La llegada de inmigrantes a España supera puntualmente a la de Italia y Grecia

Se cree que este año se batirá el récord de 2006, lo que supondría doblar las cifras de 2017

MadridActualizado:

Lo ha certificado la Comisión Europea: en la última semana completa de mayo, la que va del lunes 21 al domingo 27, las llegadas de inmigrantes a España por vías irregulares superaron a las registradas en Italia y Grecia. Fueron 1.551 los hombres, mujeres y niños sin documentación adecuada los que se detectaron accediendo de forma ilegal a nuestro país frente a los 1.443 y 795 que se contabilizaron respectivamente en las otras dos grandes rutas migratorias europeas. Los datos, muy preocupantes, confirman las previsiones de empeoramiento de este fenómeno en las fronteras españolas y apuntalan la posibilidad de que España sea escenario de una futura crisis en este ámbito.

Tendencia alcista

Las estadísticas de los últimos meses subrayan una clara tendencia al alza de las entradas, fundamentalmente por mar, de inmigrantes a través de nuestras costas, que contrasta poderosamente con la bajada percibida en los otros frentes: las cifras se ralentizan en el Mediterráneo Central, Italia, mientras que en el Oriental, Grecia, están a años luz de los hasta 857.363 ingresos irregularse que se contabilizaron en 2015. Y ello gracias al refuerzo de controles exteriores acordado hace catorce meses con Turquía, aunque se están registrando repuntes desde abril que han elevado a 19.487 el número de los que han alcanzado territorio heleno en lo que va de año, cuando en 2017 habían sido 12.779.

Entre otros factores, las autoridades comunitarias atribuyen esta subida a «un cambio de retórica» por parte del gobierno de Ankara, que se acerca a elecciones, o las buenas condiciones meteorológicas, que estarían estimulando la utilización de «canales irregulares» de camino a Grecia.

En cuanto a Italia, el informe de situación de la Comisión Europea al que ha tenido acceso este diario indica que el acumulado de inmigrantes documentado este año asciende a 12.107, un 79 por ciento menos que el anterior, cuando en España el flujo ha crecido un 54%, hasta los 10.216 inmigrantes a fecha del pasado 27 de mayo.

Las expectativas son muy pesimistas. «Todas las rutas disminuyen y la nuestra crece», constata una fuente oficial, que expresa su convicción de que este año «va a superarse, desgraciadamente» el record de inmigración de todos los tiempos registrado en 2006, el año de la «crisis de los cayucos» en el arhipiélago canario, durante el que se computaron 41.119 llegadas, 39.180 de ellas por mar. Eso supondría casi el doble que en 2017, que rompió todas las barreras, como puede verse en el gráfico adjutno, con 22.414 ingresos ilegales.

El punto más débil

El punto más débil es la escasa distancia que separa el litoral africano del español a través del Estrecho por mar, el medio en el que es más difícil contener el tráfico de personas. Pero por tierra, están las vallas que separan Ceuta y Melilla, donde se da por seguro un redoble de la presión migratoria que ya se está produciendo debido al regreso de los inmigrantes de Mauritania, Senegal, Guinea Conakri, o Sierra Leona a esta ruta española, que años atrás habían abandonado para intentar cruzar a Europa por Libia, un camino mucho menos vigilado. Hasta que se ha convertido en un avispero de terroristas y criminales en el que mejor no adentrarse porque es más fácil encontrar la muerte que el Mediterráneo.

En España crece también la preocupación por la saturación de los países de tránsito -«socios en la lucha contra la inmigración ilegal», recuerdan las fuentes- que están teniendo que hacer frente a flujos humanos importantes e incluso convirtiéndose en países de acogida o destino, con la multiplicación de cargas que ello supone. La referencia es Marruecos y, a distancia, Argelia.