El presidente del Gobierno fue recibido por el Rey Mohamed VI de Marruecos - EFE

Sánchez pedirá a la UE un cheque fijo para que Rabat pare la inmigración

El presidente proclama su «satisfacción plena» con Marruecos en materia de devoluciones y anuncia que van a reforzarse

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Ciento setenta y un días ha hecho esperar el Rey de Marruecos a Pedro Sánchez desde su toma de posesión como presidente del Gobierno de España para recibirle ayer apenas durante una hora en el Palacio Real de Rabat. El mismo lugar donde el monarca convocó a Mariano Rajoy solo 25 días después de su primera investidura en 2012 y a los 15 días de que iniciara su segundo mandato en 2016. Y eso que en el vecino Reino se había acusado al líder del PP en sus inicios de ser un peligro para la «integridad territorial» de Marruecos por ciertas declaraciones relacionadas con el Sahara, uno de esos asuntos que siempre amenazan con hacer tambalear las relaciones mutuas.

No la excolonia española, pero sí un fenómeno que en los últimos tiempos se ha convertido en materia casi tan sensible entre ambos países como es la inmigración vertebró esta vez la visita a Rabat, en la que Sánchez se deshizo en elogios a la colaboración de Marruecos, país que en julio tuvo que pararle los pies y explicarle las implicaciones de la bilateralidad cuando Fernando Grande-Marlaska -también presente ayer en este viaje- anunció en su condición de ministro del Interior la retirada del alambre de púas de las vallas de Ceuta y Melilla. Si aquella descortesía enfrió la confianza y las posibilidades de un pronto encuentro con Mohamed VI, el jefe del Ejecutivo hizo ayer todo por agradar a sus anfitriones confirmando lo que más desean oír: que España presionará en Bruselas para conseguirles un cheque fijo en pago por contener la inmigración. Turquía y Libia ya lo tienen, por importe de miles e millones.

«La UE debe volcar de manera estructural más recursos económicos para Marruecos», defendió Pedro Sánchez tras entrevistarse por la mañana con su homólogo, el primer ministro Saadedín Otmani, ante el que reclamó públicamente la necesidad de que Europa reconozca la importancia de la cooperación «de un país hermano, como es Marruecos».

«España tiene un absoluto compromiso con la reivindicación (de Marruecos) de muchas de sus políticas en la UE. Nos tienen como aliados», dijo Sánchez en un mensaje que, en sentido amplio podría entenderse incluso como un apoyo al reconocimiento de la soberanía marroquí sobre el Sahara Occidental, de la que depende la ratificación de los recientes acuerdos agrario y pesquero.

El ceremonial de sonoros agradecimientos a Rabat rayano en la pleitesía visto ayer no es distinto al que han desplegado otros presidentes del Gobierno antes que Sánchez y revela en parte la gran dependencia de España frente a Marruecos en inmigración. Un fenómeno que en muchas ocasiones se ha acusado a Marruecos de manejar a su antojo, bien para distraer sobre conflictos internos -léase las revueltas en el Rif- bien para garantizarse contraprestaciones externas.

Este verano, el flujo de pateras ha batido todos los récords -han llegado por ahora 50.440 inmigrantes por mar más que en los tres años anteriores juntos-, a la vez que el régimen alauí exhibía lo eficaz que puede ser cuando quiere al capturar en redadas a miles de subsaharianos de la zona de costas, que luego trasladaban al desierto cerca de la frontera con Argelia. La UE lo captó y a finales de octubre, ya con la insistente petición española de por medio, Bruselas lograba acordar un primer paquete financiero de 140 millones para Marruecos -solo 70 de ellos de entrega directa, en principio-, lo que parece no haber satisfecho del todo a Rabat.

Sánchez vinculó este trabajo de España ante las instituciones comunitarias al compromiso adquirido ayer por los interlocutores alauíes de «reforzar las políticas de retorno» desde nuestro país, que sin más explicaciones fueron recientemente reducidos de una cuota de 25 inmigrantes diarios a 10. «En las políticas de retorno tenemos una sintonía y satisfacción plena con el Gobierno de Marruecos, y eso quiero agradecérselo», proclamó el presidente del Gobierno, que en cinco meses ha reactivado como nunca el acuerdo bilateral de readmisión de 1992 y puesto en práctica muchas veces las llamadas «expulsiones en caliente» en las fronteras que hasta hace muy poco el PSOE prometía que iba a abolir.

Los compromisos trascendieron el ámbito de Bruselas y Sánchez dijo que aumentará las becas para estudiantes marroquíes en nuestro país o brindó su apoyo a la iniciativa de Mohamed VI que conecta el éxodo en el África subsahariana con la desertificación y subraya por tanto la necesidad de cooperar con las regiones de origen, razón por la que el presidente confirmó su presencia en la cumbre de Marrakech impulsada por el monarca marroquí que este diciembre abordará las migraciones.

Durante la visita de ayer también se acordó celebrar en 2019 la Reunión de Alto Nivel (RAN) pendiente desde 2015 y que le corresponde organizar a Marruecos, así como un foro empresarial de los dos países.

En nombre del país vecino, la voz la puso El Otmani, que subrayó «la relación excelente» y no perdió oportunidad de expresar «apoyo a la integridad del territorio español», en alusión al desafío catalán, pero para agradecer de inmediato a España «su apoyo» a la postura de Marruecos con respecto al Sahara. Preguntado por ello, Sánchez indicó dos veces que, como política de Estado, nuestro país siempre ha defendido una solución en el marco de la ONU.