Emilio Muñoz, tras ser condenado por el asesinato de Anabel Segura
Emilio Muñoz, tras ser condenado por el asesinato de Anabel Segura - EFE

Del crimen de Alcàsser al asesinato de Anabel Segura: condenas más cortas que las que dictó un juez

El caso Diana Quer ha recrudecido el debate sobre la derogación de la prisión permanente revisable, pero no es el único resquicio legal por el que asesinos o violadores han salido antes de tiempo de la cárcel

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El asesinato de Diana Quer ha reabierto el debate sobre si la prisión permanente revisable, o lo que es lo mismo que los reos no cumplan la totalidad de su condena, es útil. La pena, que fue aprobada en 2015 bajo la mayoría absoluta del PP, ahora puede ser derogada.

Esta pena privativa, la de mayor gravamen dentro del actual Código Penal del país, se aplica para casos que judicialmente están considerados de extrema gravedad. Contempla que, una vez cumplida una parte de la condena, un tribunal pueda valorar si el condenado está en condiciones de obtener la libertad o, si por el contrario, permanece en prisión. Eso sí, con la obligación de establecer un nuevo plazo para estudiar de nuevo su situación.

Adiós a la doctrina Parot

La prisión permanente revisable no es el único resquicio legal que ha permitido a una persona abandonar la cárcel disminuyendo su condena. La derogación de la doctrina Parot, cuyo objetivo era que la redención de penas fuera sobre la totalidad de años impuestos y no sobre el máximo que recogía la ley (según el artículo 76 del Código Penal 30 años hasta 2003; 40 desde entonces), permitió a etarras y violadores obtener la libertad.

Miguel Ricart, el asesino de las niñas de Alcàsser, fue condenado en 1997 a 170 años de prisión por el secuestro, la violación y el asesinato de Miriam García, Toñi Gómez y Desirée Hernández. Las jóvenes, de 14 y 15 años, desaparecieron en noviembre de 1992. Apenas un par de meses después, en enero de 1993, sus cuerpos aparecieron en el paraje de La Romana. Tras la derogación de la doctrina Parot, Ricart, alias El Rubio, fue puesto en libertad en 2013, 21 años después de su ingreso en la cárcel. Su cómplice, y la persona considerada el autor material del crimen, Antonio Anglés, ya había pisado prisión en 1990 por otro delito y en marzo de 1992 aprovechó un permiso para escapar. Desde entonces, y a pesar de las redadas tras los crímenes de Alcasser, se encuentra en paradero desconocido.

El asesinato de Anabel Segura también conmocionó al país en 1993. La joven fue secuestrada el 12 de abril cuando salía de su casa para correr. Emilio Muñoz Guadix y su cómplice Cándido Ortiz planearon raptar a la primera chica que vieran por la calle para, después, pedir un rescate y así mejorar su situación económica. Dos días después de la captura comenzaron las llamadas a la familia, que reclamó pruebas de que Anabel estaba viva. La mujer de Emilio Muñoz fue la encargada de grabar la llamada que dio esperanza a los padres y hermana de la joven. Tras esto, hubo dos citas para la entrega del dinero, pero los secuestradores no aparecieron. Finalmente, la esperanza se apagó en 1995 cuando Emilio Muñoz Guadix y su mujer fueron detenidos y las pesquisas resolvieron que Anabel Segura murió a las pocas horas de su secuestro. El cuerpo apareció en una fábrica de cerámica abandonada en la carretera hacia Numancia de la Sagra (Toledo). Emilio Muñoz Guadix fue condenado a 43 años de cárcel y cumplió 18. En 2013 obtuvo la libertad tras la derogación de la doctrina Parot.

Juan Manuel Valentín Tejero también salió de prisión por la desaparición de la doctrina Parot. El asesino de Olga Sangrador, una niña de nueve años de Villalón de Campos (Valladolid), fue condenado en 1992 a 50 años de cárcel por el rapto, violación y asesinato de la pequeña. En 2013 fue puesto en libertad, tras cumplir 21 años de la pena. Cuatro años después de su liberación, reincidió y volvió a la cárcel por abusos a una menor. No fue el único reincidente liberado al desaparecer la doctrina Parot que volvió a ser encarcelado. Pedro Luis Gallego, más conocido como el «violador del ascensor», fue condenado a 273 años por asesinar a Marta Obregón en enero de 1992 y a Leticia Lebrato en julio del mismo año. También se le imputaron otras 18 agresiones sexuales y violaciones. En 2013 fue puesto en libertad, y en junio de 2017 fue detenido acusado de ser el presunto autor de dos violaciones y otras dos en grado de tentativa.

El «crimen del rol»

Javier Rosado fue el cerebro del «crimen del rol». Rosado ideó su propio juego de rol y en la madrugada del 30 de abril de 1994, junto a su amigo Félix Martínez, lo pusieron en marcha. «Razas», así se llamaba el juego, buscaba emular a Hitler en su intento de «mejorar la especie». Ataviados con guantes de látex y con varios cuchillos eligieron una víctima al azar: Carlos Moreno, de 52 años, bautizado «Benito» por ambos jóvenes, a quien torturaron para después terminar matando. «Es espantoso lo que tarda en morir un idiota», escribió Rosado, estudiante de Química en la fecha del asesinato, en un diario personal en el que detallaba cómo fue el crimen.

Rosado fue condenado a 42 años de cárcel en febrero de 1997 y, tras estudiar cuatro carreras desde su celda, fue puesto en libertad en marzo de 2008 después de que la Audiencia de Madrid le otorgase el tercer grado.