Sala de lectura de la Biblioteca de Castilla-La Mancha
Sala de lectura de la Biblioteca de Castilla-La Mancha - Ana Pérez Herrera

Los libros vencieron a las armas en el Alcázar de Toledo

Cuatro años de obras y más de mil millones de pesetas (más de 6 millones de euros) fueron necesarios para abrir la Biblioteca de Castilla-La Mancha

ToledoActualizado:

Corría el año 1998 y puede ser que Joaquín Sabina, cantautor español de sobra conocido por todos, estuviese escribiendo la letra de «Noches de boda», una de las canciones del disco «19 días y 500 noches», que vería la luz el siguiente año. Este tema, interpretado junto con la cantante mexicana Chavela Vargas, es un alegato para enfrentarse a las adversidades.

Es digno de reseñar uno de sus versos, en concreto el cuarto: «Que el diccionario detenga las balas». Lo tomo prestado para hablar de un hecho histórico que aconteció ese mismo año en la ciudad de Toledo. En 1998, mientras Sabina podría estar pensando en esa frase, abría sus puertas la Biblioteca de Castilla-La Mancha en el Alcázar, famoso otrora por ser el escenario de una de las más cruentas batallas de la guerra civil española.

El 16 de octubre de 1998, más de un millar de asistentes, entre ellos personalidades del mundo de la cultura, la política, el deporte, la economía y la Iglesia, presenciaron un momento histórico: la apertura de la Biblioteca de Castilla-La Mancha en todo un símbolo de la ciudad de Toledo. «Hemos entrado en el Alcázar no para colocar banderas en sus torres, sino para llenarlas de libros», explicó el entonces presidente autonómico, José Bono.

Cuatro años de obras y más de mil millones de pesetas (más de seis millones de euros en la actualidad) fueron necesarios para poner en marcha la Biblioteca de Castilla-La Mancha en la última planta del Alcázar de Toledo. Todo fueron elogios para la obra del arquitecto José María Pérez «Peridis» y para lo que significó este nuevo centro de la cultura enclavado en un edificio histórico conocido por su pasado bélico.

Sin embargo, el camino hasta la apertura de la biblioteca no fue sencillo, ya que fue precisamente su pasado guerracivilista el que frenó en muchas ocasiones este proyecto. Después de muchos años el Alcázar ha sido, y es aún, un símbolo de resistencia numantina para unos o de exaltación del franquismo para otros. No hay que olvidar además que el edificio fue elegido por Franco para albergar el Museo del Ejército, pero finalmente no fue así y permaneció en Madrid hasta 2010, desde cuando ocupa su ubicación actual en Toledo.

Desde el principio, varias fueron las personas que empujaron para que el proyecto de la Biblioteca de Castilla-La Mancha estuviera en el Alcázar de Toledo, pero la idea original fue del por aquel entonces consejero de Educación y Cultura, José María Barreda, quien en 1984 expuso al presidente Bono su propuesta. Así lo afirma a ABC el que fuera jefe de gabinete de Barreda y actual director del centro, Juan Sánchez, quien cuenta cómo un día ambos pagaron la entrada para visitar «de incógnito» el antiguo Museo del Asedio del edificio para ver las posibilidades que había de albergar allí la biblioteca.

El presidente Bono visita la biblioteca, recién inaugurada
El presidente Bono visita la biblioteca, recién inaugurada - EFE

El primer proyecto que el Gobierno de Castilla-La Mancha presentó al Ministerio de Defensa y al de Cultura fue obra de Fernando Martínez Gil, un gran intelectual e historiador toledano. Ambos ministerios dieron su visto bueno al proyecto y el ministro de Defensa de aquel entonces, Narcís Serra, visitó Toledo en 1986 para conocer in situ la situación real.

«¿Danzas sobre los muertos?»

Al día siguiente de la visita, ABC publicó un artículo durísimo contra la reutilización del edificio escrito por Luis Moreno Nieto, bajo el título «¿Danzas sobre los muertos del Alcázar?». También se mostraron críticos con la idea bastantes miembros de la Academia de la Historia y Ciencias Históricas de Toledo, lo cual era muestra de la reticencia al proyecto por parte del sector conservador de la sociedad.

De hecho, la cúpula militar fue a pedir explicaciones al mismísimo rey de España, Juan Carlos I, para poner fin al asunto. Y algo de fuerza debieron de tener porque el proyecto estuvo paralizado durante cuatro años, e incluso hubo una amenaza de atentar contra el presidente José Bono si no lo retiraba. Prueba de los problemas que suscitó la iniciativa es que, cuando se firmó el primer convenio entre el Gobierno autonómico y el Ministerio de Defensa, en 1990, el único espacio disponible del Alcázar para albergar cualquier servicio cultural sería una pequeña parte, donde irían sólo los fondos antiguos de la Biblioteca Pública del Estado de Toledo.

Pero la división de los fondos bibliográficos entre el Miradero y el Alcázar contó con la oposición de los movimientos socioculturales de Toledo. Entre ellos, destacó, de nuevo, la figura de Juan Sánchez, quien al frente del Servicio de Bibliotecas siguió defendiendo la necesidad de un centro único y de una biblioteca regional. El resultado fue la publicación, en febrero de 1994, de un manifiesto por la unidad de los bienes culturales, firmado por 155 intelectuales.

La respuesta no se hizo esperar y el 12 de mayo de 1994 se firmó el nuevo convenio entre el Ministerio de Defensa y la Junta por el que se cedía la segunda planta del Alcázar, con los cuatro torreones, para albergar la biblioteca tal como está hoy. Las obras comenzaron pero, con la llegada del Partido Popularal Gobierno de España en 1996, los fantasmas de una posible paralización del proyecto volvieron a aparecer. El presidente José María Aznar anunció oficialmente el traslado del Museo del Ejército al Alcázar. Y el año siguiente, el entonces alcalde de Toledo, el popular Agustín Conde, se reunió con el ministro de Defensa, Eduardo Serra, para presionarle en este sentido.

De nuevo, el papel de los intelectuales fue crucial y, gracias al apoyo de la Junta, se consiguió que las obras continuaran su camino, al igual que don Quijote tras su famoso discurso de las armas y las letras. Así, en el mismo edificio comparten hoy espacio el Museo del Ejército y la Biblioteca de Castilla-La Mancha, con un presente lleno de éxitos en forma de visitas, habiendo alcanzado la biblioteca los 315.000 usuarios, los 45.000 socios y los 1.500 ventos culturales en 2015. ¡Larga vida a la cultura en el Alcázar!