Cien años del Museo del Greco
Bella postal antigua de la Casa del Greco. (ARCHIVO MUNICIPAL DE TOLEDO)

Cien años del Museo del Greco

Se cumple un siglo de la apertura del principal reclamo turístico de Toledo, que ha contribuido a incrementar su interés naciona e internacional por la obra de este singular pintor

POR ENRIQUE SÁNCHEZ
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En el mes de junio de 1910 el Museo del Greco del Toledo abría sus puertas en unas antiguas casas del barrio de la Judería que el marqués de la Vega Inclán había adquirido y recuperado a costa de su peculio particular. Unas semanas antes, con fecha 27 de abril, el conde de Romanones, a la sazón subsecretario del Ministerio de Instrucción Pública y Bellas Artes, daba a conocer en la Gaceta de Madrid, una real orden por la que el Gobierno aprobaba la creación de esta singular galería y nombraba un patronato encargado de su organización y gobierno, designado para tal cometido a personalidades tan destacadas como Aureliano Beruete, Joaquín Sorolla, el Conde de Cedillo, José Ramón Mélida, Manuel B. Cossío y José Villegas, director del Museo Nacional de Pintura y Escultura.

Dos siglos y medio después de su fallecimiento, en el último tercio del XIX la figura y la obra del Greco comenzó a emerger en la ciudad de Toledo como uno de sus patrimonios más potentes. Viajeros venidos de países más allá de nuestras fronteras, intelectuales y artistas nacionales comenzaron a peregrinar hasta las orillas del Tajo con la finalidad de contemplar las fascinantes pinturas del pintor cretense que se encontraban semiolvidadas en sacristías, conventos, parroquias y oratorios. A la luz de cirios y candelas, las mística figuras de Theotocópuli adquirían una dimensión sobrenatural y dejaba transido a más de uno. Ante la contemplación de La Asunción de María, en la capilla Ovalle de la Iglesia de San Vicente, Rainer María Rilke escribió los siguientes versos: Óleo delicado que la altura quiere / estela azul que el incienso eleva, / música de laud compuesta hacia lo alto, / leche del mundo, brota, / apaga la sed del cielo, que es aún pequeño, y nutre / todo lo que en ti duerme, como el reino que llora: / te ha transformado en oro como la alta espiga, / te has vuelto pura como una imagen de agua.

El marqués de la Vega Inclán fue uno de aquellos prendidos. Conocido mecenas, coleccionista y promotor cultural de la España de Alfonso XIII, estaba interesado en la figura del Greco influenciado por los intelectuales de la Institución Libre de Enseñanza, fundamentalmente por Cossío, quien en 1886 le había considerado como uno de los genios de la pintura española. El aristócrata se apasionó por la pintura del cretense y comenzó a adquirir obras suyas. En 1905, tras conocer las investigaciones del catedrático institucionista para su ensayo El Greco, en las que se apuntaba la posibilidad de que Theotocopuli hubiese habitado las por entonces arrumbadas dependencias del antiguo palacio del marqués de Villena en las cercanías del Paseo del Tránsito, se empeñó en comprar las fincas aludidas, vislumbrando la posibilidad de recrear la casa del pintor. «Lo que hoy es un homenaje –escribió a Cossío en 1907 sobre su proyecto- mañana será un culto consagrado».

EL GRECO Y LA CIUDAD. Iniciada la recuperación de la Casa y ubicados en ella los cuadros que había ido adquiriendo, el aristócrata ofreció al Estado el citado edificio, aceptando el Gobierno en 1910 tal cesión y asumiendo en sus presupuestos las cantidades necesarias para el sostenimiento de su personal subalterno, así como los gastos de instalación y entretenimiento. Por primera vez, desde instancias oficiales se apostaba por oficializar la relación entre la figura del Greco y la ciudad de Toledo. Un respaldo que había tenido como antecedente la exposición de sus obras realizadas en el Museo del Prado en 1902, con ocasión de la proclamación de Alfonso XIII.

