demuestra su mundo y sus redaños, cuando contesta y reprocha a Ana de Mendoza su vida licenciosa y el haber traicionado a su marido habiendo tenido un hijo fuera del matrimonio “rubio y con los ojos azules”. Son dos mujeres de genio vivo y dominantes que tuvieron discusiones y choques durante la construcción del monasterio de Pastrana y volvieron a tenerlos al morir el príncipe y pretender Ana de Mendoza tomar el hábito y dirigir el convento, pero sin dejar de vivir y ser tratada como una princesa que manda en su casa. Sabemos que Teresa de Jesús no se ablandó y terminó abandonando de noche la casa con sus monjas.

Estas emociones y estas potencias humanas están impecablemente interpretadas por las tres actrices, que han estado dirigidas por la propia autora de la obra Ana Diosdado, hasta que hace poco nos dejara. Magistral está María José Goyanes, implicada con Teresa de Jesús e imbuida de su espíritu, que trasmite la emoción a raudales y llora y hace llorar al espectador. Irene Arcos ha interiorizado a su personaje y lo ha hecho verosímil con una acertada interpretación dramática y desgarrada para mostrarse áspera e implacable con Teresa. Elisa Mouliaá, el contraste en el contexto, compone una Mariana plena de espontaneidad y encanto, pero quizá deba hablar menos deprisa para que no haya frases que se hagan ininteligibles. No en escena, sin embargo también destacable, es la voz poética de San Juan de la Cruz con la magnífica declamación en off de poemas que realiza Emilio Gutiérrez Caba. El duelo poético entre Teresa y Juan, incluso con su carga humorística, es un acierto, sin duda, de la autora.

El espacio escénico es sobrio, aunque poético y bello. La música y la luz, perfectamente tratadas, armonizaban muy bien con el texto.

El teatro lleno aplaudió con ganas esta obra pasional y emocional, que, con motivo del V centenario del nacimiento de Santa Teresa, ha producido Salvador Collado.

Al finalizar la representación se ha homenajeado a Ana Diosdado con una proyección, en la que diversas personalidades han recordado la personalidad de la escritora y los aciertos y valores de su teatro.

En la representación se ha recitado el soneto a Cristo crucificado, que comienza con estos versos: “No me mueve, mi Dios, para quererte / el cielo que me tienes prometido, / ni me mueve el infierno tan temido / para dejar por eso de ofenderte”. Quede claro que la atribución de su autoría a Santa Teresa es una licencia de Ana Diosdado. La verdad es que desconocemos a ciencia cierta el autor o autora. Se ha atribuido este soneto, sin que la crítica se haya sentido suficientemente comprometida a corroborar una autoría por falta de argumentos probatorios, a San Juan de la Cruz, Santa Teresa, el padre Torres, capuchino, y el padre. Antonio Panes, franciscano. Sea de quien sea, ha estado muy bien declamado y ha dado gusto escucharlo.

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