Escuchas del Faisán revelan que ETA decía que el Gobierno «no le tocaría los cojones» en tregua
Papeles del sumario del caso / ABC

Escuchas del Faisán revelan que ETA decía que el Gobierno «no le tocaría los cojones» en tregua

El propietario del bar alardeaba por teléfono y un mes antes del chivazato policial de la invulnerabilidad de la banda terrorista

MELCHOR SÁIZ-PARDO | MADRID
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Los pinchazos telefónicos del «caso Faisán» en la primavera de 2006 revelan que ETA aseguraba tener garantías del Gobierno de que las Fuerzas de Seguridad no iban a actuar contra la banda durante la tregua. Que no iban a «tocar los cojones» (sic) a sus militantes mientras durara el alto el fuego. Una de las conversaciones grabadas al cabecilla de una de las redes de extorsión de ETA, Joseba Elosúa, días antes de que un chivatazo policial le alertara de la inminente operación contra el impuesto revolucionario y diera al traste con la redada, desvela que el recaudador consideraba el nombramiento del «blando» Alfredo Pérez Rubalcaba como parte de un acuerdo con el Ejecutivo para el afianzamiento del proceso de paz, en el que, siempre según el etarra, entraría la excarcelación de presos de la banda en una supuesta amnistía.

La transcripción de la conversación, a la que ha tenido acceso Colpisa, figura en el tronco central del sumario secreto que instruye el juez Baltasar Garzón y que incluye una pieza separada por el chivatazo en la que están imputadas tres personas por colaboración con banda armada y revelación de secretos oficiales, entre ellas el ex director general de la Policía Víctor García Hidalgo.

La conversación está fechada a las 14:01 minutos del 7 de abril de 2006, es decir 27 días antes de que presuntamente un desconocido pasara a Elosúa un móvil desde el que le avisó de que era vigilado y debía cesar sus labores de recaudación para «no joder la negociación». ETA había anunciado un alto el fuego permanente sólo dos semanas antes, el 22 de marzo.

El que llama es el propio Elosúa desde el teléfono de su establecimiento, el «bar Faisán» de Irún, uno de los centros de cobro del chantaje terrorista. Ese terminal estaba pinchado desde hacía meses. El etarra y tabernero telefonea a un interlocutor que los informes policiales identifican sólo como «Julen». Elosúa parece excitado. Acaba de oír las primeras informaciones sobre la remodelación del Gobierno y la salida del Ministerio del Interior de José Antonio Alonso, cartera que va a pasar a dirigir Alfredo Pérez Rubalcaba. El extorsionador no duda de que esa crisis de Gobierno es parte de un supuesto acuerdo al que se ha llegado con ETA para afianzar el proceso de paz.

«Ya sabes que aquí hay movida, ¿no?», pregunta Elosúa a su interlocutor. «El ministro Bono lo ha dejado, lo ha dejado o lo han quitado», le explica a «Julen», quien no parece haber oído las noticias esa mañana. «Y el ministro del Interior de antes ha pasado. Ahora (en) el Ministerio del Interior está Rubi...Ruicaba...Ruvicalva».

«Eso es bueno»

El nerviosismo de Elosúa ante las noticias que llegan de Madrid es patente. Ni siquiera es capaz de pronunciar el nombre del ministro. Una vez que su amigo le da el apellido correcto, el jefe de los recaudadores sentencia sobre Pérez Rubalcaba: «Ése, ése ya sabes que es blando». Acto seguido el dueño del bar Faisán da su opinión sobre el nombramiento del nuevo ministro. «Eso es bueno, tú». Y es ahí donde da entender que había un acuerdo con los interlocutores del Gobierno, según los propios investigadores. El nombramiento es «algo de lo que se habló» en esos supuestos contactos, apunta el terrorista. El tal «Julen» también lo interpreta en esa clave. «Coño, coño, coño, sí», coincide el interlocutor.

El recaudador se muestra exultante tras la designación de Alfredo Pérez Rubalcaba y el aparente rumbo del proceso negociador. «Esto va adelante, va adelante», se felicita el cabecilla de la extorsión, que incluso se atreve a vaticinar -siempre en clave porque sospecha que su teléfono pueda estar pinchado- la inminente excarcelación de los presos de la banda. «Y parece que van a salir nuestros amigos... de dentro», asegura. En ese punto, «Julen» no parece tan convencido. «Bueno, bueno, bueno», tranquiliza el desconocido.

Ese desconocido es el que, siempre en clave, inquiere a Elosúa por instrucciones a los miembros de ETA. «Julen» pregunta qué va a pasar ahora con «la familia», denominación que, según los expertos de los servicios de Información, el grupo de recaudadores usaba para referirse a la banda. En ese punto, el etarra-tabernero no tiene dudas del mensaje que «Julen» debe transmitir a ETA: «A la familia dile (que) tranquilos y que ahora, desde luego, no les van a tocar los cojones».

Elosúa, que parece jactarse de conocer entresijos de la negociación en ciernes con el Ejecutivo, se muestra especialmente optimista sobre el rumbo de esos contactos y habla incluso de una amnistía (amistad, en el argot terrorista) a los presos. «Y bueno tú, pediremos la amistad y si es... un poco posible y pueden darlo lo dan y listo. Y ya está».

Según habla, el propio recaudador etarra se da cuenta de que su trabajo de cobro del impuesto revolucionario puede entorpecer el proceso (como luego le avisaría el chivatazo policial). Elosúa, incluso, apuesta motu proprio por suspender el cobro hasta que se aclare el panorama. Y, sobre todo, espera escuchar qué mensajes se lanzan en el Aberri Eguna (Día de la Patria Vasca) que se iba a celebrar nueve días después, el 16 de abril. «Igual tenemos que dejar pasar la semana que viene, pasar el Aberri Eguna, y luego poco a poco retomar los trabajos».

Pasaje enigmático

Esta conversación incluye un pasaje enigmático, que los investigadores no han logrado desentrañar y que parece apuntar a que Elosúa, antes del chivatazo de mayo, ya había recibido algún tipo de comunicación relacionada con todo ese clima de tregua. En un momento dado, el recaudador insta a su interlocutor a «llamar» a «el otro» y al que el dueño del bar Faisán identifica como el «que me dio a mí la nota esa».

Joseba Elosúa, de 75 años, fue finalmente detenido el 20 de junio de 2006 en Santa Pola (Alicante), aunque su arresto estaba previsto para el 4 de mayo. Aquella operación se frustró y terminó posponiéndose un mes y medio porque Elosúa recibió el chivatazo policial ese mismo día.