Antes de su apertura al público, el domingo 12 de junio, el marqués convocó a lo más destacado de la sociedad toledana para presentarles su sueño. Allí se congregaron desde el obispo auxiliar, Prudencio Melo, a los gobernadores civil y militar, el alcalde accidental, Victoriano Medina, pasando por diputados, catedráticos del Instituto y directores de periódicos locales. A todos entusiasmó la iniciativa y no hubo dudas a la hora de glosar los esfuerzos de Vega Inclán, quien no solo presentó su fundación, sino que emplazó a la ciudad de Toledo a celebrar en 1914 el tercer centenario de la muerte del Greco.

«Solo un hombre de la cultura del marqués de la Vega Inclán -se decía en El Castellano- es capaz de hacer viajes, gastar una fortuna, llevar cien mil disgustos, encontrar oposición en quien es favorecido y debía facilitarle el camino, reunir tantas joyas y bellezas en ese Museo, y decir al Estado: Ahí tienes ese tesoro que se llama Casa del Greco». En otro diario local, El Cronista, se afirmaba que la conducta del mecenas «es de una conveniencia grande, de una utilidad positiva y de un beneficio para Toledo en el orden económico e intelectual, para que acogido el hecho con entusiasmo, juzgado con lealtad y desapasionamiento fuese aplaudido y acariciado por el pueblo de Toledo». Pocos días después, el 21 de junio, el rey Alfonso XIII, recorrió privadamente las dependencias del nuevo museo toledano.

La actitud altruista de Vega Inclán merecía sobradamente los elogios vertidos, máxime cuando unos años antes los toledanos habían visto indignados como algunas obras del cretense, conservadas en la Capilla de San José, eran vendidas por su propietario, el conde de Guendulaim, y sacadas fuera de la ciudad. La combativa escritora Carmen de Burgos, «Colombine», por entonces profesora en la Escuela de Maestras, fue de las voces que se alzó reclamando del cardenal Sancha que se opusiera al expolio. Ahora, el marqués no solo pretendía poner en valor la pintura del Greco y presentarla de forma agrupada, sino que aspiraba a que su Casa acogiera también una gran pinacoteca del arte español.

El museo se convirtió, desde su apertura, en uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad, contribuyendo a incrementar el interés nacional e internacional por la obra de este singular pintor. Ese culto consagrado que vaticinaba Vega Inclán comenzaba a materializarse y a contribuir de forma muy destacada a la economía toledana. Santiago Camarasa, uno de los grandes propagandistas de la ciudad en el primer tercio del siglo XX, evaluó que mientras que en 1909 vinieron un millar de turistas, en 1913 se alcanzaron los cuarenta mil, y en 1925 más de cien mil. Durante muchos años, la Casa del Greco ha sido uno de los museos estatales más visitados de nuestro país. En 2006, último ejercicio que permaneció con las puertas abiertas antes de las actuales obras de rehabilitación y adecuación, registró un total de 198.009 entradas.

EL TERCER CENTENARIO. Tal y como había pedido el marqués, en 1914 la ciudad celebró con efusión el tercer centenario de la muerte de Doménico Theotocopuli, inaugurándose, entre otros actos, el monumento que hoy recuerda al pintor en el Paseo del Tránsito. Mientras tanto, dos años antes Maurice Barrés había publicado El Greco o el secreto de Toledo, dando otro excepcional empujón al reconocimiento internacional del artista.

La obra de Vega Inclán no dejó solamente su huella en Toledo. Su inquietud permanece ligada a otros proyectos tan singulares como la Casa de Cervantes de Valladolid, el Museo Romántico de Madrid o la Comisaría Regia de Turismo desde donde impulsó la creación de la red de paradores y el turismo cultural. A su figura, y la de cuantos iniciaron la reivindicación del Greco en el siglo XIX, han dedicado numerosos trabajos investigadores como Ana Carmen Lavín, Jesús Carrobles o José Pedro Muñoz Herrera, cuyos textos son lectura imprescindible para quienes estén interesados en ese centenario.